ANÁLISIS SOCIOSEMIÓTICO LEVANTAMIENTO INDÍGENA 1990

Entregado: 03-05-2016 / Aprobado: 05-05-2016



 

Por Claudio Tomás Lobo

Doctor en Semiótica. Docente-investigador. Universidad Nacional de San Luis (San Luis, Argentina).

La investigación que desarrollé en la Universidad Casa Grande (UCG) se centró en un análisis socio-semiótico de la discursividad mediática ecuatoriana. Puntualmente, abordé los discursos de los diarios El Telégrafo, El Comercio y El Universo, en torno al levantamiento indígena de 1990. Mi indagación se centró en los mecanismos simbólicos que hicieron inteligible el levantamiento indígena, y en el reconocimiento de las configuraciones que establecieron las condiciones para su legibilidad.

 

Palabras claves: discurso – medios – semiótica – indígenas

 

El levantamiento de 1990 supuso una ‘interpelación al funcionamiento global de la sociedad ecuatoriana’, y significó además un cambio de actitud de los sectores urbanos hacia los pueblos indígenas; generó también una ‘incomodidad’ en el tejido social local, por lo que la visibilización de la protesta, y la presencia pública de un nuevo actor político demandaron a los demás actores sociales la toma de postura y dotar, consecuentemente, de sentido a ese fenómeno emergente.

 

Como consecuencia, las matrices discursivas más gravitantes en el escenario social, como la católica, de los hacendados, agricultores, militares y del propio Estado delimitaron, desde sus particulares dispositivos de enunciación, fronteras simbólicas, y precisaron los límites identitarios de pertenencia y anclajes territoriales frente a este nuevo actor político indígena.

 

Los principales medios masivos de comunicación asumieron este fenómeno en su agenda mediática conllevando a su explicitación desde sus propios marcos interpretativos. La cuestión del trazado de fronteras simbólicas entre los campos ‘nosotros’/‘otros’ configuró en gran medida las secuencias narrativas en los tres diarios, aunque las expansiones e inclusiones de actores sociales en uno u otro campo, no fue la misma.

 

El levantamiento indígena se estructuró fundamentalmente en torno a un texto-tutor fetichizado: 500 años de resistencia, y en un contexto particular, la década de los 90.

 

En estos enunciados fue posible identificar dos matrices socio-discursivas que también operaron como condiciones de producción de la discursividad mediática: la más clara y concomitante por la proximidad fue la de 1992, y la otra, en torno a los ideólogos del levantamiento: los agitadores políticos. Los medios analizados, desde sus marcos interpretativos, tendieron a homogeneizar las lecturas del hecho, por lo que los indígenas fueron presentados como un colectivo homogéneo: el ‘levantamiento indígena’ y las acciones asignadas; por lo tanto, afectaron a toda la compleja conformación de las comunidades indígenas. La reivindicación por la tenencia de las tierras estuvo en el centro de los reclamos de los indígenas serranos, sin embargo, este fue construido de manera homogénea e incluyó a todas las comunidades.

 

Por otro lado, las fronteras geográficas fueron desplazadas por otra frontera, la que dividía a los que violentan y provienen de un exterior del orden social. El levantamiento indígena de 1990 fue construido desde El Comercio (EC) y El Universo (EU), más como una manifestación de un proyecto anti moderno de exclusión y retorno al pasado, que como un reclamo por el reconocimiento de derechos.

 

Las construcciones discursivas focalizaron el levantamiento indígena de 1990, desde una mirada más de clase que étnica. En el caso particular de El Telégrafo (ET), se observó un significativo desplazamiento del trazado de fronteras simbólicas en la década del 30 del siglo XX, respecto a los indígenas, delimitando un nosotros los ciudadanos/civilización y otro no ciudadano/barbarie, hacia una posición enunciativa diferente respecto al levantamiento de 1990.

 

Otro aspecto interesante que surgió del análisis tuvo que ver con el eje de la sospecha en torno a los reclamos indígenas. Desde el discurso político, en la década del 30 del siglo pasado, se instaló la sospecha de que ‘detrás’ de estos movimientos operaban otros actores, fundamentalmente el comunismo.

 

Esta posición enunciativa fue compartida por el discurso de la prensa gráfica hegemónica,  construyendo otro negativo que agitaba a los indígenas. Esta misma estrategia se pudo advertir nuevamente durante el levantamiento indígena del 90, en el discurso del presidente Borja, para quien los verdaderos responsables de los levantamientos no eran indígenas, sino agitadores y oportunistas políticos.

 

Sin embargo, la discursividad de EC y EU remarcaron esta construcción, mientras que ET instituyó otras voces, desplazando del centro focal este tópico. Respecto a las modalizaciones mediáticas y al uso de fuentes, los diarios no utilizaron las mismas, y las provenientes de los indígenas marcaron un posicionamiento diferencial de cada uno; y por otro lado, las estrategias de focalización del acontecimiento permitieron visualizar los marcos interpretativos y en qué medida desplazaron o no el foco. Respecto a las fuentes, los tres medios apelaron fundamentalmente a fuentes institucionales oficiales, en su mayoría gubernamentales, y en menor medida utilizaron fuentes oficiosas.

 

El uso y el modo del tratamiento textual de fuentes posibilitaron reconocer un grado de mayor proximidad entre las narrativas de EC y EU, y la política institucional. Los lugares de enunciación de estos dos medios estuvieron atravesados por esta incomodidad, por lo que los modos de tratar el levantamiento actualizaron particulares lugares legitimados de habla, que iban más allá de las diferencias de regionalismos, sino más bien, se inscribían en posiciones de clase, ante la presencia de un otro étnico diferente, y habilitaron una posición más etnocéntrica.

 

El foco estuvo puesto en las consecuencias del levantamiento, en el trastocamiento de ese orden (apoderamiento, bloqueos, tomas de rehenes, etc.), y en los actores responsables de esas acciones. Por su parte, ET se diferenció en el tratamiento de fuentes y el centro focal estuvo en la legitimidad del levantamiento y el reclamo de derechos.

 

Este análisis pretende aportar nuevos conocimientos respecto a este fenómeno social gravitante en el escenario ecuatoriano de 1990, y brindar herramientas para su legibilidad, y contribuir con una lectura que permita comprender la contemporaneidad discursiva ecuatoriana en torno a la configuración de identidades y los pueblos originarios.

 

Bibliografía:

 

AA.VV (2° ed.) (1992). Indios: una reflexión sobre el levantamiento indígena de 1990 Una reflexión sobre el levantamiento indígena de 1990. Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales, ILDIS. Fundación Friedrich Ebert. Quito. Ediciones Abya-Yala.

Angenot, M. (2010).El Discurso Social. Buenos Aires. Siglo XXI Editores.

Gómez Iturralde, J. (1998).Los periódicos guayaquileños en la Historia. 1821-1997. Tomo III. 1921-1997. Guayaquil, Ecuador. Ediciones Guayaquil.

Lobo, C. (2014). “Los límites de lo decible en la construcción identitaria de lo puntano. La (in) visibilidad de las Culturas originarias en el discurso político del s. XXI”. En: Dalmasso, M. T y Ponce, H (Editores) Trayectos teóricos en semiótica Santiago de Chile, Chile. Ediciones/Gráfica LOM.

Verón, E. (1980) La semiosis social. Gedisa.

 

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Los lugares de enunciación (…) se inscribían en posiciones de clase, ante la presencia de un otro

étnico diferente, y habilitaron una posición más etnocéntrica.

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