REFLEXIONAR SOBRE LAS ESTRUCTURAS DE APRENDIZAJE

Entregado: 30/05/2014 Aprobado: 12/06/2014

Entrevista a Cristóbal Cobo*

En la segunda semana de abril del año 2014, se realizó en la UCG un evento nacional organizado por el Consejo de Educación Superior (CES), en el que se dictaron conferencias y se implementaron talleres conducidos por dos pedagogos internacionales, el español Cristóbal Cobo y el norteamericano John Moravec. Ventanales consideró que sus aportes eran muy valiosos para la educación, como el concepto de “aprendizaje invisible”, por lo cual entrevistó a Cristóbal Cobo. A continuación, las preguntas y respuestas.

 

J.A: ¿Cuál es la idea central de su propuesta?

C.C: Es invitar a reflexionar sobre las estructuras organizacionales, de enseñanza y aprendizaje, y cómo estas estructuras están llamadas a repensar de alguna manera los fundamentos más básicos como la generación y creación de conocimiento.

J.A: ¿Ha determinado las estructuras más convenientes?

C.C: El problema de las estructuras más convenientes es que son tremendamente versátiles, por lo tanto, son más difíciles de definir. Son estructuras más reticulares, con jerarquías menos definidas y tremendamente adaptables. Creo que en alguna medida se redefinen, o por lo menos, coexisten.

J.A: ¿Eso depende del caso, del momento, del lugar?

C.C: Ciertamente. En distintos contextos hay distintas prioridades, pero al mismo tiempo, las instituciones tradicionales, que teóricamente podrían ser más resistentes, como las iglesias, los ejércitos y las universidades, hoy día también están convocadas a estos cambios. Diría que, en alguna una medida, es transversal, pero no es una misma talla para todas.

J.A: ¿Cuál cree que ha sido el efecto de estos rápidos cambios tecnológicos en las nuevas generaciones, en lo que se refiere al aprendizaje?

C.C: Las tecnologías han traído mucho ruido en estos procesos de cambio, provocando enormes expectativas, que a veces se cumplen y otras no. Ruido en términos de que los niños son muy diestros y que la ubicuidad hace que la universidad no sirva para nada, que los títulos profesionales ya no existan. Es evidente que el valor del conocimiento se ha reconfigurado porque se renueva y es posible remezclarlo.

J.A: Usted se refirió al tsunami interminable de información que dificulta la enseñanza. Que las personas deben ubicarse un poco, puedan discriminar, priorizar u organizar, de acuerdo a sus intereses. ¿Se podría trabajar este proceso?

C.C: No creo que esto sea un tema exclusivo de internet. Cuando apareció la televisión se pasó por lo mismo, y antes desde la imprenta, pasando por la radio. Hoy en día, el volumen es ciertamente mayor. El desafío está en administrar nuestro tiempo, en la capacidad de atención, que es escaso.

J.A: En el caso de una persona que está inserta en un continuo de aprendizaje invisible, ¿qué dificultades ha encontrado ahí en la formación de los estudiantes a nivel universitario?

C.C: Lo que más se plantea es la obsolescencia, de no afinar la escucha a las personas correctas, en los momentos indicados, de quedar excluido. Pero el desafío es más complejo, porque también es conveniente olvidar, sobre todo en una sociedad que tiene pánico a quedarse fuera. No podemos ser todólogos. Aprender a desconectarse es tan importante como aprender a conectarse. Es decir, dedicar tiempo a conversar con los amigos, los colegas o la familia, que también constituyen fuerzas maravillosas de aprendizaje.

J.A: El rompimiento de paradigmas, de la normatividad clásica, con la rapidez en la oferta de todo tipo de productos tecnológicos de consumo, se podría pensar que el sujeto anda un poco perdido. Sin embargo, ¿hay algo muy propio de cada uno que pueda trabajarse en este contexto?

C.C: Si bien estamos todos conectados, unos están más que otros; hay unos que proveen conectividad y otros que la consumen. Esta brecha digital es tremendamente desigual, en todo sentido. En la globalización, el norte pone la agenda, y ahí nos queda muchísimo por hacer. A la hora de pensar en instituciones educativas, hay que ponerle más valor a lo local y escaparse de esta obsesión por los estándares y los rankings. Tener en cuenta en dónde un profesional puede generar un valor agregado en su propia comunidad.

