EL HABITANTE

 

Entregado: 02-09-2015 / Aprobado: 15-09-2015

Por Andrea Itúrburu

 

Graduada de la Universidad Casa Grande en Comunicación Social. Amante de la literatura y las redes sociales. Escritora de vocación y publicista de profesión.

Para algunos, la oscuridad es sinónimo de muerte, de la finalización de algo. Para mí, fue el comienzo de una nueva vida.

Ahí estaba yo. Sumergido en la soledad del color negro, que finalmente es la ausencia de color, sabiendo que mi vida estaba a punto de cambiar. Empecé a moverme lentamente. Sentí el frío de la sábana entre la yema de mis dedos. Mis manos. Mis nuevas manos.

Repasé una vez más cómo me llamaba: “Ignacio Salvador, tengo 60 años y lo primero que haré al salir de aquí será caminar descalzo en la playa” Me sigo moviendo. Mis piernas comienzan a temblar y por un momento creí que estaba a punto de darme un calambre, pero…estaba ahí… ¡Sentía mis piernas!

Poco a poco esa oscuridad en la que estaba metido se comenzó a aclarar. De pronto, lo negro se volvió gris…y así cada vez la intensidad de la luz se hacía más fuerte. Abrí los ojos. Les había exigido que traten que lo primero que vea al despertar, no sea la luz del quirófano, pero en vano.

“¿Hola?” mi nueva voz sonaba algo extraña, supongo que poco a poco me acostumbraré.  “¿Hola?”

-¡Qué bien que ya está despierto! –dijo la enfermera–. Ahorita lo ayudo a pararse; déjeme ir a prepararle su medicina y avisarle al doctor para que lo revise.

Por primera vez en mucho tiempo podía decir algo con mi voz, aunque esa voz no suena como la que estaba acostumbrado hace muchos años, me pertenece ahora.

Viré lentamente mi cabeza hacia la derecha. En medio de tubos de respiración artificial, pude ver mi antiguo cuerpo. En ese recipiente defectuoso había vivido tanto tiempo. Dolores crónicos, pastillas, tratamientos, todo había acabado. Y sin darme cuenta, ya me había parado junto a lo que un día fui yo. Agradeciéndole al joven ser, que ahora habitaba en él.

“No sé en qué momento abrí los ojos y me vi, parado junto a mi cama. Me va a tomar mucho más tiempo acostumbrarme a ser viejo”.

Ignacio Salvador y Augusto Ramírez. De los primeros en realizarse un trasplante de cerebro. Año 3050.

 

Escrito por

Comentarios cerrados.