POR QUÉ ME HICE MAESTRA

Entregado: 23-09-2014 / Aprobado: 30-09-2014

Por Mgtr. Sandra Guerrero Martínez

Magister en Gerencia y Liderazgo Educativo. Catedrática a tiempo completo de materias vinculadas con habilidades de lectoescritura de textos académicos y materias propias de pedagogía. También consultora free lance en temas vinculados a lo anterior y al desarrollo de habilidades del pensamiento.

Los Beatles en su apogeo, Velasco Ibarra en otro de sus mandatos. De madre peleada con la Iglesia y de padre “come hostia”. Así es el dónde y el de quién nace Ella.

Al verla a la distancia, con una abuela que lo primero que quiso ver si era ´blanquita´  y que por aporte cromosómico  del ADN, así sucedió, así fue como la bebe fue aceptada como LA nieta, de su abuelita riobambeña y, a mucha honra (de la abuelita), latifundista. Aquí me percato de algo, que el cóctel ideológico estaba comenzando a mezclarse.

Ella siempre estaba metida en ´conversaciones de mayores´ y ¡vaya que eran mayores sus padres!, mamá de cuarenta, papá de casi sesenta; la nena siempre estaba al tanto de todo acontecer político, económico, social, familiar y personal.  Además, que al haber aprendido a leer a los cuatro años, esto contribuyó con hacerla navegar por aguas de diferentes matices: las aguas claras de los cuentos infantiles y las turbias de El Manifiesto Comunista.  Por todo esto, ella simple y sencillamente disfrutaba de leer, de conocer, de saber, de observar, de escuchar y de opinar, opinar, opinar y opinar.

Como era la mayor de dos hermanos, resulta que siempre le hicieron creer que era la grande, la madura, la adulta: Con dos años de diferencia.  Esta situación la orilló a asumir que la infancia era cosa de niños y que ella era una niña GRANDE.  Y como todo adulto tenía que planear su futuro… a los siete años.

Presidente, sí, esa era la mejor opción.  Al fin y al cabo a esas alturas en Ecuador se vivían los estragos de la dictadura militar y en Latinoamérica los horrores de la misma… de lo que ella sabía, porque oía, y leía, y opinaba.  La democracia era la solución, un presidente democrático, por elección popular, ¡representando y defendiendo al pueblo, a las mayorías, al proletariado!  Pero, pero, pero el Presidente, ¿realmente se enteraría de lo que pasaba en las bases de la sociedad?  No, probablemente no.

Trabajadora social, sí, esa era mejor opción.  Estar en contacto directo con las necesidades básicas de la masa, gestionar sus soluciones, ayudar a… que pesquen.  No, esa tampoco era la solución.  Basta de apadrinamientos y amadrinamientos. A ella, desde chiquita le dejaron claro que los logros son propios, no “dados haciendo por otros”.

Y así. ¡Eureka! He ahí la solución para hacer Patria… no hay que “dar pescando”, hay que enseñar a pescar… si hasta el Hijo de Dios o ¿el hijo de dios? (ese es otro rollo), así lo hizo y ¡vaya! REVOLUCIÓN SOCIAL que logró.  Ella halló la solución: Ser maestra.  Enseñar a leer, enseñar a escribir, enseñar a pensar, enseñar a OPINAR.

De ahí, que ella es maestra por vocación, elección y convicción.  Amén.

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