MIRADA ECUATORIANA A LA LITERATURA

Lanzamiento del libro de Erwin Buendía

 El 11 de enero de 2012, a los seis años de la partida de Erwin Buendía Silva, la Universidad Casa Grande honró la memoria de su inolvidable colega, profesor y amigo, con el lanzamiento de su libro Si alguna vez llegamos a las estrellas que recopila sus mejores escritos sobre literatura fantástica y ciencia ficción. La biblioteca de la UCG tiene su nombre.

Esta oportunidad de poder acceder a los escritos de Erwin Buendía, no es solamente para hacer honor a su memoria, sino para hacer un aporte a la literatura del Ecuador.  Es una mirada a la literatura del mundo desde la perspectiva de un ecuatoriano.

Así calificó Leonardo Valencia, escritor y director del Laboratorio de Escritura de Barcelona, la obra de su amigo Erwin Buendía, que en su opinión tiene la peculiaridad,  además de dar una visión sobre ciertos autores y libros, de hacer coincidir y tenderles un puente a géneros considerados alejados o delimitados como son la literatura  fantástica y la ciencia ficción. Para él, leer este libro, disfrutarlo es un buena manera de aprender y sentir a Erwin cerca.

Erwin Buendía empezó a trabajar como profesor en la Facultad de Comunicación Mónica Herrera en abril de 1999. Luego, cuando se formó la Universidad Casa Grande, se convirtió en el primer decano de la Facultad de Administración y Ciencias Políticas.  Para quienes tuvieron la oportunidad de recibir sus clases, la experiencia fue memorable. Aún se escucha con frecuencia un enunciado como hecho histórico: Yo tuve clases con Erwin y el recuerdo está presente no solo en la Universidad Casa Grande que le rindió homenaje, sino en otras instituciones educativas como el Colegio Alemán Humboldt, el Liceo Los Andes, la Universidad Católica y la Universidad Santa María.

La Universidad Casa Grande no ha perdido a Erwin Buendía, ya que gracias a la generosidad de su familia recibió el legado de casi 4000 libros que reposan en la Biblioteca que lleva su nombre.

Un ensayista que convoca

Durante la presentación, Denisse Nader, profesora de la universidad y máster en creación literaria citó la frase del famoso dramaturgo y crítico literario T.S. Eliot: No dejaremos de explorar. Y el final de la exploración será llegar al punto de partida y conocer el sitio por primera vez, que alude al tema de la ciencia ficción, pero también al viaje personal de todos a través del tiempo. Cuando nos proyectamos a través del tiempo, no podemos dejar de pensar que Erwin podría haber sido un gran ensayista de ciencia ficción, expresó.

Para la catedrática, una de las cualidades del autor consistió en no perder nunca su ingenuidad de feliz optimismo por un mundo que parecía, podía ser mucho mejor, y no la ingenuidad en el sentido infantil, sino la ingenuidad en el sentido de una persona que espera lo mejor de sus lectores, sin malicia. Esto es maravilloso porque no nos está aleccionando, nos está convocando.

Leonardo Valencia: La claridad y la brevedad de estos artículos dan un panorama nítido y sencillo de las obras canónicas de la literatura fantástica y de la ciencia ficción Aquí hay notas concisas y reveladoras sobre Badbury, Asimov, Clarke, Philip K. Dick, Wyndham, Julio Verne, Stoker, Abbott Wells o Lovecraft, así como un abierto criterio de selección de autores que rondan una frontera difícilmente etiquetable como Borges, Kafka, Calvino, Collodi, Stevenson, Dickens, Capek, Boris Vian o Ana María Shua.

 

El reloj del fin del mundo

Historia incluida al final del Libro, escrita por Erwin Buendía a los 17 años

Yesvel se encontraba aquella tarde sentado en la silla carmesí de la modorra inconstante, cuando súbitamente sonó un timbrazo que lo sacudió por completo, llevaba sentado en esa silla los últimos siglos, mirando la diminuta pirámide que pendía sobre él y nunca había pasado nada importante, excepto sus cortas vacaciones milenarias de las cuales acababa de llegar.

Se viró y observó la mini pirámide que simulaba un reloj e inconsciente consultó el manual para saber que debía hacer en casos así. Efectivamente en la página 200 encontró una referencia con letra clara y grande: En caso de sonar el timbre del reloj EFM comuníquelo inmediatamente a su superior, la palabra inmediatamente se encontraba recalcada de manera tan especial que debía significar en verdad algo importante. Así pues, Yesvel se rascó su corta cabellera oscura y buscó a su superior más próximo, el arcángel encargado, pero éste tampoco sabía de qué se trataba el asunto.