J.A: ¿Qué piensa del copy and paste en las tesis y otros documentos académicos?

C.C: Ya existen herramientas como los motores de búsqueda que las universidades tienen que adquirir para evitarlo, pero la solución de fondo es hacer preguntas que no están en internet y eso es mucho más complicado, porque implica una capacidad de ir más allá de la información.

J.A: ¿Se trataría de una posición ética global? ¿Cómo se la plantearía?

C.C: Pekka Himanen es un autor que escribió un libro con Manuel Castells que hablaba de la ética de algunas comunidades hacker que desarrollan un software libre. Ellos muestran, por ejemplo, cómo la Agencia Americana de los Estados Unidos estaba vigilando información de otros. Tienen un componente ético desde la participación ciudadana, plantean compartir el conocimiento y citar la fuente. Esta ética hacker aplica perfectamente a la academia. Lo que pasa es que, a veces, en la academia, tenemos resistencia a compartir los materiales por temor al robo de información y conocimiento.

J.A: Si en la academia se tiene un sistema bastante reglamentado y controlado ¿Cómo se podría producir nuevo conocimiento?

C.C: Actualmente, hay una absoluta esquizofrenia. Estamos hablando de apertura, de compartir conocimiento, contextos, pero tenemos instituciones educativas que están obsesionadas con la medición, con los rankings y los indicadores. No es que eso esté mal, lo que está mal es que ese sea el norte. La esquizofrenia está en que el mundo está girando hacia otro lado. Los empleadores se quejan de que los perfiles del egresado no responden para nada a sus parámetros, y la estructura educativa sigue funcionando en un claustro donde unos pocos responden a unos pocos, y ellos definen las directrices.

J.A: En esas condiciones, ¿de qué manera los estudiantes pueden ser formados en la innovación y en la creatividad?

C.C: Yo soy un convencido del Aprendizaje Basado en Problemas. Creo que la sociedad tiene suficientes problemas como para desentendernos, y encararlos es un súper acelerador de procesos de aprendizaje. La relación sociedad-universidad se puede estrechar muchísimo más. Sí podemos traer muchos de esos problemas al aula, a los centros de investigación y laboratorios; hacer prototipos, testear, probar y ver.

J.A: ¿Qué se podría hacer con aquel estudiante que no quiere aprender o con aquel profesor que no quiere modificar sus paradigmas de educación?

C.C: Le preguntaría si no quiere aprender lo que el profesor le enseña o no quiere aprender nada, porque hay dos tipos de aprendizaje: el curricular y el de afuera, en la calle. El que no quiere aprender del currículum, pero tiene interés afuera, merece mis respetos, porque está lleno de talentos que no empataron con el sistema y están afuera siendo exitosos a su medida, a lo mejor, sin un título. Es sólo falta de tolerancia y flexibilidad.

Los sistemas como Silicon Valley, que no son un modelo, son interesantes porque a la gente se la reconoce por el talento, como a Bill Gates, Mark Zuckerberg y otros. Ellos nunca terminaron la universidad.

Ahora bien, el profesor que no se quiere adaptar, no le hace un buen favor a los estudiantes, aunque nadie es suficientemente adaptable. En general, nadie tiene tanta resistencia a las tecnologías, pero a lo mejor pueden ser más adaptables en términos de contenido. Estos temas se abordan de manera más consistente con comunidades de práctica más cohesionadas, con académicos que no digan siempre lo buenos que son, sino que practiquen la micro-transferencia de habilidades.

J.A: ¿Qué evaluación hace de este taller que está conduciendo en Guayaquil?

C.C: La experiencia ha sido buenísima, porque los participantes tienen enormes ganas de aprender y de discutir, en el sentido crítico, desde una perspectiva de contextualizar y ponderar. Estamos muy entusiasmados porque muchos de estos temas luego van a empapar las discusiones en sus propios contextos, que a lo mejor podrán, en alguna medida, contribuir a discursos que ya están o que están dando otras personas y qué tipo de salidas pueden tener al final.

 

*Entrevista realizada por Juan de Althaus el15 de abril de 2014

 

 

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