LA INTEGRACIÓN ANDINA

Entregado: 10-05-2016 / Aprobado: 12-05-2016



 

Por Andrés Briones


Máster en Comercio Exterior (Universidad Carlos III de Madrid). Ingeniero en Administración y Ciencias Políticas (Universidad Casa Grande – UCG). Docente-investigador en las áreas de internacionalización de empresas y emprendimiento en UCG. Presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios del Ecuador (AJE). Presidente de la empresa Forth Right Trade Solutions y Consultor del Banco Mundial.

 

Al caminar por las calles de Guayaquil, bajo un sol de esos que nos cambia el ánimo, estuve pensando en la situación que atraviesa la integración regional y me hice la siguiente pregunta: ¿Qué detiene el proyecto de integración en lo político y económico de las naciones andinas?  Hasta el momento no hemos conocido un prototipo de hombre político que fomente el espíritu andino en la conciencia individual del ecuatoriano, colombiano, peruano, boliviano y venezolano, es decir, la importancia de ver más allá de la circunscripción territorial para abrazar un proyecto integracionista que nos convierta en ‘ciudadanos andinos’.

 

Herederos de un pasado histórico común, un mismo lenguaje, con sistemas de gobiernos democráticos, las naciones andinas no han pasado del segundo nivel de integración (Zona de Libre Comercio) hacia el último y pleno, que a la Unión Europea le costó realizar. Pero bien, ¿qué nos diferencia de los europeos?

 

Después de la II Guerra Mundial las economías de Francia y Alemania quedaron quebrantadas. Como consecuencia los ciudadanos de ambas naciones entendieron que la cooperación y tolerancia se daría si el vencedor y vencido se aliaban, estrechando sus relaciones comerciales.

 

Fue así como en 1951 el Tratado de París permitió la constitución de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, y posterior a esa fecha, durante los últimos 57 años han servido para fortalecer la Europa comunitaria. Lo que empezó con cinco naciones (Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Francia y Alemania Federal) hoy es una entidad supranacional que acoge a 27 estados, todos bajo un solo esquema monetario, aduanero y comercial.

 

En 1946 era impensable una Europa unida, sin embargo, europeístas como: Conrad Adenhauer, Robert Shuman y Jean Monnet, trabajaron incansablemente por alcanzar una paz definitiva, bajo la fórmula “Afiencemos nuestras relaciones económicas y políticas, para paso seguido crecer en armonía”.

 

El ejemplo de los estados europeos, nos hace meditar y plantearnos a la vez si es posible la integración andina, ¿qué prejuicios debemos vencer casa adentro?

 

El Acuerdo de Cartagena, firmado en 1969 tenía como propósito el desarrollo industrial de la región y el establecimiento de una Zona de Libre Comercio, sin embargo, el poco entendimiento y el afán por proteger las industrias nacionales hicieron que la eliminación de las barreras arancelarias no se consiguiera en el plazo acordado.

 

Tuvimos que esperar hasta la década de los 90 para reactivar el proceso de integración y culminar la conformación de la Zona de Libre Comercio y esta vez, avanzar hacia el perfeccionamiento de una Unión Aduanera con el establecimiento del Arancel Externo Común y el Sistema Andino de Franja de Precios.

 

Empero, lo esperado no se acogió a la realidad; en el 2007 los países andinos solicitaron a la Secretaría de la Comunidad Andina que se dejara sin efecto el Arancel Externo Común, para así permitir que cada país diseñara su política arancelaria. Este pedido, por el momento, ha dejado en suspenso lo que en inicios se consideró el primer intento para llegar a la Unión Aduanera.

 

En lo político, la guerra ecuatoriano-peruana detuvo la cohesión política regional, pese a la existencia del Protocolo de Trujillo en 1996, hito importante, ya que constituye el primer intento serio por establecer un Sistema de Integración Andino entre los estados miembros.

 

Posterior a 1999, y una vez alcanzada la paz entre Ecuador y Perú, nuevos fantasmas se ciernen sobre la región: la contraposición ideológica izquierda-derecha que desencadenó el abandono de Venezuela, el Plan Colombia y el fracaso del organismo andino para dirimir problemas internos, hicieron que la Comunidad Andina sufriera un desgaste sin llegar a convertirse en un actor político de importancia en la región.

 

La crisis colombo-ecuatoriana no pudo ser resuelta en el seno del Consejo Presidencial Andino, más bien, los presidentes Correa y Uribe, en su último mandato, acudieron a una serie de organismos latinoamericanos, sin tener en mente que una posible solución pudiera darse en la casa andina.

 

Es necesario que el proceso de integración se fortalezca; hoy, en el mundo, los países se asocian e integran debido a la globalización. La idea que impulsa esta evolución sociopolítica es: en conjunto tenemos peso para hacer valer nuestros legítimos intereses.

 

Ante el estancamiento andino y los liderazgos efímeros, la educación ciudadana es un compromiso que se debe abanderar. Existe un gran esfuerzo por parte de la Secretaría General, en colaboración con la Universidad Andina Simón Bolívar, en trabajar con los Ministerios de Educación para incluir en el currículo de educación primaria y secundaria unidades de educación sobre integración andina.

 

Pregunto: ¿Cuántos de ustedes vieron en sus colegios algo así como la historia de la región andina? Se sorprenderán al descubrir los vínculos históricos que mantenemos los ecuatorianos con los peruanos, bolivianos y venezolanos. Es más, los invito a dar el primer paso para descubrir lo andino, e inspirarnos en el pensamiento de Eugenio Espejo, Antonio Nariño y Andrés Bello.

 

Conocer nuestra historia, hacer prevalecer nuestra cultura y costumbres, sentirnos orgullosos de nuestro trabajo, viajar y conocer, salir de lo local y abrazar el sueño de muchos visionarios andinos que han dejado un largo legado. ¡Ya es hora de empezar a creer en la nacionalidad andina!

 

 

 

 

 

       

Escrito por

Comentarios cerrados.