EL MALENTENDIDO TROPICAL

Entregado: 08-04-2016 / Aprobado: 30-04-2016

De cómo ingresé a las #CasasColectivas y salí para contarlo*

Por Fernanda Carrera Toscano

Periodista, profesora del colegio Mundo Contemporáneo y editora de la página web www.inspirasdignidad.com

 

Todos me dijeron que me aleje, que no visite las Casas Colectivas del IESS. Adoro las antiguas viviendas cuencanas, con su patio central rodeado por pasillos que reciben la luz y la muerte tranquila de la tarde y no quise perder la oportunidad de conocer este bien patrimonial de Guayaquil.

 

Desde afuera, sólo se ven dos grandes bloques de cemento, rodeados por la creencia popular de misterios y leyendas de terror: son peligrosas las Colectivas, repetimos siempre. Pude acceder a una maqueta dibujada de la casa que me mostraba los patios centrales y con mi cámara de fotos decidí recorrer sus pasillos interminables de laberinto ciego.

La preocupación ha regresado al espacio: todos hablan de la amenaza de desalojo que pesa sobre sus cabezas.  La representación local del Estado asegura que ya llega, con el fin de recuperar este bien patrimonial para la ciudad.

 ¿Y la gente que vive en las colectivas, llegó de Marte? 

Antes de ingresar a estos edificios, me movía la curiosidad y una razón distinta. Visité las casas colectivas porque soy periodista y trabajo en una organización que intenta ayudar –junto a muchos voluntarios– a las personas para que se respeten sus derechos humanos cuando existe un conflicto.


No somos perfectos, menos infalibles, pero creo que todos tenemos la buena intención de alcanzar la paz en la sociedad, en la medida de nuestras posibilidades.

 

Temía encontrar lo peor al interior de estas viviendas, pero me topé dentro del conjunto habitacional con cuatro patios internos hermosos y una edificación que merece una mejora en su fachada y estructuras. Se trata de la primera casa colectiva de la ciudad y para mí fue un ejercicio para darme cuenta, que la realidad siempre es mucho más compleja que nuestro discurso.

 

Esta experiencia me regresó en el tiempo, a la Universidad.  Al cumplir 18 años, descubrí ahí que la comunicación que yo emitía diariamente, traspasaba los límites del modelo “emisor-mensaje-receptor”.

 

Mi profesor –sí que tenía paciencia–, nos enseñó que la emisión de la propaganda nazi con sus documentales sobre niños rubios y mujeres sonrientes al Führer –que contrastan con los graciosos pero terroríficos relatos de Brecht en Miserias del tercer Reich–, inspiraron la ‘Teoría de la bala mágica’. Algunos autores consideraron que los alemanes creyeron toda la propaganda nazi, gracias a una gran acción comunicativa maquiavélicamente bien elaborada por parte de los emisores de dichos mensajes.

 

Sin embargo, las condiciones sociales y los referentes que tenemos en nuestras cabezas al momento de de-codificar un mensaje, tienen un papel fundamental en nuestro rechazo, aceptación e incluso, comprensión del mismo. Somos únicos e irrepetibles y difícilmente vamos a comprender un mensaje de forma idéntica. 

 

¿Recuerdan cuando en la infancia jugábamos al teléfono y el mensaje de “tienes cara de muñeco” terminaba convertido en el sexto receptor en “Chucky, el muñeco diabólico”?

 

De regreso a Hitler, a ese juego del teléfono entre la propaganda y las audiencias votantes, Alemania, hundida en la desgracia por sus pérdidas bélicas, afectada por cambios económicos y derrotas en su orgullo de nación, se vio enfrentada a un régimen que apelaba a las diferencias para segregar, proponer el odio como mensaje y así generar identificaciones, generando además ciertos cambios en la política económica. 

 

La comunicación genera identificaciones y las audiencias realizan mediaciones con los mensajes. A pesar de la propaganda, muchos ciudadanos escondieron y apoyaron a los judíos, salvándolos de una muerte segura. Otros, quizás no lo hicieron por miedo a enfrentar una detención en una sociedad que Brecht retrata como el espacio idóneo para los delatores, soplones y traidores.

 

Yo pensaba que las colectivas eran un lugar peligroso, porque así me lo habían comentado, sin embargo, ahí descubrí familias que cuidan y mantienen sus viviendas en perfecto estado, trabajan y se parecen mucho a ustedes y a mí.

 
Ellos no niegan la existencia de una posible deuda, pero le piden a la Gobernación que se realice un convenio de pago para saldar lo que deben y no perder sus casas.

 

Las Casas Colectivas se encuentran rodeadas por un discurso que aplana el todo por una parte. Desde nuestra pequeña oficina de Derechos Humanos, nos unimos al pedido de estas mujeres, hombres y niños que viven con sus animales y quieren ser escuchados, llegar a un acuerdo, mejorar la estructura y fachada de la casas, y alcanzar así algo que nos une a todos: el anhelo porque la cultura de paz sea una realidad entre nosotros.

 

*Publicado en: http://malentendidotropical.blogspot.com/2016/04/que-alce-la-mano-el-primer-progre-que.html

 

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