RELACIÓN DE LA MODERNIDAD LÍQUIDA EN LAS INDIAS

Entregado: 06-12-2014 / Aprobado: 09-12-2014

Por Enrique Mendoza F.

Estudiante del segundo año de la carrera de Periodismo de la Facultad de comunicación Mónica Herrera de la Universidad Casa Grande. Realiza pasantías en el diario Expreso

Mucho antes de la llegada de Cristóbal Colón a nuestras tierras, había un sistema bien planificado y desarrollado, del que nunca se nos había contado. Los pueblos étnicos querían tronar en nuestros oídos con su silencio, para decir que allí estaban. Las ciencias humanas de occidente escucharon. El tiempo está cambiando: nos fuimos educando y relacionando con los que mandan. Quién creería que luego de haber sido torturados, utilizados, engañados, de que se haya jugado con la perplejidad de un pueblo que se basaba en la reciprocidad, la complementariedad y la redistribución, ahora, el futuro está en parte en sus manos.

Se dice que en la actualidad vivimos la precariedad de los vínculos humanos, en una sociedad individualista y privatizada, marcada por el carácter transitorio y volátil de sus relaciones. Pero tenemos la ventaja de vivir en una zona poblada por personas que aún, luego de centenares de años, siguen disfrutando de las relaciones de parentesco, y que aunque pocos lo comprendan, esto influye en nuestro destino.

Cobarde aquel que sepa la realidad y no quiera hacer eco de los relatos que le contaron. A los colonizados los obligaron a asistir a una farsa, con el propósito de que sean esclavizados. A los ancestros no les importaba si era de noche, o si el mar estaba agitado, o si en la selva había ruido, porque la naturaleza hablaba, decía algo, se podía dialogar con ella. Se gozaba la vida con la acumulación de parientes, no de mercancías.

Para hacer algo con otros, había que emparentarse de determinadas maneras. Colaboraban recíprocamente, y se repartían los frutos del trabajo en convivencia, sin que las diferentes lenguas fueran una barrera infranqueable. Se concebían como hijos de la tierra, del sol, las estrellas, del mar y los ríos. Navegaban por el océano con sus balsas, hacia el horizonte, portando el preciado Spondylus, un objeto de gran valor ritual. Surcaban hacia el norte y hacia el sur, encontrando en cada orilla un pariente al cual vincularse. Se sumergían con el permiso de sus dioses y en el fondo del mar encontraban a la luna reposando en las profundidades. Recogían de los ríos el sol que había derramado lágrimas de alegría, el oro.

Sus emblemas no eran el dinero, la política, ni la economía, ni darse la “gran vida”. Comprendían los ciclos de la tierra, sabían que existían más hombres iguales que ellos. Crearon lazos firmes, su lenguaje era bueno. Sus creencias, respetar la vida.

Los indígenas sobrevivientes buscaron refugio en sus comunidades, que los españoles tuvieron que tolerar. Al principio, los europeos sólo querían el botín de metales preciosos. Luego organizaron el Estado Colonial con sus pesadas administraciones para garantizar el cobro de tributos. La población étnica usó el nuevo orden para mantener su propio sistema de vida, hasta donde pudieran hacerlo. Del proceso de colonización se puede rescatar la formación de una mega diversidad de sociedades. Lo multicultural permite la existencia de una pluralidad de brechas entre las diferentes formas de vida social; fuente de invenciones inesperadas.

Lo que no hay que negar es que es muy difícil encontrarse a sí mismo culturalmente, porque el choque entre dos civilizaciones que no se conocían, dejó un vacío. Los nuevos ordenadores cumplían su propia ley a medias. La creencia en Occidente es ambigua. Sin embargo, ese vacío tuvo como respuesta la mezcla de los cuerpos, y la invención de la cultura mestiza, que luego fundó la República.

Aunque no podemos condenarnos por un pasado traumático, porque la historia de las casualidades creó diversos caminos, y por lo menos podemos tener claramente fijado nuestro destino por lo que queramos. El poblador étnico no se quedó estancado, supo moverse ante las nuevas condiciones, mientras mantenía su amistad con el viento y el agua, para saldar sus emociones.

Pero intentando una precisión, la ciudad disuelve la tradición y también aglutina las disparidades. El pequeño mundo de intereses urbanos, tocados por la globalización, predomina. En contraste, en el mundo rural hay leyendas como la de Saraguro, que dice así:

Una mujer indígena de la parcialidad de las zarzas, a mil kilómetros del lugar del suplicio de Atahualpa gritó, entre sollozos, en medio de la Plaza de Saraguro: “¡Chapipunchapitutayarca! ¡Anocheció a la mitad del día!” Desde entonces, a más de cuatrocientos años de la muerte del último de los Incas, los indígenas de Saraguro, Paquishapa, Tenta, Manu, hasta la propia ciudad de Loja, se visten rigurosamente de negro. No hay nada más nuestro, que nuestros ríos, nuestra selva, nuestra manera de ser.

El futuro está más que nunca de nuestro lado, porque generación tras generación vamos aprendiendo a respetar. El pensamiento de Occidente pesa y el amor se hace flotante, sin responsabilidad hacia el otro. Muchas veces el vínculo sin rostro que ofrece la Web nos aísla. Surfeamos sobre las olas de una sociedad líquida, siempre cambiante, incierta y cada vez más imprevisible, mientras asistimos al resquebrajamiento del Estado del bienestar y del neoliberal, hablando en términos globales. Pero, justamente es aquí donde sacamos provecho de lo que queda como resto, con lo cual podemos hacer la diferencia.

Ahora bien, no me exijan que me quede donde vivo, porque mi techo es solo para dormir. Vine al mundo a descubrir, no me aprietan las fronteras, porque sé que en la cordillera, otro igual que yo me espera. Así fue siempre, así fui libre. No me pidan en migración que no cruce la frontera… de mis deseos.

Bibliografía

Anocheció a la mitad del día: leyendaSaraguro (Ecuador). Internet: http://chuma.cas.usf.edu/~swohlmut/latam/civindigen.html#anochecio

Revista observaciones filosóficas. Internet: http://www.observacionesfilosoficas.net/zygmuntbauman.html

Los Koguis, “hijos del Jaguar” vuelven a su madre, el mar. Internet: http://tuplanetavital.org/actualidad-planetaria/los-koguis-hijos-del-jaguar-vuelven-a-su-madre-el-mar/

 

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