CARTA ABIERTA AL MUNDO MUSULMÁN

Entregado: 27-03-2015 / Aprobado: 05-04-2015

Por Abdennour Bidar

Filósofo especialista en evoluciones contemporáneas del islam y en teorías de la secularización y postsecularización.

 

Fecha de publicación: 29 de septiembre de 2014

 

Traducción: Leticia Orcés Pareja, Vicerrectora de la UCG

Corrección de estilo: Teresa Gutiérrez Chávez, Directora del Departamento Intercultural de Lenguas de la UCG

El 21 de septiembre de 2014, el turista francés Hervé Gourdel fue secuestrado en Argelia por Jund al-Khilafa (Soldados del Califato), un grupo vinculado al Estado Islámico. Tres días más tarde, el 24 de septiembre, la propia organización difundió un vídeo en internet, bajo el título «Mensaje de sangre para el Gobierno francés», en el que se veía la decapitación del rehén. A raíz de esos acontecimientos, el filósofo Abdennour Bidar escribió, el 29 de septiembre, una carta abierta al mundo musulmán, la misma que volvió a circular en las redes tras el atentado terrorista perpetrado en París el miércoles 7 de enero contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo. Por razones de espacio, entregamos a nuestros lectores extractos del texto.

Querido mundo musulmán, soy uno de tus hijos alejados que te mira desde afuera y de lejos, desde este país, Francia, donde viven hoy tantos de tus hijos. Te miro con mis ojos severos de filósofo, nutrido desde su infancia por el tacawwuf (sufismo)[1] y el pensamiento occidental. Te miro entonces desde mi posición de barzaj,[2] istmo entre los dos mares de Oriente y Occidente… ¡Te veo en un estado de miseria y sufrimiento que me produce una infinita tristeza, pero que vuelve mucho más severo mi juicio de filósofo! Te veo procreando un monstruo que pretende llamarse «Estado Islámico», y al que algunos prefieren darle el nombre de un demonio: DAESH[3]. Lo peor de todo es que te veo perderte —perder tu tiempo y tu honor— en tu negativa a reconocer que ese monstruo ha nacido de ti, de tus caminos erráticos, de tus contradicciones, de tu ser dividido entre pasado y presente, de tu prolongada incapacidad para encontrar tu sitio en la civilización humana…

Te indigna tal monstruosidad, te subleva que el monstruo usurpe tu identidad, y, por supuesto, tienes razón. Es indispensable que proclames ante el mundo, alto y fuerte, que el islam condena la barbarie. ¡Pero eso no basta! puesto que te refugias en el reflejo de la autodefensa sin asumir al mismo tiempo, y sobre todo, la responsabilidad de la autocrítica…

Escucho ese grito de rebeldía que sube de ti, mi querido mundo musulmán, y lo comprendo. Sí, tienes razón, el islam, como todas las otras grandes inspiraciones sagradas del mundo, ha creado a lo largo de su historia la Belleza, la Justicia, el Sentido, el Bien, y ha sido una fuente de luz que ha guiado al ser humano por el camino del misterio de la existencia… Sin embargo, desde mi lejana posición, veo algo que tú no ves o no quieres ver… y eso me inspira una pregunta, LA gran pregunta: ¿por qué… la máscara del islam y no otra? La verdad es que detrás de ese monstruo se esconde un inmenso problema, uno que, al parecer, no estás preparado para enfrentar. Sin embargo, tendrás que hacerlo…

Ese problema es el de las raíces del mal… que te roba hoy el rostro están en ti mismo, el monstruo salió de tu propio vientre… Hasta los intelectuales occidentales tienen dificultad en verlo. La mayoría ha olvidado a tal punto la fuerza de la religión –en el bien y en el mal, sobre la vida y sobre la muerte—, que me dicen: «No, el problema del mundo musulmán no es el islam, ni la religión, sino la política, la historia, la economía, etc.» ¡Viven en sociedades tan secularizadas que ya no recuerdan para nada que la religión puede ser el corazón del reactor de una civilización humana!… La naturaleza espiritual del ser humano tiene horror al vacío, y si no encuentra nada nuevo con que llenarlo, lo hará mañana con religiones cada vez menos adaptadas al presente, y que, como el islam hoy, se pondrán a engendrar monstruos…

