LA FIESTA DEL PENSAR

Por Tomás Rodríguez
 
Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los “cómo”.
F. Nietzsche
 
Máster en Comunicación (Universidad de La Habana) con cuatro Diplomados. Actualmente se encuentra cursando el Doctorado en Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires). Docente de Pregrado y Posgrado en Ecuador, Argentina, y Cuba. Comunicador Organizacional de la ONG Misión Alianza.

 

La filosofía es peligrosa: El peligro de cuestionar lo cimentado en años, de poner en duda todo lo que creemos como eterno, inmutable, natural. Es acercarnos a la fuente de las ciencias, sin ser ella misma una ciencia de aplicación moderna. Nos acerca a estudiar al Ser como centro último de las cosas, a los fenómenos, a los objetos, y a orientar la vida misma hacía su concentración última: La felicidad.

Si tenemos que, peligrosa y arbitrariamente, resumir en una frase la Filosofía, plantearíamos que es la destrucción de toda certeza a partir de dudar de todo. Una vez comprendida su complejidad, el afán de comprender en su vasta dimensión al Ser, nos vemos atrapados con sus sistemas, métodos, escuelas, corrientes, formas. Mientras más deseamos alejarnos, más nos atrapa.

El posmodernismo, y su hermana la globalización, estimulan a que las personas la miren con desconfianza, y salta gloriosa cuando visualiza en ella fisuras. Está lejos de entender, por convicción o conveniencia, que justamente la filosofía vive, y respira por la contradicción. Que en cada corriente filosófica se germina dentro de sí misma, los cimientos que lograrán generar otra propuesta. No en vano, dentro del reflexionar filosófico, es que se germina la ecuación más general que impulsa la evolución de las ciencias tesis – antítesis –  síntesis.

La Filosofía y sus filósofos, no están exentos de ser abordados a partir del análisis de su tiempo, espacio, relaciones objetivas, subjetivas, relaciones de producción económica y social. Por lo tanto sus teoremas son, entre otras cosas, un ejercicio de vitalizar o agrietar la sociedad que les tocó por cuna.

Como bien indica Franco Volpi (Prólogo): Los verdaderos problemas filosóficos no acosan al hombre para que los resuelva, sino para que los viva (Feinmann, 2009. Pág.9), puesto que no se enseña Filosofía, ni mucho menos el camino filosófico, sino el pensar filosóficamente.

Introducirse a la Filosofía es abrazar un cántaro revitalizador de ideas, pensamientos,  análisis, explicaciones de fenómenos, acciones y reacciones naturales y humanas. Nos acerca a meditar la fuerza de nuestros principios y convicciones.

La Filosofía nos recomienda estar alerta: pues la vida no siempre premia la inteligencia, pero siempre, inexorablemente, castiga la estupidez (Feinmann, 2009. Pág.10). El amor, la virtud, la vida, la alegría, el pesimismo, la soledad, la supremacía, éstos y demás temas que llenan de vértigo y congoja a los seres humanos son abordados magistralmente por la Filosofía desde decenas de ópticas diferentes, distintas, y hasta en las antípodas.

Después de entrar en ella, es imposible ser el mismo: Nos deja más fuertes, o más débiles, más seguros o más inciertos, pero nunca como antes.

Cuando leas estas líneas, ya habremos pasado por las fiestas del pensar de Buda, Confucio, los Presocráticos, los Sofistas, Sócrates, Platón, Aristóteles, Descartes, Locke. Te esperamos para Kant y sus gafas, Hegel y su Estado, Marx y su Materialismo, Schopenhauer y su representación de la Voluntad, Kierkegaard y su salto de Fe, Nietzsche, ¡¡ah!! El que habló de todo, Bakunin y su Anarquismo, Sartre y su Amor–Conciencia, y más, mucho más….Te invitamos a este viaje (jamás finito) del pensar.

 

 Bibliografía:

  • Colectivo de Autores. Diccionario de Filosofía. Editorial Progreso, La Habana, 1984.
  • Feinmann, José Pablo. La Filosofía y el barro de la historia. Quinta Edición. Editorial Planeta. Buenos Aires, 2009.

 

 

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