¿QUÉ HAGO AQUÍ?

Entregado: 08-04-2015 / Aprobado: 15-04-2015



Por Raúl Jaramillo Bustamante

Grafista, Comunicador Visual. Asesor en comunicación empresarial y corporativa.  Conferencista. Experto en desarrollo de marcas.1980, Norlop-Thompson.  1990, México. Colecciones de ropa de playa para USA, Australia, España, Islas del Caribe, Bahamas y México. 1990 a 2004 copropietario Versus Comunicación Visual.  Creador de las Marcas País: Ecuador (2005) y Perú (1999). Ha desarrollado innumerables marcas comerciales dentro y fuera del país. Catedrático en la Universidad Casa Grande.

Cada semestre, en la primera mañana de clases, al dirigir las palabras iniciales a mis nuevos alumnos siempre me planteo la misma interrogante. Veo sus rostros noveles, llenos de curiosidad, emoción y expectativa. Y creo entender que una de las preguntas que saltan a su mente es: ¿Qué hago aquí?

¿Qué hago aquí? Esa misma pregunta me hice hace unos 35 años atrás. Recuerdoesa fresca mañana de un lunes de junio,hacia 1980. Había llegado temprano, como a las 08h00,siguiendo el consejo de mi padre; quería demostrar interés y predisposición desde el primer día: Ésta era la mejor forma de iniciarme en la aventura de mi primer trabajo. Por esos días estudiaba arquitectura,cursaba segundo año y me había tomado gran trabajo aprobar las materias de cálculo matemático, pero seguía adelante. Fueron días que me acercaban a uno de los momentos cruciales de mi vida, que me llevarían a entender que debes asumir el control de tu vida al tomar decisiones que te proyectarán hacia el futuro.

 

La forma en que llegué a ese escritorio, junto a una ventana en el primer piso del edificio Miraglia, en el departamento de arte de NORLOP, había sido producto de una serie de circunstancias y coincidencias —que espero poder compartir en otro momento— que fueron dando forma a mi visón del futuro, a mis deseos de dedicarle mis mejores años a lo que me apasiona: el diseño, la comunicación visual. Por esos tiempos el diseño gráfico, «El Diseño», era una actividad lejana. Era algo de lo que se leía en revistas de USA, Brasil o Argentina y aunque exótico cada vez se sentía más cerca. Claro que en la ciudad había diseñadores como Sotomayor y Mussfeldt o arquitectos como Salem, Grunauer y otros. Pero el diseño, como lo apreciamos hoy, distaba aún mucho de ser entendido; pero ese momento estaba cada vez más cerca y se aproximaba con rapidez.

 

Después de la primavera parisina de los sesenta y la revolución «beatleniana», los jóvenes se tomaron las calles y el espíritu de las instituciones se alimentó de esa dinámica. Los setenta posteriores fueron una clara demostración de ello; la música, las artes en general, dieron giros inesperados, casi caóticos, y fue la antesala de la dinámica inercia que aún vivimos. El diseño era una palabra nueva que se estrenaba en casi todos los rincones de lo cotidiano. El diseño dejaba de vestir el «snob frac» y se filtraba hacia donde más podía. Áreas específicas como la transportación fueron encantadas por esta «nueva onda». Recuerdo los aviones de Braniff «vestidos» por Alexander Calder y su respuesta local, los diseños del maestro Guayasamín vistiendo las naves de Ecuatoriana de Aviación. Bueno… a estas alturas muchos recuerdos se comienzan a agolpar en mi mente y divagar se torna fácil, así que dejemos este inventario para otro momento.

 

El asunto es que al borde de ese escritorio, en el departamento de arte de NORLOP, empezaba a intuir qué mareas de nuevas tendencias se estaban formando en el mundo de la publicidad y lo que a futuro llamaríamos diseño publicitario y comunicación visual. Un buen e inefable amigo revolucionario del diseño, Max Benavides, mi antiguo director de arte,en reunión con otros «colegas» nos guiaba un poco en estas cavilaciones, instalados en algún bar compartíamos nuestras visiones del asunto, tentando predicciones sobre el rumbo que tomarían las cosas, los eventos, y de a poco le fuimos dando forma al imaginario mundo que cada vez se hacía más evidente. Poco a poco mi mente fue sumando argumentos, visiones e ilusiones. Creo en la intuición, la que en ocasiones confundimos con emoción. La intuición, algo así como la suma de todos los eventos que percibimos y que encuentran un punto de congruencia en algún lado de nuestra mente. Esa intuición, esa suma de visiones y convicciones, es lo que me llevó a tomar la decisión de abandonar mis estudios de arquitectura y apostar mis días futuros por el diseño y llenarlos de esa emoción que me produce el ejercer el oficio de diseñar.

 

Hoy diáfanos vientos marcan rumbos más definidos, pero siempre se planteará la misma interrogante… ¿Qué hago aquí?  Esa pregunta siempre tendrá una respuesta en la intimidad de nuestros pensamientos. Hoy, el diseño se interconecta, sirve de puente, herramienta, esencia y facilitador de la comunicación. El diseño es omnipresente, no hay espacio ni recoveco en la estructura de las sociedades modernas donde el diseño en sus formas más ancestrales, naturales o industrialmente refinadas, no se encuentre. Hoy entendemos que la dinámica del mundo asume que la comunicación es parte vital del día a día, que el diseño es parte del lenguaje visual que nos rodea, que en esencia somos diseño porque somos comunicación viva, que la comunicación es esencia vital, sinónimo del existir.

 

El diseño es la “matrix” sobre la que se construye nuestra cultura, tal vez siempre lo fue y no lo entendimos; el diseño es un camino a explorar, es una decisión a tomar, una coyuntura que plantea sus retos y penumbras. Pero, qué decisión no plantea las mismas interrogantes e incertidumbres…  Así que, como cada primera mañana de semestre les hago la invitación a tomar este camino, a vivir esta experiencia, sin garantía de resultados, pero con el espíritu abierto a emociones que solo se pueden sentir si llegas a amar esta profesión… como todo lo que vale la pena en la vida.

 

¿Qué hago aquí? Simple… comunicar.

Esa intuición, esa suma de visiones y convicciones, es lo que me llevó a tomar la decisión de abandonar mis estudios de arquitectura y apostar mis días futuros por el diseño.

Hoy, el diseño se interconecta, sirve de puente, herramienta, esencia y facilitador de la comunicación. El diseño es omnipresente, no hay espacio ni recoveco en la estructura de las sociedades modernas donde el diseño en sus formas más ancestrales, naturales o industrialmente refinadas, no se encuentre.

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