HAY QUE TENER REGLAS, PARA LOGRAR LA EXCEPCIÓN

Entregado: 30/05/2014 Aprobado: 12/06/2014 Ilustración: Adriana Pareja

Entrevista a Elisa Alvarenga*

 

En ocasión de la conferencia pública sobre Violencia y Drogadicción que dictara la psicoanalista brasilera Elisa Alvarenga, el 17 de mayo de 2012, organizada por el entonces DICYC (Departamento de Investigación en Comunicación y Cultura) de la Universidad Casa Grande en colaboración con la NEL- Guayaquil (Nueva Escuela Lacaniana), en el auditorio de la UCG. Ventanales la entrevistó sobre el tema mundial en boga de las evaluaciones y sus consecuencias.

 

J.A: ¿Cómo el psicoanálisis considera las insistentes evaluaciones y controles que se están desarrollando en varias partes del mundo en campos como la clínica y la educación?

 

E.A: Actualmente hablamos del tema desde el punto de vista freudiano, porque el psicoanálisis de la orientación lacaniana está muy presente en las instituciones y en lo social. Jacques Alain Miller, heredero de Lacan, sostiene que el psicoanálisis tiene que estar presente como fuerza política. En el mundo actual carecemos de referencias de autoridad y de ideales. El hombre contemporáneo está muy, muy desorientado sobre lo que debe hacer. Entonces, se responde con tentativas de normativizar, de dictar reglas y crear burocracias para controlar y poner límites al funcionamiento, un poco desgarrado, del sujeto contemporáneo. En ese sentido me parece que muchas instituciones intentan privilegiar el endurecimiento de las reglas para los sujetos como usuarios o como profesionales.

Yo trabajo en un hospital psiquiátrico estatal en Minas Gerais, en Brasil. En este hospital hay muchos protocolos para los pacientes que llegan. Al terminar la consulta hay que aplicar muchas reglas y llenar muchos papeles. Esto es una locura. Al mismo tiempo que hacemos esto hay muy poca historia del paciente, de los motivos por los que viene. Los formularios que se llenan son muchas veces una burocratización vacía, que realmente no dice nada de lo que se hace con el paciente.

Me parece que sería más interesante que nos ocupáramos de los sujetos pacientes de una manera más particular y singular, que preocuparnos tanto con esta burocracia. Pero es muy difícil evitar esto en las instituciones.

 

J.A: Y eso, ¿también sucede en otros ámbitos como en las escuelas, las universidades?

 

E.A: En las escuelas, son más evidentes los intentos de control de los niños y de los adolescentes, para prevenir algo que pueda pasar, y muchas veces resultan totalmente fallidos. Por ejemplo, casos de adolescentes que de un día para otro deciden matar o hacer algo inesperado. Por lo general, son jóvenes que ya están bajo la mirada de los servicios de educación y de psicología, pero nadie sabe realmente qué hacer con este adolescente o este niño.

 

J.A: ¿Y qué es lo que propone el psicoanálisis en esta situación que usted describe?

 

E.A: El psicoanálisis tiene una perspectiva con cada uno, de no aplicar reglas ciegamente, ni en general. Es una orientación de particularizar, no hay que hacer con todos igual. El psicoanálisis también tiene sus formas de evaluación. Lacan fue un psicoanalista que escandalizó, y hasta hoy escandaliza incluso a los psicoanalistas, porque propone que se haga una evaluación del análisis de cada uno.

Lacan inventó, en la escuela que fundó, un procedimiento que se llama el pase. Él quiso que se transmitieran los resultados de lo que fue un análisis, no como un ideal de lo que podría ser un psicoanálisis, sino como de lo fue ese análisis en particular. El que se hace un análisis puede, en la escuela de Lacan, transmitir los resultados de su análisis: ¿Qué es lo que su propio análisis le ha permitido cambiar, tanto en términos de saber, cómo de la manera que era antes, y qué le posibilitó esa experiencia?

 

J.A: ¿Y eso contribuye al psicoanálisis?

 

E.A: Sí, porque orienta a los psicoanalistas y posibilita la transmisión de un saber que es muy singular, muy particular de cada uno, que luego deviene en un modelo de enseñanza y de transmisión para nosotros. Es un pasaje de lo particular a lo público. Es una transmisión de lo que fue para cada uno, para que le sirva a muchos.

 

J.A: ¿Cómo se logra manejar este paso de lo particular a lo general, con todos estos controles y evaluaciones en estas instituciones? ¿Qué es lo que el psicoanalista puede decir dentro de esas instituciones?

 

EA: Me parece que el psicoanalista no tiene que huir de estas instituciones. Creo que es importante su presencia, para vaciar un lugar del saber que pueda surgir de cada sujeto que participa. Por ejemplo, yo trabajo en el equipo de una sala de mujeres de un hospital psiquiátrico, donde están presentes los psiquiatras, los psicólogos, los asistentes sociales y los terapeutas ocupacionales. Hacemos una reunión semanal donde cada uno tiene algo que decir sobre los pacientes, y muchas veces hay una presión institucional para darles de alta lo más rápido posible y así cumplir la meta de un máximo de días de internación.

En estos espacios un psicoanalista no participa para dictar un saber, o decir lo que hay que hacer, pero sí interroga. Por ejemplo, si a un paciente quieren conducirlo a seguir las normas de todo el mundo, el psicoanalista introduce la posibilidad de la excepción: “Para ese sujeto sería mejor quedarse un poco más, sería mejor que fuera atendido de tal manera”, y así hacer una diferencia. O también, si en este hospital hubo un psicoanalista que fue director en una época más optimista y dio el título a la sección clínica del hospital como excepción, y venían pacientes de lejos quedándose todo el día en la institución, no existiendo tal práctica como servicio, pero sí como excepción. Hay que tener reglas, pero para tener la excepción.

Esto es vaciar un saber que ya está determinado e introducir la posibilidad de hacerlo de manera diferente para cada uno. Tal perspectiva puede dar mejores resultados. Se trata de flexibilizar y posibilitar el surgimiento de un saber nuevo a partir de cada sujeto que pasa por la institución. Se logra hacer dependiendo de la posibilidad de escucha de la gente que está en el equipo y de la presencia del psicoanálisis. No es fácil y así me parece que sucede en el mundo de hoy en todos los lugares. El psicoanálisis está en el mundo en una posición de posibilitar lo nuevo, las excepciones múltiples, que cada uno pueda encontrar su manera de ser.

 

*Entrevista realizada por Juan de Althaus el 17 de mayo del año 2012

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