–        ¿Qué debemos hacer señor?, preguntó Yesvel

–       Es preciso comunicárselo a su señoría el querubín Soriel.

Mientras Yesvel volvía pensativo a su aburrido puesto y se sumía en el sueño intranquilo de su silla, el arcángel encargado recorrió los grandes corredores del edificio hasta llegar al despacho de Soriel, en la puerta No. 56657, tras llamar entró lentamente para no molestar a Soriel, que se encontraba con una montaña de papeles sobre su escritorio en forma de dodecaedro.

Soriel firmaba sin descanso las solicitudes de nacimiento, labor que desempeñaba desde la gran división celestial.

–       ¿Qué se te ofrece Quinbel?, preguntó el querubín sin levantar sus ojos de las actas que firmaba con el dedo.

Quinbel, el arcángel encargado, informó a Soriel lo que el ángel Yesvel le había contado y por un instante Soriel, dejó tranquilo su dedo firmador…Y al no poner su visto bueno en las actas de nacimiento…nadie nació en la tierra durante tres minutos…Lo que duró esa conversación…

–       ¿Sabe lo que significa esa campanada Quinbel?

–       No su señoría, contestó en el acto el arcángel

–       ¿No estabas tú aquí la última vez que sonó?, preguntó Soriel mientras se levantaba de su sillón color verde infinito

–       Tanto Yesvel como yo y los demás de la sección A nos encontrábamos de vacaciones su señoría y explicó que la mayoría en esa sección son nuevos en ese trabajo como él mismo y Yesvel, recién había tomado su puesto en el 472071.

–       La última vez que sonó el reloj de EFM, fue cuando Leo Da Vinci descubrió la bomba atómica y la fórmula de la coca-cola a la par en el 327003610, escucha esto es muy importante dirígete a su magnificencia el serafín Gabriel.

Gabriel no se sorprendió mucho al escuchar la noticia, agradeció a Quinbel y al salir éste, subió a su ascensor de su uso exclusivo, tras 23 segundos llegó al último piso.

–       Deseo hablar con el creador, dijo Gabriel al ángel secretario que leía caricaturas junto a la gran entrada.

–       Él se encuentra en este momento muy ocupado, respondió el secretario en tono solemne pero alegre al mismo tiempo.

–       ¡En verdad es urgente!

Exclamó Gabriel, dándole tal expresión a su voz que el ángel secretario lo condujo  a una estancia donde estaba el Todopoderoso escuchando el inició del Mesías, el Aleluya de George Friedrich Haendel coreado por la voz de 1007 ángeles cantores.

–       Su omnipotencia, dijo Gabriel, lamento interrumpirlo pero el reloj del Fin del Mundo ha dado una campanada otra vez.

El coro celestial calló de pronto, durante segundos que al serafín le parecieron infinitos. El Señor no dijo nada, luego agregó:

–       Tú sabes lo importante que es esto Gabriel, llama a los otros miembros del Consejo y diles que tenemos menos de 6 horas para decidir el destino de la tierra… Ahh y no quiero que nadie haga comentarios sobre esto, si la noticia llega al planeta en cuestión, no quiero saber que 8 mil Testigos de Jehová se reúnen en Roma a esperar que los ancianos se vuelvan niños y los negros, rubios.

Gabriel envió comunicados a los nueve miembros restantes del Consejo: Miguel, Rafael, Daniel, Satriel, Tariel, Asael, Raquel, Barraquiel y Lonuel.

Y así los diez miembros empezaron a sesionar junto con su Presidente, faltaban cinco horas y quince minutos.

La sesión se abrió con el discurso de Tariel en el que, entre otras cosas, se expuso el problema: La campana había sonado porque el Señor Presidente de los Estados Unidos, el señor R, había sido reelegido para su cargo, eso aumentaba el riesgo de una catástrofe nuclear, hasta el punto que el reloj de EFM, había sonado nuevamente.

Luego Barraquiel condenó la actitud humana, a la que calificó de estúpida y su voto lo dio para acabar de una vez con lo que definió como un dolor de cabeza desde su creación, la raza humana.

