EL FOCO DISTORSIONADO DE LA MUERTE

Entregado: 25-05-2015 / Aprobado: 30-05-2015

Por Guillermo Gurrutxaga

Ph.D en Comunicación Social y Periodista. Labora en la actualidad en el Departamento de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno Vasco.

¿Qué es noticia? La cercanía es una de las circunstancias o condiciones trascendentales a la hora de evaluar la relevancia de un hecho y la dimensión del tratamiento informativo. Si nuestro medio tiene como ámbito de difusión Guayaquil, un incendio en el Guasmo tendrá mayor cobertura que otro de iguales dimensiones y consecuencias que se produzca, por ejemplo, en Quito. Es una regla básica en el periodismo nacida, como tantas otras, del sentido común.

Asisto a la realidad desde mi cómodo sillón de una provinciana ciudad de Europa. La ventana desde la que contemplo el mundo es como la de cualquier europeo acomodado en su clase media. Mis medios de referencia para conocer la actualidad de fuera de mi ciudad, San Sebastián, y del País Vasco, son los grandes medios españoles, El País y El Mundo. Son dos medios prestigiosos, nacidos de sendos periódicos, hoy reconvertidos en digitales, capaces de dotar a la información de la continuidad, es decir, de la constante actualización de la que la prensa escrita carecía. Por tanto, capaces ya de competir en ese sentido con la televisión y, sobre todo, la radio, el medio que hasta hace muy poco tenía mayores posibilidades de ofrecer información de última hora.

La distancia desde esa ventana de acceso al mundo, esto es, desde el escritorio sobre el que escribo estas líneas, a Nueva York, es de 5.765,11 kilómetros, según el calculador de rutas distance.to. A Katmandú, la capital de Nepal, 7.734. Antes de aclarar el porqué de estas referencias podemos concluir algo. Y con facilidad: desde la comodidad de mi despacho, lo que ocurra en ambas ciudades me pilla igual de lejos.

Situémonos en esos 5.765,11 kilómetros siguiendo el Océano Atlántico que me llevan desde San Sebastián a la costa este de Estados Unidos. Y, en lo que respecta al calendario, en el 21 de marzo. Podemos acercar el zoom tanto como queramos: hasta vernos a nosotros mismos en el sector de Midwood, en Brooklyn, donde se produjo el fallecimiento de siete niños de entre cinco y 16 años. Nos situamos en la madrugada, entramos en una vivienda adosada donde duermen una mujer y sus ocho hijos. Todo parece en calma. Sin embargo, la placa eléctrica utilizada para mantener la comida caliente falló e inició un incendio que se extendió rápidamente por la casa. Sólo sobrevivieron la madre y una de sus hijas, de 15 años. El resto falleció. Yo no estuve físicamente allí para verlo pero pude conocer todos estos detalles a través de mis medios de referencia. Como pude saber también que el padre de las criaturas, un hombre muy religioso, se encontraba participando en una actividad con motivo del Sabbath cuando se registró el incendio. Y que sus cuerpos serían incinerados al día siguiente a las 15.00 horas de Nueva York para, finalmente, ser enterrados en Israel.

Apuntemos hacia el oeste ahora. Vayamos a Nepal. Los terremotos registrados el 25 de abril y el 12 de mayo hicieron temblar la tierra pero no tanto a los medios. Las sacudidas, a pesar de los 7,3 y 7,8 grados registrados, respectivamente, en la escala Richter, dejaron una cifra de fallecidos estimadas en más de 8.000 personas, que, sin embargo, no tuvieron la capacidad de alterar la agenda setting en la misma proporción. Los medios sí ofrecieron detalles de vidas truncadas, de alpinistas a quienes los terremotos les alcanzaron en campamentos base o en víspera o de regreso de alguna expedición a los techos del mundo. La cercanía como elemento a tener en cuenta de cara a decidir la relevancia del hecho noticioso no es tan sólo geográfica. Países como España tenían a decenas de ciudadanos en Nepal cuando se produjeron los terremotos. Necesario, por tanto, que sus medios dedicaran mayor cobertura a los suyos. Sin embargo, desde mi ventana contemplé la muerte de un ejecutivo estadounidense de Google a quien una avalancha le truncó la vida cuando ascendía el Everest. Una tragedia. La muerte siempre lo es. Y los medios están para contarla.

Aún hoy sigo sin saber de las vidas y las muertes del resto: de los nepalíes, de los otros. Me pregunto en base a qué se informa. Hablo de grandes medios, reconocidos por el excelente trabajo de sus profesionales. Tendría que evaluar la inmediatez de la información, el acceso a las fuentes, olas prioridades marcadas por el propio medio de comunicación en su legítimo interés por vender, antes de poder decir: “Yo lo hubiera hecho mejor”. De hecho, no lo creo. Pero sé que habría que hacerlo. Y estoy convencido de que la universidad debe formar para intentar que la vida, en este caso la muerte, tenga el mismo valor.

RECUADRO:

“Aún hoy sigo sin saber de las vidas y las muertes del resto: de los nepalíes, de los otros. Me pregunto en base a qué se informa. Hablo de grandes medios, reconocidos por el excelente trabajo de sus profesionales”.

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