Hay en la Umma (comunidad musulmana) mujeres y hombres progresistas que llevan dentro de sí una visión de lo que será el futuro espiritual del ser humano. Son pocos todavía, y su palabra no es bastante poderosa… han percibido claramente que es el estado general de enfermedad profunda del mundo musulmán… (que) adolece de los siguientes males crónicos: incapacidad para construir democracias estables que reconozcan la libertad de conciencia frente a los dogmas de la religión como un derecho moral y político; encarcelamiento moral y social dentro de una religión dogmática, anquilosada y, a veces, totalitaria; dificultades crónicas para mejorar la condición de las mujeres en lo referente a la igualdad, la responsabilidad y la libertad; impotencia para separar suficientemente el poder político del control de la autoridad religiosa; incapacidad para instaurar un respeto, una tolerancia y un verdadero reconocimiento del pluralismo religioso y las minorías religiosas.

¿Será todo esto culpa de Occidente?… Ha llegado la hora de que reconozcas que, desde el siglo XVIII en particular, has sido incapaz de responder al desafío de Occidente. Bien porque te has refugiado de una manera infantil y mortífera en el pasado, con una regresión intolerante y oscurantista del wahabismo[4], que continúa haciendo estragos por todas partes… o bien porque has seguido lo peor de Occidente, produciendo nacionalismos y un modernismo que es una caricatura de la modernidad. Me refiero a ese frenesí consumista o a ese desarrollo tecnológico sin coherencia con el arcaísmo religioso, que hace de tus riquísimas «élites» del Golfo víctimas complacientes con la enfermedad ahora mundial del culto al dios dinero.

¿Qué hay de admirable en ti, amigo mío? ¿Qué queda en ti digno de suscitar el respeto y la admiración de otros pueblos y civilizaciones de la Tierra? ¿Dónde están tus sabios? ¿Tienes todavía alguna sabiduría que proponer al mundo? ¿Dónde están tus grandes hombres?, ¿Quiénes son tus Mandela, quiénes tus Gandhi, quiénes tus Aung San Suu Kyi[5]?… Ya no sabes quién eres ni adónde quieres ir y eso te ha vuelto tan desdichado como agresivo. Te obstinas en no escuchar a quienes te invitan a cambiar…

Has decidido creer e imponer que el islam exige sumisión, si bien el Corán proclama que «la religión no coacciona a nadie» (La ikraha fi Dîn). ¡Has hecho de su llamado a la libertad, el imperio de la coacción! ¿Cómo puede una civilización traicionar así su propio texto sagrado? ¡Yo digo que ha llegado el momento de instaurar, en la civilización islámica, esa libertad espiritual —la más sublime y difícil de todas—, en lugar de las leyes inventadas por generaciones de teólogos!…

¡No, el problema es mucho más profundo y muchísimo más amplio! ¿Pero quién lo verá y hablará de él? ¿Quién quiere escucharlo? ¡El mundo musulmán lo ha silenciado, y en los medios occidentales solo se escucha a esos expertos en terrorismo que agravan día a día la miopía general!… ¿Cuándo, por fin, llevarás a cabo tu verdadera revolución?… Seguramente, en tu inmenso territorio, existen islotes de libertad espiritual: familias que transmiten un islam de tolerancia, de libre elección, de profundidad espiritual; medios sociales donde la jaula de la prisión religiosa se ha abierto o entreabierto; lugares donde el islam da lo mejor de sí mismo, es decir, una cultura del compartir, del honor, que aspira al conocimiento, y una espiritualidad en busca de ese lugar sagrado donde el ser humano y la realidad última que llamamos Alá se juntan… Nunca, hasta ahora, el «islam oficial» de los dignatarios te ha acordado el derecho a decir «Yo escojo mi islam», «Tengo mi propia relación con el islam»…

