UNA CERVANTINA APASIONADA DE LA ACADEMIA ECUATORIANA DE LA LENGUA

Entregado: 30-05-2015 / Aprobado: 15-06-2015

Por José Miguel Cabrera Kozisek

Licenciado en Comunicación Social con mención en Diseño Gráfico, periodista Profesional con mención en Cultura, profesor de Periodismo de la UCG, editor asociado de GKillCity.com, asistente de edición en Ventanales-UCG, ex reportero de Cultura de diario El Telégrafo

No hay un camino prefijado hacia la Academia Ecuatoriana de la Lengua (AEL). Para eso, no se cumplen los requisitos de una hoja: se crea una trayectoria de trabajar con la palabra. Se habla –y se escribe– bien; se le dedica la vida a pensar el idioma, a promover la lectura y el uso correcto del lenguaje, y a entender sus cambios. Así fue como Cecilia Ansaldo Briones, crítica literaria guayaquileña, fue invitada a formar parte de la institución que se dedica a pensar en cómo Ecuador habla el español. El 4 de marzo de 2015, Ansaldo ingresó oficialmente a la Academia con una ceremonia de incorporación celebrada en el auditorio de la Universidad Casa Grande, lugar que se ha convertido en una de sus casas de enseñanza.

Figuras como Rodrigo Borja Cevallos, expresidente de la república y autor de la Enciclopedia de la Política; el historiador de la literatura Hernán Rodríguez Castelo, o José María Velasco Ibarra, recordado por su capacidad oral y por ganar cinco elecciones presidenciales, son o han sido parte de la Academia, que hoy dirige la poeta y catedrática Susana Cordero.

Actualmente, la AEL trabaja en la elaboración del Diccionario Académico del Habla Ecuatoriana (DAHE). “Me he trazado un pequeño programa para colaborar con esa investigación eminentemente lexicográfica”, explica Ansaldo, crítica literaria y catedrática universitaria guayaquileña que dirige la Feria Internacional del Libro (FIL) organizada por la M.I. Municipalidad de Guayaquil. En una de sus cátedras en la Universidad Católica de Guayaquil (UCSG) –donde enseña literatura ecuatoriana del siglo XX–, ha creado equipos con estudiantes para agregar un nuevo punto de vista a las lecturas: además del nivel analítico, social e histórico, este ejercicio incluye un punto de vista lexicográfico, que repara en los aportes del habla local, para definir la forma en que hablan los ecuatorianos, o cómo los autores escribieron, por ejemplo, los de la Generación del 30 el español de su época, para buscar palabras y frases que puedan identificarse como usos de los ecuatorianos. “Estoy un poco ilusionada, es una mirada especial”, dice Ansaldo, que explica que la contemplación lexicográfica no se moviliza con cualquier libro.

Bautizada por un diario guayaquileño como “la antóloga de las letras porteñas”, Ansaldo ha publicado cuatro antologías de narrativa breve del Ecuador. La más antigua, Antología del cuento ecuatoriano, la publicó con la UCSG en 1993. Más adelante, con Planeta, lanzó Cuentan las mujeres, que recogió toda la producción en cuento de escritoras ecuatorianas, algunas de ellas olvidadas, como Nela Martínez, recordada por su faceta política, una mujer combativa que fue la primera de su género en llegar al Congreso, “pero nadie dice que fue escritora”, apunta Cecilia. También publicó una selección de cuentos para adolescentes bajo el sello Santillana y una antología de escritores guayaquileños, a pedido de la M.I. Municipalidad de Guayaquil. Su última publicación es Redacción para todos (2005), un manual de escritura que escribió producto de sus años de enseñanza en sus dos áreas de trabajo: la lengua española y la literatura. El libro se ha convertido en su herramienta de trabajo en clases.

Y aunque le ha dedicado su vida al uso correcto del español, es de esas personas que acepta que el castellano es, al fin y al cabo, una lengua viva. “No soy ciega, estoy cerca de la juventud, veo las innovaciones, las libertades del periodismo. Palabras como ‘bizarro’, hace diez años me alarmaba y la combatía. Hoy la acepto y la uso porque no cierro las puertas a la novedad”. Lo que sí combate es el uso excesivo de los anglicismos.

Antiformal confesa, Cecilia se presentó a ese rito solemne, que es la ceremonia de incorporación de la Academia de la Lengua, con un discurso que aborda la contribución literaria femenina. ”Finjamos que soy feliz”: Recado de Sor Juana a Juan León Mera, es un ensayo sobre la lectura que en 1837 hace el poeta ecuatoriano sobre la obra de la poeta y monja mexicana del siglo XVII. Mal llamada “feminista” –las feministas existen desde que hay feminismo, aclara Cecilia–, Sor Juana “es una mujer que escribe precisamente porque está limitada por las condiciones de su sexo”. Cecilia escogió para el día de su nombramiento como parte de la AEL un texto que se plantea si el enfoque clave de la mirada de Mera es la literatura femenina, en un ensayo que la revela como es: una lectora crítica que tiene a la perspectiva de género como una línea de reflexión preferente.

“Finjamos que soy feliz”: Recado de Sor Juana a Juan León Mera

La poesía de Sor Juana lo atrae poderosamente, pero cree que en su caso “el sexo sirvió en cierta manera a las letras, no éstas al sexo”. […] Mera lee los poemas desde un simplismo que solo puede atribuirse a su época. Me corrijo: soy injusta si digo simplismo. Pero las cosas en la vida no son claramente duales: la lucha cuerpo-espíritu o libertad versus encerramiento. Poeta que escribe sobre amor tiene que haber amado […]; y como Sor Juana ingresó al convento a los 21 años […], no le queda más a Mera que deducir intensos romances juveniles, decepciones precoces, dolores de abandono y ausencia. Pero eso sí, está convencido de que no ingresó al convento por devoción o vocación religiosa porque “el ascetismo no es para todos” y la elocuencia lírica de Sor Juana no va dirigida precisamente hacia el cielo y sus consuelos.

Entonces se pregunta Mera, ¿de dónde tanto verso encendido, tanta palabra consagratoria de los juegos activos y destructores del amor? Y se responde, de la experiencia porque, he aquí lo grave: “la naturaleza moral de las mujeres es la misma” y sostiene que ya sea Safo, Eloisa o esa voz que se despeña por los desbarrancaderos de la pasión, que es y no es Sor Juana al mismo tiempo, respondan a una idéntica “naturaleza moral” que comprendo como la “esencia femenina”, ese imponderable que la tradición extrae de fisiología y designios divinos y a la que se ha dado la responsabilidad de sostener el mundo desde el ámbito doméstico.

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