INVESTIGACIÓN EN YALE Y SUS IMPLICACIONES PARA NUESTRA UNIVERSIDAD

Entregado: 30-07-2014 / Aprobado: 1-09-2014

Por Mgtr(c). Rodolfo Rodríquez B.

Master(c) en Sistemas de Información Gerencial en ESPOL-ÉTS. Ex-Presidente del Consejo Ecuatoriano de Laicos Católicos de Guayaquil (CELCA). Profesor de la Universidad Casa Grande (UCG). Colaborador en el desarrollo del Programa de Ética para la UCG.

A mediados de febrero, mientras manejaba a la universidad, escuché uno de los reportajes que en CNN hicieron a Karen Wynn, directora del Infant Cognition Center de la universidad de Yale. Del reportaje se desprendía algo que, como profesor de Ética en la universidad, me llamó fuertemente la atención: Los niños nacen sabiendo distinguir entre lo correcto de lo incorrecto.

¿En qué consistía este experimento?

El experimento, hecho en forma individual a niños de alrededor de un año, presentaba en un teatro de marionetas a dos conejos, diferenciados por la posición y el color de la camiseta, y en el centro un tigre con una caja con juguetes. En la primera escena el tigre trata, durante unos segundos, de abrir la caja, entonces el conejito de camiseta verde lo ayuda, juntos la abren y el tigre accede a sus juguetes. Fin de la primera escena.

La segunda escena empieza en forma similar, pero quien participa es el otro conejito, de camiseta anaranjada, pero no ayuda al tigre, lo empuja y cierra la caja. Ambas escenas son repetidas varias veces ante los ojos del niño. Finalmente se presenta ante el niño ambos conejitos, el de verde, que ayudó al tigre, y el de naranja, que lo empujó y le cerró la caja. Más del 80% de las veces los niños escogieron y abrazaron al conejito que se portó bien y no al que se portó mal.

Para realizar este experimento con niños de 3 meses se registraron las preferencias de los niños siguiendo el movimiento de sus ojos cuando se les presentaban ambos títeres. Los niños miraban durante poquísimo tiempo el conejo que se había portado mal, mientras que miraban por mucho más tiempo al conejito que había ayudado al tigre. En este caso la preferencia por el conejito “bueno” subió a más del 90%.

 

Análisis de la Investigación

Al principio me quedó la duda de si la metodología de investigación y la imparcialidad fueron seguidas estrictamente o si hubo influencia de parte de los investigadores para “forzar” los resultados hacia donde ellos querían llegar. A esas edades los niños ya distinguen rasgos y facciones, por lo que conejito alegre o enojado podía influir la preferencia de los niños.

Igual preocupaciones tenía con, por ejemplo, los colores utilizados, naranja y verde, o la posición, derecha o izquierda. Me preguntaba si todas estas variantes habrían sido consideradas adecuadamente para que no influyeran en la investigación.

Encontré artículos sobre este trabajo así como los videos de las entrevistas de CNN. En algunos se describía el procedimiento: los conejos eran idénticos, los colores y posición del bueno y del malo fueron alternados para evitar que pudiera influir. Incluso se observa, en los videos de los experimentos, que quienes sostienen al niño al momento de elegir, cierra los ojos para no influir de ninguna forma en la decisión del bebé.

Estas y otras precisiones, me indicaban que las pruebas se llevaron a cabo con el suficiente rigor científico como para que sus conclusiones sean consideradas seriamente.

 

De viaje por Nueva Inglaterra

El 5 de abril de este año viajé a Boston, en parte por turismo, pero también para visitar universidades, esto último por interés de mi esposa.

Las primeras visitas fueron a universidades en Boston. En Harvard coincidimos con nuestro querido amigo Arturo Condo, ex compañero politécnico y actual Rector del Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (INCAE) en Costa Rica. Aprovechamos esta oportunidad para, en una cafetería del campus, reunirnos a conversar sobre nuestros recuerdos, siempre agradables, y sobre los logros de esta universidad centroamericana que en estos días está celebrando sus 50 años. Otro centro de estudios visitado fue Boston College. La visita de este año a esta hermosa universidad incluyó el asistir de oyentes a una clase de Teología con el reconocido profesor Father Himes.

 

Visita a la Universidad de Yale

El 14 de Abril, en compañía de mi esposa y de Saveena Dhall (amiga nuestra y una de las Decanas de la Universidad de Yale), visitamos el Infant Cognition Center. En él nos recibieron dos de sus investigadores. Durante nuestra corta estadía pudimos conversar con ellos y conocer el laboratorio, los implementos que poseen y los pormenores de esta investigación.

Aproveché para preguntarles en qué forma creían que estos descubrimientos podrían modificar la forma y el momento en que se enseñan los valores morales a los jóvenes, Ryder Billings respondió que él pensaba estos descubrimientos no afectarían mayormente la enseñanza de los valores a la juventud.

Confieso que la respuesta no me satisfizo. Puede ser que al tener tanto tiempo la pregunta “gatillada”, para ser disparada, seguramente esperaba una respuesta más impactante, más revolucionaria, no sé.

En el viaje de regreso de New Haven a Boston me quedó dando vuelta esta respuesta y me preguntaba qué es lo que nosotros, comunidad universitaria y educadores de valores, debíamos y podíamos contestar al respecto.

 

Tres respuestas que nosotros debemos dar

La primera es que una investigación tan relevante como la llevada a cabo en Yale, se puede perfectamente hacer en Casa Grande: el espacio físico de Baby Lab es reducido, los equipos (teatro de marionetas, cámaras de video, muñecos/títeres) son totalmente asequibles, los procedimiento experimentales son estándares, las mamás que llevan a sus hijos son voluntarias, no reciben remuneración alguna.

Aclaro que no es mi intención menospreciar ni los laboratorios ni los investigadores de Yale, todo lo contrario, alabo la habilidad de ellos para, con recursos limitados, implementar una investigación que ha trascendido su país y nos demuestra que hacer ese tipo de investigación (y muchas otras) no depende de grandes presupuestos, ni de edificios modernos.

La segunda cosa es destacar la importancia que, como comunidad universitaria, se tiene que establecer y mantener los lazos con otros centros de estudio y, en particular, con las personas que les dan vida. El éxito de este viaje se debió, en parte, a esas amistades y contactos en el exterior.

Finalmente, darnos cuenta que aquella pregunta, que anhelé me fuera contestada por los investigadores de Yale, la tenemos que contestar nosotros. Los involucrados con la cátedra de Ética en universidades o con la enseñanza de valores en grupos y parroquias, debemos incorporar estos resultados, de forma fiel a la investigación que los “alumbró”, de manera que sirvan para comprendernos mejor como personas y, finalmente, para que nos lleven a ser mejores humanos.

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