FRENTE A LAS CRISIS: INVENTAR

Entregado: 25-05-2015 / Aprobado: 30-05-2015

Entrevista Hebe Tizio

Por Juan de Althaus Guarderas

Magíster en Psicoanálisis, con mención en Clínica Psicoanalítica de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil. Licenciado en Humanidades, con mención en Historia en la Universidad Católica de Lima. Estudios de Psicología Clínica. Psicoanalista, profesor de Humanidades de varias asignaturas y actual director de publicaciones de la Universidad Casa Grande.

Ventanales aprovechó la visita académica a Guayaquil de la psicoanalista y profesora universitaria Hebe Tizio para hacerle unas preguntas sobre la relación entre la pedagogía y el psicoanálisis. Ella es licenciada en Psicología Clínica en Argentina,posee un diploma de Estudios a Profundidad en la Universidad de Paris VIII y un Doctorado en Psicología en la Universidad de Barcelona. A su vez, es psicoanalista y docente de la Universidad de Barcelona, docente en la Escuela de Psicoanálisis en España, en la Asociación Mundial de Psicoanálisis, y de la Sección Clínica del Instituto del Campo Freudiano.

J.A:¿Qué desafíos afrontan en el momento actual la pedagogía y el psicoanálisis, y cómo se articulan ambos?

H.T: Creo que es un momento histórico y complejo, pero a la vez sumamente interesante, porque todo desafío llama a inventar. De la pedagogía podría hablar más desde las aportaciones que el psicoanálisis puede hacer al campo de la educación, por lo que llamamos “las nuevas formas del síntoma”, derivados del declive de la función paterna, y cómo tenemos que hacer con eso.

Sobre las nuevas formas del malestar, se pueden hacer muchas cosas sin el “nombre del padre”, hay muchas formas de anudar algo. La caída de ese universal muestra cómo funciona y cómo se las arregla cada uno, y con qué instrumentos se ha servido para organizar su cosa sintomática.

El nombre del padre ha sido una perspectiva universal del síntoma.Su caída es algo que Lacan señala como la condición misma de la existencia del psicoanálisis.

J.A: ¿Cómo se refleja la caída del nombre del padre o sus diferentes usos en el campo educativo?

H.T: La escuela que nosotros conocemos ha sido organizada bajo el nombre del padre:está dividida por grados y con un tipo curricular, una escuela que se organizaba en relación a un saber que valía y que pedía que el sujeto lo acepte, pero a cambio de brindarle la posibilidad de un futuro mejor.

Debido a los excesos autoritarios centrados en las figuras de autoridad del maestro, la caída del nombre del padre y todas estas figuras que encarnaban el sujeto supuesto saber, ya no tienen la misma validez.

J.A:¿Eso ha significado alguna degradación o una crisis seria en la educación?

H.T: Creo que sí,pero frente a las crisis, yo pienso como Hannah Arendt, que se puede afrontarlaa condición de inventar; que lo que transforma la crisis en catástrofe, es querer recurrir a las viejas recetas.

J.A:¿En qué sentido habla de invención?

H.T: A varios niveles. El sujeto en sí mismo es una invención, pero me refiero que para tratar los síntomas actuales, en este caso los sociales, no sirven las viejas propuestas.De lo que se trata es de cómo hacer con esta realidad cambiante y eso requiere inventar formas nuevas. Ahí el principal obstáculo somos nosotros mismos porque, como lo enseñaba Jacques Lacan –que lo tomaba al pie de la letra–, para avanzar tenemos que pensar contra nosotros mismos, porque el principal obstáculo epistemológico somos nosotros y nuestras inercias. Es un momento de oportunidades.

J.A: ¿Qué posición hay del lado del psicoanálisis y de la educación sobre los límites del goce?

H.T: Vivimos momentos de caída de los puntos de referencia más tradicionales que producen ciertas desregulaciones, pero no se puede regular a la fuerza. Desde el psicoanálisis, hay que ayudar a sintomatizar eso que está desregulado, y lo puede hacer cada discurso en función de lo que le es propio, y de su especificidad, pero sabiendo siempre que la regulación nunca es total, hay límites, y que el mismo límite es regulador.

