ENCONTRAR UN PUNTO MEDIO

Entregado: 01-06-2016 / Aprobado: 02-06-2016



Por Juan de Althaus

Ventanales entrevistó en esta oportunidad a la Mgtr. María Mercedes Zerega, Vice-rectora de la Universidad Casa Grande (UCG), para que los lectores aprecien las opiniones sustentadas de las principales autoridades de la institución.

J.A: ¿Cómo evalúa la situación actual de los cambios en las universidades?

M.M.Z: Prefiero pensar el tema dentro de un contexto más global considerando la acreditación y las demandas de producción científica.  A veces me parece que son circunstancias más mundiales que nacionales las que presionan a las instituciones de educación superior. El gran problema actual tiene que ver con responder a estas demandas, cuando históricamente no se han construido las condiciones. Es como tratar de dar saltos cuando no se han producido procesos sistemáticos.

El gobernante tiene una visión homogénea de la educación superior, cuando en los contextos globales hay diversificación. Hay cambios que son buenos. Se ha unificado una calidad de oferta educativa que antes era muy desbalanceada. Las nuevas leyes introdujeron otros horizontes como la producción científica. Sucede que en la UCG la educación se había concentrado en la forma de enseñar y en formar profesionales. Los temas de vinculación con la comunidad y la contribución a la producción han provenido de la nueva Ley, que no dejan de ser interesantes. Hubo que pensar qué significaba que una universidad incluyera estas exigencias que van más allá de educar profesionales. La apreciación científica exigida se aleja del debate democrático intelectual, aunque ambos pueden marchar juntos.

J.A: ¿Cuál es la diferencia con el rol de la universidad en otras épocas?

M.M.Z: Hay unas discusiones globales muy interesantes. Hay gente que ubica una disminución importante de la presencia de la universidad en la actualidad. Algunos la colocan como espacios de certificación de saberes. Aunque el sistema universitario sea muy cuestionado y su discurso se encuentre en debate, sea en términos de certificación, educación continua o producción científica, todavía tiene mucho que recorrer, incluso en el ámbito regional, si uno se compara con Colombia o Argentina.

Estar a la par de la región implica hacernos muchas preguntas sobre qué queremos como universidad, y creo que todavía nos estamos interrogando poco. Se ha respondido desde cada institución, pero nunca desde la institucionalidad en general. Es ahí donde verdaderamente está el reto. Creo que es difícil mantener una idea sobre algo que esté por fuera de nuestras impresiones globales, porque uno a veces dice, ‘yo quisiera mi propia respuesta’, pero hay unos contextos que presionan, sean políticos o económicos. En el momento en el que el centro de estudios se internacionaliza, ya no es tan fácil sostener lo que uno quiere, y entonces se termina cayendo un poco en el deseo de los otros, sea eso un gobierno o un sistema de acreditación.

J.A: ¿Qué es lo que se quiere en la Universidad Casa Grande?

M.M.Z: No soy la única persona que puede decir lo que realmente se quiere en la UCG. Creo que se plantea desde el inicio la idea de cómo no dejar de ser o hacer las cosas que consideras importantes en el ámbito educativo, investigativo o de pensamiento, en un contexto donde te mandan otras cosas en las que la universidad no cree con tanta firmeza y en otras sí. Es decir, ¿cómo mantener nuestras formas de hacer docencia, que son nuestro sello institucional, considerando estos otros contextos y presiones que provienen del Estado o de los contextos globales? No creo que las instituciones tengan una esencia, pero sí creo que el reto es cómo no perderte en las demandas de otro dejando de lado algo que aquellas consideran importante. Las formas de educar es lo que más se está perdiendo en los contextos globales, pero mucho más en el contexto nacional. No todos los docentes pueden producir ciencia o no les gusta. Es una cuestión de vocación personal que hay que respetar.

Por otro lado, para la universidad es un reto porque siempre hemos estado preocupados por lo que ocurre en el aula. El contexto legal no lo considera como necesario, es secundario. Es pensar que la certificación del saber del docente ya generaría procesos de aprendizaje, cuando es una combinación. Está bien que nos demanden conocimientos en nuestras áreas, pero también hay que ver la preocupación por la pedagogía y la vocación, más allá de los procesos de certificación.

J.A: ¿La universidad ha logrado mantener ese interés muy particular sobre el vínculo educativo, a pesar de estos contextos?

M.M.Z: Significa mucho trabajo. A veces lo más sencillo es ceder, porque si las cosas vienen codificadas, es fácil tomar una matriz y copiar los sistemas de evaluación estudiantil. Otra cosa es negociar, encontrar un punto medio, considerando estas exigencias y reglamentaciones, pero que la universidad no pierda el sentido que la caracteriza. Nacimos con una preocupación por la pedagogía, de disfrutar del aprendizaje, con la idea de conectar los saberes con lo que ocurre en la vida real. Eso es algo que nos define como institución educativa.

Un buen docente sigue siéndolo porque logra transferencias en el aula, más allá de si produce o no científicamente. Es difícil hacerlo con otros procesos a su alrededor, pero hay que mantener ese espacio pedagógico. Vamos a ver cómo nos va cuando los contextos globales, donde la educación superior está siendo muy cuestionada, presionen más. Los ámbitos tecnológicos son un reto y cambiarán la universidad tal como la conocemos.

 

DESTACADOS:

  • En el momento en el que el centro de estudios se internacionaliza, ya no es tan fácil sostener lo que uno quiere, y entonces se termina cayendo un poco en el deseo de los otros, sea eso un gobierno o un sistema de acreditación.
  • Las formas de educar es lo que más se está perdiendo en los contextos globales, pero mucho más en el contexto nacional. No todos los docentes pueden producir ciencia o no les gusta. Es una cuestión de vocación personal que hay que respetar.
  • Nacimos con una preocupación por la pedagogía, de disfrutar del aprendizaje, con la idea de conectar los saberes con lo que ocurre en la vida real. Eso es algo que nos define como institución educativa.

 

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