Yavé se limitó a oír todas las observaciones que se hacían en torno a los seres humanos y su forma de vida, aunque también surgieron los aspectos positivos, las acusaciones que se hacían sobre el planeta Tierra y sus habitantes era tan duras que El Omnipotente mostraba un rostro preocupado al máximo. Incluso más, que aquella vez en que Arquímides estuvo a punto de terminar los planos de su avión a propulsión y el Consejo decidió, para salvar al mundo, que el sabio tomara un baño y se olvidara del problema de volar a dos mil kilómetros por hora.

–       Bueno, creo que ya se ha hablado bastante, dijo Dios sin perder su eterna calma. ¿Qué es lo que decide la Asamblea?

–       Señor, exclamó Lonuel, si decidimos algo que está en contra de vuestro divino deseo, podéis cambiar de decisión, con sólo así desearlo.

Faltaban cuatro horas, seis minutos. Él se limito a hacer una señal afirmativa, como diciendo “Lo sé, lo sé”.

Entonces se procedió a votar, cada uno de los miembros disponía de quince minutos para razonar el voto y dar su decisión. Por lo tanto los diez serafines, tardarían dos horas y media en dar su veredicto, tal vez…fatal.

La votación transcurrió sin que el creador dijera una sola palabra, todas las veces anteriores él había defendido su obra como una especie de abogado divino, pero ahora solo callaba y decía sí con la cabeza.

La votación quedó milagrosamente empatada, cinco sí y cinco no.  Faltaba solo el fallo del Supremo.

Pero que diría Dios, ¿se habría arrepentido por fin de su creación? ¿Decidiría acabar con ella?

Una vez terminada la votación se guardó un profundo silencio en el enorme salón. Los segundos y las horas se volvieron una especie de amalgama que ni los serafines podían diferenciar con facilidad.

Faltaba una hora y media apenas…una hora y media…

Por fin Yavé quebró su silencio con un suspiro que absorbió todo el aire de la exósfera, los serafines se miraron y por primera vez desde la división celestial, tuvieron un extraño sobrecogimiento que erizó su cortísima cabellera negra y congeló los seis pares de alas de cada uno de ellos.

Si la votación de él era sí, apenas de dispondría de poco menos de una hora y cuarto para ordenar Quinbel, el serafín que se encargaba de la fauna apocalíptica, que soltara lo predicho por San Juan.

El Omnipotente se levantó, y comenzó a aflojar palabras:

–       Vuestra opinión sobre el futuro del homo sapiens sapiens, es la correcta. Sea cual fuere la determinación tomada por cada uno de ustedes, yo sólo les pido que vean esto y luego se haga lo que se debe hacer.

El señor los condujo a todos al lugar donde tenía su receptor de mensajes. Faltaba una hora y seis minutos. En esa estancia tenía él millones de pantallas de mini televisión, en cada una de las cuales tenía a una persona de distintos países, razas y religiones, que en ese momento del día estaban rezando y pidiendo al Buen Dios que los protegiera, que les diera de comer, de vestir, que les consiguiera un futuro seguro o que les perdonara el mal que habían hecho.

Ellos no sabían nada de mísiles, ni de guerra fría o aún menos de una guerra final o nuclear. La escena era conmovedora y por un momento los serafines olvidaron su condición de ángeles y se sintieron tan hombres como Cristo en el desierto.

Aún los serafines más duros, acostumbrados a  cosas terribles, se turbaron.

–       Veis hijos míos, dijo Dios con una triste sonrisa, yo no les puedo fallar a ellos.

Y si no han visto llorar a los serafines el espectáculo es imposible de describir con simples palabras, cada una de sus lágrimas de mercurio que calló a la Tierra, arrepintió a diez mil pecadores e hizo cantar a los peces rojos y azules del mar. El creador sabía que sólo las lágrimas de los serafines puros de piel carmín, podrían rescatar al mundo.

Así la humanidad se salvó por sexta vez de ser aniquilada por completo. El consejo encontró una nueva solución al problema. ¿Será esta tal vez la última ocasión?

Mientras tanto Yesvel volvió a mirar con desdén el mini reloj piramidal sobre su cabeza, observó como la luz extraña de un color imposible de describir para los ojos mortales se apagaba de pronto, por completo.

Yesvel se acomodó en su silla de los sueños y volvió a quedarse dormido, durante otros siglos, ignorando que Yavé quería dar otra oportunidad a los hombres.

Entre sueño y sueño le llegó la frase: Cada vez que nace un niño, pienso… Dios todavía espera del hombre. Jamás sabrá la verdad y seguirá soñando sin parar, por mucho tiempo o quizás…menos.

 

 

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