Ayudar a sintomatizar es contribuir a regular ese goce. La educación lo intentará por la vía de la oferta de objetos de la cultura que permitan que el sujeto haga algo con ello, que permita fijar algo de ese goce desregulado. El psicoanálisis hace una oferta de un trabajo analítico para comprometer al sujeto, cuando sufre de algo porque se ha desregulado, en ese proceso.

El síntoma significa trabajo, es decir, dar vueltas alrededor de un tema, de un asunto, de un sufrimiento, de un malestar, de una problemática. Es decir, si el sujeto considera que ese sufrimiento es un síntoma, lo que se le ofrece es un trabajo posible para hacer con eso.La educación ofrecerá el dispositivo escolar, el deseo y el interés de ese docente en aportar objetos que permitan que el sujeto trabaje con ello.

J.A: ¿Qué oportunidades interesantes hay para hablar de nuevas transferencias en el campo educativo con las tecnologías de la comunicación?

H.T: Eso es crucial, porque la tecnología es importante y hay que servirse de ella, pero no se puede olvidar que la transferencia la sostiene el profesor o el maestro con su deseo, su interés, su enunciación y si eso no está, la cosa tienedificultades, porque a veces se usa de la tecnología para tapar la mortificación del docente.

Este docente tiene nuevos desafíos y oportunidades, porque sus estudiantes son muy diversos y con muchas problemáticas, que los puede manejar en el aula.Cuando el deseo del maestro se debilita, implica sintomatizar al maestro. Se trata que pueda descubrir cosas nuevas. Es frecuente que los docentes estén en circuitos de inercia de goce y eso trae la mortificación del deseo. Si no hay un deseo o interés en la transmisión, no se lo pasará nada bien y el trabajo se convierte en una tortura.

J.A: Dentro de las teorías que circulan dentro del campo educativo ¿Cuál cree usted que es la más adecuada para los tiempos actuales?

H.T: Lo único que sé es que toda la perspectiva del cognitivismo ha producido verdaderas catástrofes educativas, ha invertido la relación educativa transformándola en una demanda.El profesor es el agente de la educación, que en lugar de ofertar, demanda.

J.A: ¿Es posible que el analista y el educador puedan establecer un trabajo articulado en las instituciones?

H.T: Creo que de lo que se trata es que cada uno pueda sostener bien su discurso. Históricamente, el psicoanálisis se ha derivado a la educación muchas veces y la educación se ha “psicologizado” en otros aspectos. Creo que lo importante es que cada uno de los psicoanalistas y de los educadores tenga realmente los pies bien puestos en su discurso, y a partir de allí puedan recibir aportaciones de uno y de otro.

He enseñado en la universidad desde 1991. Creo que los estudiantes leen diferente, con otros soportes como las pantallas.Tiene más peso el tema de la imagen, no soy muy catastrofista del lado de los estudiantes.Lo que sí ha cambiado mucho es la Universidad, porque en mis comienzos, por ejemplo, las materias eran anuales y había un tiempo para la evaluación y la transferencia de los conocimientos.Progresivamente, eso se ha ido fragmentando. Si bien la universidad no lo formula en esos términos,las políticas neoliberales se han hecho sentir en ese punto. En general, se considera que los estudiantes han cambiado, pero el tema fundamental es que la Universidad ha cambiado.

J.A: ¿El psicoanálisis también ha cambiado?

El psicoanálisis está en un proceso de producción permanente, a pesar de los psicoanalistas, porque hay el tema del pase, que es el dispositivo que permite que alguien que ha terminado su análisis haga la experiencia de transmitir en qué ha consistido ese análisis.Eso es como un laboratorio permanente. En realidad, con la última enseñanza de Lacan, hay elementos muy sencillos que permiten abordar la realidad actual, reduciendo la dimensión del sentido y viendo que cada sujeto es un modo de funcionar distinto.

 

 

 

 

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