LO MÁS IMPORTANTE ES LA SOLIDARIDAD

Entregado: 10-06-2016 / Aprobado: 12-06-2016

Entrevista a Juanita Vásquez de la UNICEF

Por Juan de Althaus

Juanita Vásquez fue convocada por la Dirección de Vinculación y Responsabilidad Social de la Universidad Casa Grande (UCG) en el marco del plan de actividades,  para aportar a la solución de los problemas causados por el sismo del 16 de abril del año en curso. Ella es PhD en Psicología Social, ha trabajado 25 años en El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

J.A: ¿Cuál es su experiencia en casos de desastres?

J.V: Soy de Guayaquil y he trabajado en varias áreas de algunos países con conflictos, o que han estado en transición política. La UNICEF desarrolla programas para resolver una emergencia vinculada a la protección del derecho de los niños. Mi trabajo empezó como oficial de emergencia en 1988 durante cinco años, luego fui coordinadora de programas en Honduras y representante adjunta de UNICEF. Mi primera experiencia con urgencias fue en el terremoto de El Salvador en 1986. El sismo sorprendió a todas las estructuras sociales, en las que los miedos y la crisis pusieron en evidencia que el país no estaba preparado para una emergencia de esta naturaleza.

La primera medida fue comprobar el estado del personal de la institución. Posteriormente, nos volcamos a resolver la emergencia con las organizaciones aliadas del país. En ese momento se dispuso un plan de acción ante la emergencia, sin importar el campo en el que se estuviera laborando. Nuestra capacidad era muy limitada, solo cinco personas. Un año antes, con la representante de México, pudimos hacer un programa de respuesta con la Cruz Roja de El Salvador. Distribuimos tabletas para potabilizar el agua, capacitamos a voluntarios de la Cruz Roja y ayudamos al Ministerio de Educación para que los niños puedan volver a la escuela. Esta acción fue pequeña en comparación a la magnitud del desastre, pero fue grande con relación a la organización instalada de ese entonces.

J.A: ¿En este momento usted está haciendo alguna labor relacionada al terremoto aquí en Ecuador?

No estoy vinculada directamente, la Universidad casa Grande me llamó para ayudarles a apoyar su plan, de acuerdo al mandato que tienen. La Facultad de Ecología Humana está interesada en capacitarse en el área psicosocial para responder ante esta crisis, y la universidad va a traer dos especialistas chilenas que capacitarán al personal de la misma universidad y a sus aliados estratégicos, para ayudar a los niños y comunidades afectadas por este desastre.

J.A: ¿Cuáles son las acciones centrales para la población infantil durante la emergencia?

Yo creo que en un desastre, la principal acción es velar por el bien de los derechos de los niños, ya que son los que más sufren y la crisis provoca cambios en sus emociones. Hay que buscar restablecer su condición normal, porque cuando se da un terremoto, ocurre la separación familiar y las pérdidas materiales. Buscamos restaurar el ámbito social en el que se desenvolvía, como es su familia, escuela y barrio. La manera de hacerlo es a través del juego e integración en actividades comunitarias. La UNICEF tiene otros programas de ayuda como el El retorno a la alegría, para ayudar a los niños a experimentar la tranquilidad y confianza en su familia.

La recuperación se basa en volver al estado normal psicológico, dependiendo de los traumas que se hayan dado. No es lo mismo que un niño se asuste por el terremoto, sin que haya pasado nada en su casa, a otro niño que sintió el sismo pero que perdió su casa y parte de sus familiares. En este último caso va a un albergue en un ambiente temporal, con apoyo psicológico.

La experiencia más importante para mí fue en Birmania. En mayo de 2008 hubo un ciclón con vientos de 130Km/h, acompañado de una ola de nueve metros de altura que arrasó toda la costa. Según las estadísticas, murieron 80 mil personas y desaparecieron más de 30 mil. Arrasó con comunidades enteras en la parte sur occidental, con las ciudades completamente destruidas; se perdió el medio de trabajo que eran la pesca y los cultivos; escuelas destruidas.

A pesar de ello, lo que más me sorprende es la capacidad de resiliencia que tienen las personas, como lo que vi aquí en Ecuador, ya que buscan restablecer la normalidad, así  como reorganizar sus vidas. En ese momento lo que nos interesa es que los niños puedan jugar y volver a la alegría, acondicionando unos espacios donde se reúnen a cantar y jugar. Luego se hace un vínculo que permite que vuelvan a la escuela e interactúen con los amigos. Está demostrado que el niño puede superar estos choques emocionales que producen los terremotos.

Lo que me parece importante en estos desastres es la solidaridad que se genera en los pueblos, sin importar el nivel económico. Yo lo viví en los lugares donde llegó de inmediato la colaboración de los ciudadanos para los afectados, ya que las primeras ayudas son críticas, así como la acción a tiempo de los rescatistas, y el envío de agua y alimentos.  

 

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