FEMINISMO 2016

Entregado: 27-04-2016 / Aprobado: 30-04-2016

ENSAYOS

Feminismo en el 2016

Por Adriana Cassis Jurado

Estudiante de cuarto año de la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, con mención en Comunicación Política de la Universidad Casa Grande (UCG). Primer lugar en concurso de becas de la UCG (2013). Ayudante de cátedra y ex pasante en la Dirección de Investigación de la UCG.

“Pero ya hay igualdad, ¿por qué eres feminista?”, me preguntan de una u otra manera. Puede que exista equidad ante la ley, y que Ecuador tenga una representación histórica femenina en la rama legislativa, pero se necesita más para decir que se ha logrado la igualdad.

La desmitificación de la mujer y el hombre, lo femenino y lo masculino, es un proceso que está lejos de terminar. Se han ganado batallas por la erradicación del sexismo en la ley, pero en la cultura cotidiana falta mucho campo por conquistar.

Exactamente, ¿qué es el feminismo? El principal planteamiento del movimiento feminista es la igualdad de los sexos, de cambiar los paradigmas machistas y eliminar aquellas creencias que atribuyen características a las personas a partir de su sexo.

La primera ola del feminismo se da en el siglo XVIII, y se enfoca en la lucha por los derechos civiles como la educación y el voto; la segunda ola surge desde la segunda mitad del siglo XIX, cuando las mujeres continúan exigiendo sus derechos y también cambian sus estilos de vida; y en la tercera ola, desde la segunda mitad del siglo XX, se estructura el pensamiento feminista (Universidad de Alicante, 2015). De igual manera más mujeres acceden a la educación en todos sus niveles, aparece la pastilla anticonceptiva, hay cambios en la legislación y sobretodo, se crean varias corrientes dando lugar, por ejemplo, al feminismo socialista, radical y liberal (Íbidem).

Actualmente, se discute sobre cuáles son las luchas de la cuarta ola. Algunos afirman que se trata de combatir valores sociales sexistas, racistas y clasistas que afectan a las mujeres, así como la auto-percepción de ellas mismas. Es aquí donde puedo señalar que el feminismo todavía es necesario.

Las olas anteriores combatieron leyes excluyentes que solo concedían derechos a los hombres, abriendo paso para que las mujeres pudieran educarse y formarse como profesionales. Sin embargo, los cambios en las leyes no significan necesariamente un cambio en las concepciones socioculturales.

Muestras de que el machismo y la desigualdad persisten se encuentran en todas partes. Por ejemplo, en nuestro país, representantes gubernamentales han emitido comentarios como: “Yo no sé si la equidad de género mejora la democracia, lo que sí es seguro es que ha mejorado la farra impresionantemente (…)” (La República, 2012). Desmerecer la equidad de género en una democracia es equivalente a afirmar que la participación de las mujeres no es importante. En otros lugares la situación es mucho peor.

India tuvo su primera Primer Ministra en 1966, lo que algunos llamarían evidencia de que las mujeres en ese país tienen las mismas condiciones y oportunidades que los hombres.

Sin embargo, al observar de cerca la cultura dice lo contrario: 45% de las niñas indias se casan antes de los 18 años, de acuerdo con el Centro Internacional para la Investigación sobre la Mujer (2010); un reconocido escritor y autor de La India. Retrato de una Sociedad afirmó: “Una hija es fuente de miseria, mientras que un hijo es el salvador de la familia”, lo que explica que el censo de 2011 mostrara que seis millones de niñas fueron abortadas en la última década en el país asiático; además, cada 20 minutos se denuncia una violación en el país (León, 2013; Pidd, 2012).

Ruanda, caso icónico por ser el país con mayor número de mujeres en el parlamento (63,8%), no proyecta la misma igualdad fuera de la rama legislativa. Un informe de 2011, del Centro de Recursos para los hombres de Ruanda, afirma que 57% de las mujeres encuestadas ha experimentado violencia de su pareja, mientras que el 32% de las mujeres habían sido violadas por sus maridos (Topping, 2014).

Ecuador, India, Ruanda y muchos otros países han sido inclusivos en sus leyes y sus gobiernos, pero no en su cultura, y eso no depende de la ley. Al menos a 200 millones de mujeres y niñas se les ha practicado la mutilación femenina en 30 países, según las nuevas estimaciones publicadas en las Naciones Unidas, y más de 700 millones de mujeres que viven hoy, se casaron cuando eran niñas (Unicef, 2014). Estas prácticas, aunque ilegales, se mantienen por tradición y cultura, porque en tales sociedades eso significa ser mujer.

Globalmente, las cifras demuestran que la mujer continúa sumergida en una cultura que la minimiza por ser mujer.

El trabajo para el feminismo actual es desmitificar lo que significa ser mujer y hombre. Erradicar concepciones como aquella que dice que ser hombre es ser fuerte, y ser mujer, frágil. Avanzar hacia una cultura en la que el sexo no se acompaña de estereotipos y expectativas. La lucha por la igualdad no debe ser únicamente a través de la ley y mediante esta, sino también en aquellos espacios en los que la ley no rige, como lo es la cultura y las construcciones sociales.

Bibliografía

La República (2012). Ocho asambleístas critican a Correa por machista. Recuperado de http://www.larepublica.ec/blog/politica/2012/01/10/maria-paula-critica-a-correa-por-machista/

Leon, Jaime (2013). El machismo, telón de fondo de las violaciones en grupo en la India. ABC Internacional.

Pidd, Helen (2012). Why is India so bad for women? The Guardian.

Topping, Alexandra (2014). Rwanda’s women make strides towards equality 20 years after the genocide. The Guardian.

Universidad de Alicante (2015). Las Olas del Feminismo. Instituto Universitario de Investigación de Estudios de Género. Boletín 2015 Nº 7.

UNICEF (2016). Female Genital Mutilation/Cutting: A global concern

UNICEF (2014). Ending Child Marriage: Progress and Prospects, p. 2, 4.

 

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Exactamente, ¿qué es el feminismo? El principal planteamiento del movimiento feminista es la igualdad de los sexos, de cambiar los paradigmas machistas y eliminar aquellas creencias que atribuyen características a las personas a partir de su sexo.

 

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