SINTOMATIZAR LA CALIDAD EN LA EDUCACIÓN

Entregado: 01-05-2016 / Aprobado: 05-05-2016



Sintomatizar la calidad en educación

Por Juan de Althaus

La calidad es una categoría muy extensa, con múltiples significados. El diccionario de la Real Academia de la Lengua (RAE) la define como “Propiedad o conjunto de propiedades inherentes a una cosa que permiten apreciarla como igual, mejor o peor que las restantes de su especie”. Esto implica determinar los elementos únicos e indivisibles de un conjunto que es nombrado.

En cuanto al origen etimológico, en la antigüedad griega, Platón inventó la palabra ‘poiotes’, como instrumento para nombrar las propiedades de algo. Aristóteles añade que la calidad se remite al “cuidado del alma” (lugar vacío sobre el que se puede producir algo) mediante un saber o hacer virtuoso.

La sustancia es lo que hay, según Aristóteles, y es el sujeto que le asigna valores supuestos para distinguir las diferentes sustancias. Decimos así, por ejemplo, que determinado músico es un ‘virtuoso’ del violín, porque lo toca muy bien. También se habla de la calidad del instrumento musical, que debe cumplir con determinadas propiedades, y está clasificado en un campo (instrumento de cuerdas). Posteriormente, Cicerón de Roma, traduce el término platónico como ‘qualitas’, que es la raíz latina de calidad.

En oposición, la cantidad es un rasgo de homogeneidad. Varios discursos actuales acentúan la cantidad, es decir, la estandarización, en detrimento de la calidad y de la particularidad institucional. Todo objeto implica una unidad determinada de calidad y cantidad, que se le denomina medida (¿en qué medida es un virtuoso del violín?). Si se rompe la relación entre ambos, sucede una transformación de lo cuantitativo a cualitativo (una medida insuficiente de limón en un ceviche lo transforma en otro plato).

Estas variables cualitativas varían de acuerdo a las coordenadas de tiempo y espacio. Hoy la UNESCO sintetiza la experiencia mundial verificando el funcionamiento de enfoques múltiples, supuestamente complementarios, basados en tres ejes de calidad: uno centrado en el alumno, otro en los aportes-proceso-resultados, y el tercero en la interacción social multidimensional.

Las reformas a la educación superior en el país enfatizan los dos últimos. Se ha intentado introducir los parámetros de los Acuerdos de Boloña europeos de 1999 sin consensuarlos con los actores del sistema universitario. Tal tarea es todavía una deuda pendiente, porque de lo contrario el efecto es una infantilización de las comunidades universitarias, de las que el estado desconfía superlativamente y las considera incapaces de ejercer su responsabilidad educativa sin su tutela. De allí el control excesivo que restringe la autonomía a un mínimo de operatividad.

Esta impostura del estado desconoce la acción de educar como un imposible, tal como lo señalaba Sigmund Freud. La educación se da alrededor de un vacío, operación que siempre deja un resto inasimilable. En el vínculo educativo, tanto en el docente como el estudiante, se presentan acontecimientos y contingencias que no se logran gobernar. Sin embargo, la base es el deseo de enseñar y aprender, teniendo en cuenta que cada nuevo aprendizaje es reprimido, se olvida, de tal manera que lo que queda es el deseo de proseguir, porque siempre falta algo.

Resulta una contradicción la exigencia de un régimen universitario que busca el desarrollo de la ciencia, cuando esta demanda interroga el saber ya existente para producir uno nuevo. La transmisión a secas de un todo-saber burocrático que domina en la cultura queda de entrada trastocada por la ciencia, y cualquier intento de congelarlo al modo de un sistema queda seriamente alterado.

Hay que transmitir conocimientos, sin duda. Pero, ¿qué más? En un mundo líquido, desordenado, acelerado, de hipergoce, los sujetos de las nuevas generaciones se ven forzados a construirse un lugar propio. Una salida posible a la calidad múltiple es la oferta académica de un ‘saber hacer’ con un campo que siempre se escapa de las manos, que es incompleto. Este arte del saber hacer implica siempre un cuestionamiento para inventar algo nuevo, diferente. Por lo tanto, es deseable atemperar la posición de todo-saber del docente, y más aún de los organismos controladores del sistema universitario.

Las coordenadas políticas no permiten hoy en día una transformación del sistema de máximo control. No hacer el juego no implica negar saber participar en el juego desde los propios deseos. Unos temas son utilizables, otros negociables. Siempre cabe decir algo, por aquí y por allá, de tal manera de ir incidiendo en el tiempo al estilo del ‘efecto mariposa’. La aceptación forzada no necesariamente debe entenderse como sometimiento.

El ‘aseguramiento de la calidad’ –factor poco definido y cuestionable– pone el acento en el primer significante, por eso ese orden. Esto conlleva al diseño de infinitas matrices estadísticas que hay que cumplir a como dé lugar, lo cual en conjunto produce una serie de malestares que implican respuestas de toda índole bajo la forma de síntomas, tanto de parte de los sujetos particulares de la comunidad universitaria, como la aparición de identificaciones sintomáticas institucionales.

Siempre está abierta la posibilidad del tratamiento clínico del síntoma del uno por uno, aunque también puede abordarse en el campo epistémico mediante la conversación de grupos de docentes que se interroguen sobre los síntomas educativos.

Un primer acontecimiento del síntoma es el sentimiento de que algo anda mal y la enunciación de la queja. Se puede decidir pasar a un tiempo largo de comprensión de qué está pasando, a través del debate organizado, para luego al final llegar a conclusiones que orienten una nueva política educativa. Responsabilizarse del malestar implica ir más allá de la simple queja y elaborar propuestas fundamentadas que permitan un vínculo educativo diferente. De esta manera se puede ir construyendo una especie de ‘síntoma educativo’, como una mina de oro de la cual extraer el material para la elaboración de nuevas invenciones en el campo del arte de la enseñanza.

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