ESCRIBIR EL COLOR DE LA PIEL

Entregado: 13-04-2016 / Aprobado: 18-04-2016



Escribir el color de la piel: jerarquías, invenciones y tensiones del cuerpo social en el siglo XIX

Por Mónica Murga T.


Magíster en Estudios de la Cultura, con mención en Literatura Hispanoamericana en la Universidad Andina Simón Bolívar. Licenciada en Educación, con mención en Lengua y Literatura en la Universidad Católica Santiago de Guayaquil. Ha sido catedrática de Literatura, Comunicación y Humanidades. También ha laborado en la Senescyt y en el Ministerio de Educación.


Desde los estudios de Max Hering Torres sobre la percepción del color, y los planteamientos de Elizabeth Cunin acerca de la mirada en la adscripción del color de piel, pretendo examinar cómo Cecilia Valdés (1839) y Porque soy cristiano (1890) dan cuenta de una mirada atravesada por tensiones, que ponen en cuestión el proyecto de modernidad nacionalista ante la figura amenazante del ‘cuerpo otro’.

Cecilia Valdés del cubano Cirilo Villaverde (1812-1894) aparece por primera vez en La Siempreviva como un cuento de dos entregas.

El relato presenta a Cecilia, una huérfana mulata que cautiva a los transeúntes de la plaza Santa Catalina. Su abuela no logra controlar sus ‘paseos’, en los que conoce al bachiller Gamboa, quien seduce su corazón, haciendo visible las interrelaciones raciales. Dentro de una atmósfera con sabor a leyenda, se inserta el relato de una niña secuestrada por la melodía de un músico endemoniado, con ella se anticipa la inexplicable desaparición de Cecilia.

Según Julio Ramos (1996), las tres versiones de Cecilia Valdés son parte del dossier de narrativa antiesclavista que configura la primera literatura nacional cubana. Más, ¿cómo mantener una narrativa antiesclavista abolicionista cuando la superioridad blanco-mestiza funda el discurso nacionalista del S. XIX?

Ramos observa cómo la mulata en su ‘pasar’ deshace los bordes de las categorías diferenciales creando una zona porosa sobre la que se articula la ficción abolicionista; así, su paseo/paso resulta ser un gesto de exhibición y apropiación. Ella se adueña del espacio público, exhibiendo su derecho a la libre circulación y, simultáneamente, devela la ruptura de los límites que separan a blancos y negros.

Su cuerpo esclaviza la mirada de sus admiradores, situación que devela la hipocresía social que institucionaliza el apellido Valdés, signo que encubre la interacción sexual entre blancos criollos y negros mulatos. La hibridación de Cecilia desestabiliza la jerarquía social en una Cuba que se ve amenazada por el crecimiento demográfico de los hijos de esclavos, cuya herencia genética denuncia su condición ilegítima: “Su estrella la arrastra al pecado que arrastró a su madre” (p. 202).

Si Cecilia Valdés entraña el discurso racista con la “mulata bella pero pecaminosa”, la novelita de Juan León Mera retrata la fealdad del mulato cuyos rasgos fenotípicos lo vuelven abominable.

Ubicado en el Ecuador post-independentista, Porque soy cristiano narra la integración nacionalista a partir de la historia de un joven soldado que batalla en Huachi (1829). Ahí pierde su mano por el terrible sablazo del “Capitán Feroz”. Tiempo después, ambos se reencuentran en Miñarica, donde José salva la vida del militar mulato.

Desde una aparente objetividad positivista, el narrador señala los rasgos fenotípicos y genotípicos del mulato: nariz chata, labios abultados y pelo de pasa, “el Capitán tenía en la sangre parte de África y parte de América” (pag. 107); rasgos con los que se pretende justificar la barbarie que se delata en su mirada: “Ojos sanguinolentos y que se movían siempre como huyendo de la mirada de los demás”.

Despojado de humanidad, asume el rol de militar cruel pues, en un mundo en el que la guerra ha dejado de ser heroica, él se convierte en el bárbaro. Su mirada demoníaca se torna en extensión de su estigma genético: ferocidad y violencia; pero, en su reverso, es el lugar del movimiento y de la fuga.

Mediante contrastes, la mirada del ‘otro’ huye y se resiste a la representación colonizadora. Y es que Villaverde y Mera persiguen un proyecto utópico de una literatura y un estado nacional, que en la escritura se fractura ante el intento de representar el cuerpo-otro; cuerpo que desarticula los esquemas estéticos y científicos del proyecto modernizador.

Bibliografía

-Hering, Max (2010). Debates sobre ciudadanía y políticas raciales en las Américas Negras, Bogotá, Programa Editorial.

-Mera, Juan León (2009) Novelitas ecuatorianas, Quito, Libresa.

-Novau, Julieta (1882). Ámbitos de afrocubanidad, en Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde, Universidad Nacional de la Plata

-Prada, Raúl (2003). Las territorialidades ocultas del cuerpo, en El cuerpo en los imaginarios, La Paz, Fundación Simón Patiño.

-Ramos, Julio (1996). Paradojas de la letra, Caracas, Ediciones ExCultura.

-Villaverde, Cirilo (1975). Cecilia Valdés, La Habana, Editorial Arte y Literatura.

 

DESTACADOS:

Su cuerpo esclaviza la mirada de sus admiradores, situación que devela la hipocresía social que institucionaliza el apellido Valdés, signo que encubre la interacción sexual entre blancos criollos y negros mulatos.

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