POPULISMO NACIONALISTA Y SOCIALISMO MARXISTA

Entregado: 14-09-2015 / Aprobado: 20-09-2015

Por Michelle Aguirre

Estudiante de la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Facultad de Administración y Ciencias políticas de la Universidad Casa Grande (UCG).

El populismo, a diferencia del socialismo marxista, es de carácter ambiguo; permitiendo su presencia en una diversa amalgama de fenómenos políticos, que en concepto se presentan como contrarios (Torres, 1987, p. 159). No obstante, tienen como punto de referencia la formación de unidades de identidad como nación y pueblo (Torres, 1987, p. 179). Es precisamente en la creación de esta identidad, en la que surge el papel del líder como la materialización simbólica de las demandas insatisfechas respondiendo a los intereses de la nación (Couffignal & Ramírez, s.f., p. 201). En consecuencia, el líder representa la voluntad del pueblo mediante la articulación de los “deseos populares que han sido sistemáticamente ignorados o reprimidos por el sistema vigente” (Torres, 1987, p. 175), creando una identidad popular nacional. Por su parte, en el socialismo marxista, el partido aparece como la representación de la clase obrera que dirige el cambio del sistema para alcanzar la dictadura del proletariado (Harnecker, 2008, p. 65).

Al hablar de la voluntad del pueblo, se necesita definir quién es el pueblo. En el populismo nacionalista de Perón, el pueblo era conformado por los descamisados, “los peones de suburbio” (Torres, 1987, p. 172). Se entiende pues, que es concebido como una “masa homogénea, cuya coherencia está asegurada exclusivamente por la presencia del líder” (Laclau, 2011, p. 81). En este caso el enemigo vendría a ser el anti-pueblo, el sistema vigente y sus representantes que niegan los intereses populares. Empero, este antagonismo de amigo-enemigo[1] no se da entre una lucha de clases como sucede en el socialismo marxista, sino entre la identificación del pueblo como nosotros –virtuosos– y el anti-pueblo como ellos –malignos – (Torres, 1987, p. 173).

En el socialismo marxista, el antagonismo se da mediante una lucha de clases, donde el enemigo es la burguesía. La lucha entre el proletariado y la burguesía forma la propia lógica del socialismo marxista tradicional, siendo la clase burguesa “una minoría que impone sus intereses al resto de la sociedad” (Harnecker, 2008, p. 124). Sin embargo, es necesario resaltar que las condiciones de esta lucha se han modificado significativamente en la actualidad. El antagonismo de las clases sociales del siglo XXI se agudiza en la explotación a nivel global (Spino, 2001, p. 3). De esta manera, el enemigo viene a ser las grandes transnacionales que explotan a la mano de obra y a la naturaleza, y los países imperialistas que oprimen a los países en vías de desarrollo (Spino, 2001, p. 1).

Si la democracia es considerada como la hegemonía de la mayoría, la dictadura del proletariado “no es sino la otra cara de la democracia popular más amplia” (Harnecker, 2008, p. 124). En cambio, si la democracia es percibida como un consenso de todos los intereses de la sociedad, la dictadura del proletariado sería antidemocrática pues ignora permanentemente las demandas de la clase burguesa.

Igualmente, si la democracia es entendida como el “conjunto de interpelaciones por las que el pueblo toma conciencia de su identidad a través del enfrentamiento con el bloque de poder” (Laclau, 1987; en Torres, 2008, p. 166), el populismo nacionalista es esencialmente democrático, pues actúa como un dispositivo de participación para lograr la conformación de una nación fundamentada en la soberanía del pueblo.

En el populismo nacionalista, el pueblo logra su dignidad mediante la continua construcción de unidad a través de la suma de sus demandas en una sola identidad. La estructura política es constantemente alimentada por las necesidades del pueblo, creando una voluntad popular que verdaderamente representa los intereses nacionales.

Por otra parte, el socialismo marxista propone la dictadura del proletariado como el fin de la lucha de clases. Esto quiere decir que el pueblo, sometido por las fuerzas de explotación concebidas en el sistema, recupera su dignidad mediante la imposición de sus derechos al ser reinsertados a la esfera política.

En conclusión, tanto el populismo nacionalista como el socialismo marxista se fundamentan en la simbiosis con el pueblo, donde el líder y el partido representan un papel inherente en la consolidación de una identidad que busca redimir al sector ignorado por la sociedad. Sin embargo, es en la formación de estas identidades donde se encuentra la distinción entre la lógica dogmática e ideológica del socialismo marxista, y la lógica ambivalente del populismo nacionalista.

 

Referencias

 

Couffignal, G., & Ramírez, R. (s.f.). ¿Retorno del populismo en América Latina?. Obtenido de http://www.bdigital.unal.edu.co/1508/9/08CAPI07.pdf

Harnecke, M. (2008). Reconstruyendo la Izquierda. México: Siglo XXI.

Laclau, E. (2011). La razón populista. Argentina: Fondo de Cultura Económica.

Spino, Z. (2001). El Marxismo y las Luchas de Clase en el Siglo XXI. Cuba: ISCM.

Torres, S. (1987). El Populismo Un Concepto Escurridizo. En J. Álvarez, Populismo, Caudillismo y Discurso Demagógico. Madrid: Centro de Investigaciones Sociología.

 

 

[1] Concepto de Carl Schmitt en su libro El concepto de lo político, 1999.

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