Esa religión de hierro impone a tu sociedad una violencia insostenible. Ella sigue encerrando a muchas de tus hijas y a todos tus hijos en la jaula de un Bien y de un Mal, de lo lícito (halâl) y lo ilícito (harâm), que nadie ha elegido pero que todos padecen… ¡Entonces, no te sorprendas, no finjas sorprenderte, te lo suplico, que demonios como el llamado «Estado Islámico» te hayan robado el rostro! ¡Porque los monstruos y los demonios solo roban los rostros que ya están desfigurados por las muecas! Si quieres saber cómo dejar de engendrar dichos monstruos, te lo voy a decir. Es simple y muy difícil a la vez. Tienes que comenzar por reformar toda la educación que das a tus hijos, reformar cada una de tus escuelas y cada uno de tus lugares del saber y del poder. Reformarlos para dirigirlos con base en los principios universales:… la libertad de conciencia, la democracia, la tolerancia y el derecho ciudadano a la diversidad de visiones del mundo y creencias, la igualdad de sexos y la emancipación de las mujeres de cualquier tutela masculina, la reflexión y la cultura crítica de lo religioso en las universidades, la literatura y los medios de comunicación. ¡Ya no puedes retroceder, ya no puedes hacer menos que eso!…

Querido mundo musulmán…No soy más que un filósofo, y como siempre, algunos dirán que el filósofo es un hereje. Sin embargo, solo busco volver a hacer resplandecer la luz —el nombre que me diste me lo ordena, Abdennour: «Servidor de la luz»—.

No hubiera sido tan severo en esta carta si no creyera en ti. Como se suele decir en francés: «Quien bien te ama, bien te castiga». ¡Por el contrario, todos aquellos que hoy no son lo suficientemente severos contigo —que te encuentran siempre excusas, que quieren hacer de ti una víctima o no ven tu responsabilidad en lo que sucede—, todos ellos, en realidad, no te están haciendo ningún favor! ¡Creo en ti, creo en que contribuirás a hacer mañana de nuestro planeta un universo a la vez más humano y más espiritual!

Salâm, que la paz esté contigo.

Es indispensable que proclames ante el mundo, alto y fuerte, que el islam condena la barbarie. ¡Pero eso no basta! puesto que te refugias en el reflejo de la autodefensa sin asumir al mismo tiempo, y sobre todo, la responsabilidad de la autocrítica…

 

Ese problema es el de las raíces del mal… que te roba hoy el rostro están en ti mismo, el monstruo salió de tu propio vientre… Hasta los intelectuales occidentales tienen dificultad en verlo.

 

¿Será todo esto culpa de Occidente?… Ha llegado la hora de que reconozcas que, desde el siglo XVIII en particular, has sido incapaz de responder al desafío de Occidente.

 

Seguramente, en tu inmenso territorio, existen islotes de libertad espiritual: familias que transmiten un islam de tolerancia, de libre elección, de profundidad espiritual; medios sociales donde la jaula de la prisión religiosa se ha abierto o entreabierto; lugares donde el islam da lo mejor de sí mismo

 

Tienes que comenzar por reformar toda la educación que das a tus hijos

 

[1] Doctrina religiosa ascética y mística del islamismo, de carácter heterodoxo y panteísta, que se caracteriza por aspirar a la unión mística con Alá a través de un camino en el que hay que seguir sucesivas etapas.

[2] Estado intermedio en el que el alma del difunto permanece en una especie de sueño entre el día de su muerte y el del Juicio Final.

 

[3] Una de las posibles transliteraciones del acrónimo árabe al-Dawla al-Islamiya fi al-Iraq wa al-Sham, (Estado Islámico de Irak y el Levante).

[4] Corriente religiosa musulmana de la rama mayoritaria del sunnismo, que destaca por su rigor en la aplicación de la Sharia (Ley Sagrada del islam) y su deseo expansionista. La Corona saudita apoya y financia mezquitas y centros de estudios islámicos en diversos lugares del mundo.

[5] Figura emblemática de la oposición birmana contra la dictadura militar que ocupó el poder entre 1962 y 2011. Suu Kyi, galardonada con el premio Nobel de la Paz por su lucha pacífica a favor de la libertad en su país, pasó bajo arresto domiciliario más de 15 años. En 2012 fue elegida representante ante el Parlamento birmano.
 

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