GESTIÓN DE RIESGOS FRENTE A DESATRES

Entregado: 18-04-2016 / Aprobado: 30-04-2016



Dr. Álvaro Campo


Doctor en Medicina con Maestría en Seguridad, Salud y Ambiente. Mgtr. en Gerencia de Servicios de Salud. Ex asesor de OPS/OMS durante 15 años, en gestión de riesgos y desastres. Médico ocupacional en la Universidad Casa Grande.

Al hablar de gestión de riesgos frente a desastres se deben analizar los conceptos de desastre, riesgo, amenaza y vulnerabilidad, de manera que se comprenda la dinámica de riesgo, desastres y desarrollo.

Muchas veces cuando se habla de catástrofes se suele describir a los fenómenos de la naturaleza más llamativos, por ejemplo, provocados por un volcán, huracán, terremoto y otros. Pero hay que basarse en el concepto de desastres de la OPS que señala: “Suceso que causa alteraciones intensas en las personas, los bienes, servicios y el medio ambiente, ‘excediendo’ la capacidad de respuesta de la comunidad afectada” (OPS/OMS, 2003).

Con esta categoría se analiza de qué se trata los daños en las personas, los sistemas, y si las comunidades afectadas no pueden encararlos con sus propios recursos.

Entonces, un desastre no es el huracán, el río, ni el volcán. Consiste en alteraciones intensas que se producen en algún momento y lugar determinados, caracterizadas por dos variables muy bien identificadas: la primera es la ‘amenaza’, o también llamada ‘peligro’, que se refiere al factor de riesgo externo que ocasiona los daños, como una erupción volcánica, inundación, movimiento sísmico, tsunami, entre otras.

La otra variable es la ‘vulnerabilidad’, que corresponde a ese factor interno que se traduce en las debilidades propias de los sistemas, personas, estructuras, etc., frente a la amenaza externa.

Una vez que tenemos las dos variables, podemos definir el concepto de riesgo de desastres que está dado por la probabilidad de ocurrencia de un evento adverso, en función de la amenaza y de las vulnerabilidades previamente existentes, y se representa con la siguiente fórmula: R= A. V .(Organización Panamericana de la Salud, 2000).

Cuando se identifican y caracterizan, se miden y evalúan las amenazas y vulnerabilidades, y se podrá determinar los niveles de riesgos probables a los que se está expuesto ante un evento adverso.

Pues bien, al analizar la vulnerabilidad, algunos autores la clasifican en tres categorías o componentes: la ‘estructural’, la ‘no estructural’ y la ‘funcional’.

La OPS se refiere a la vulnerabilidad estructural como aquellos elementos constructivos que soportan las edificaciones (columnas, vigas, zapatas y demás). Cuando se encuentran en pésimas condiciones y no cumplen con las normas de sismo-resistencia, o se construyen en suelos inestables, no pudiendo soportar la edificación y la amenaza, se tendrá como resultado la caída del edificio.

El componente ‘no estructural’ son aquellos elementos arquitectónicos que se encuentran adosados a la estructura (mampostería, mobiliario, estanterías, líneas eléctricas o líneas de agua). Estos pueden caerse o desprenderse en caso de la manifestación de la amenaza.

Otro componente de la ‘vulnerabilidad’ es el ‘funcional’, que se refiere a la estructura político administrativa de las organizaciones, es decir, si faltan planes de desarrollo y emergencias, ausencia de políticas preventivas, falta de decisiones, débil formación y/o capacitación y conocimientos frente a los riesgos. En suma, consiste en la falta de gestión ante un probable desastre (Ministerio de la Protección Social, 2007).

Existen muchos criterios para definir la Gestión de riesgos. Es necesario un enfoque integral, debiendo ser asumida como la “capacidad de las sociedades y de sus actores sociales de transformar sus condiciones de riesgo, con el fin de evitar o disminuir el impacto de futuros desastres” (Wilches-Chaux, 1998).

Las acciones y formas de intervención, por parte de los actores sociales, deben orientarse empezando por las autoridades y técnicos de acuerdo a la experticia, y dependiendo del tipo de institución. Todos deben caminar hacia la transformación de las condiciones o factores de riesgo que, de no ser corregidos, convergen en un desastre, en esa alteración compleja de resolver.

En conclusión, el ser humano debe reducir y evitar generar vulnerabilidades, y aplicar lo que dijo el gran científico Richard Feynman: “Para una tecnología exitosa, la realidad debe prevalecer sobre las relaciones públicas, porque la naturaleza no puede ser engañada”. Es decir, apuntar a una sociedad con desarrollo integral en la que se monitoree la amenaza y vulnerabilidad de forma articulada y permanente.

Bibliografía

GARCÍA MARTÍNEZ, E. A., MESARINA ESCOBAR, P., & RÍOS V., F. (1996). Vulnerabilidad en establecimientos de salud. Tacna, Perú: Hospital Hipolito Unanue.

Ministerio de la Protección Social. (2007). MANUAL DE PLANEAMIENTO HOSPITALARIO PARA EMERGENCIAS. Bogotá: Ministerio de la Protección Social.

OPS. (2006). Manual Curso de Planeamiento Hospitalario para desastres. Washington D.C: OPS.

OPS/OMS. (2003). Preparativos de salud para situaciones de desastres. Washington D.C: OPS.

Organización Panamericana de la Salud. (2000.). Los desastres naturales y la protección de la salud. (Vols. Publicación Científica, 575). Washington, D.C.: OPS.

WILCHES-CHAUX, G. (1998). AUGE, CAIDA Y LEVANTADA DE FELIPE PINILLO,. Popayan: La Red de Estudios Sociales.

 

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