EL CAMBIO CLIMÁTICO: UNA RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

Entregado: 28-08-2015 / Aprobado 15-09-2015

Por Daniel Valenzuela

Master en Administración de Negocios con especialización en Marketing por la Universidad de Oklahoma City. Consultor e instructor en la formulación y negociación de proyectos de reducción de emisiones. Co-autor de la Guía ecuatoriana para el desarrollo de proyectos bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio – MDL. Actual Director de Gestión Universitaria y Marketing de la Universidad Casa Grande.

 

La tierra se está calentando, esto es una verdad ineludible. La temperatura de la que gozamos es el resultado del fenómeno natural denominado efecto invernadero. Gracias a é, la vida como la conocemos, es posible. La mayoría de los gases que producen el efecto invernadero, como el vapor de agua y el dióxido de carbono se encuentran en la naturaleza. Su rol en la atmósfera pude ser comparado con el vidrio de un invernadero, permitiendo el ingreso de la luz solar que al tocar la tierra se transforma en calor, reflejándose posteriormente hacia la atmósfera, calor que es re-emitido hacia la tierra por esta capa de gases (Anexo – Gráfico 1).

La actividad humana ha contribuido al aumento de las concentraciones atmosféricas de los “Gases Efecto Invernadero-GEI”, intensificando su efecto. En otras palabras, más calor se queda atrapado entre la superficie de la tierra y esta capa de gases, resultando en el calentamiento del sistema climático. Los efectos de este calentamiento no tienen precedentes históricos. Las últimas tres décadas han sido sucesivamente más calientes que cualquier década anterior desde 1850. Su efecto, apenas los estamos comenzando a conocer. Actualmente con menos de un grado de incremento de la temperatura promedio de la superficie terrestre, los eventos climáticos extremos como inundaciones y sequías, son más frecuentes.

Imaginemos cómo será la vida de las siguientes generaciones si la temperatura aumenta entre 4 y 6 0C.  Esto es lo que han los científicos para el , si no hay cambios en nuestros patrones de generación y consumo de energía, de crecimiento económico, de población, entre otros.  El consenso científico, es que a partir de un incremento de 2 oC, las consecuencias del calentamiento global serán catastróficas (Anexo – Gráfico 2).

El tema ha sido estudiado desde los años 80 por más de 3.000 científicos, congregados en el Panel Intergubernamental de Cambio Climático. Para más detalles les recomiendo revisar su último informe en www.ipcc.ch.

La geopolítica mundial no ha desconocido el tema. La Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), desde sus inicios en 1992 ha realizado importantes esfuerzos para estabilizar las concentraciones de gases de invernadero, sin embargo no ha sido suficiente. Luego del Protocolo de Kyoto, cuyo primer periodo (2005-2012) logró comprometer un importante grupo de países desarrollados en la reducción de sus emisiones de GEI, pocos países han ratificado su segundo periodo de compromiso. Por esta razón desde el 2013, las reducciones de emisiones certificadas se comercian en un mercado voluntario, aligerando la presión y compromiso por el cambio del modelo de desarrollo económico.

La última Conferencia de las Partes de la CMNUCC, realizada en Lima –COP 20, trajo una luz de esperanza; un acuerdo mundial de compromisos de reducción de emisiones a ser adoptados en diciembre del 2015 en París, en la próxima conferencia -COP 21.  Durante la conferencia de Lima, las dos economías más contaminantes del planeta, China y Estados Unidos, presentaron un compromiso conjunto de reducciones de emisiones, adicionalmente el Fondo Verde, destinado a la financiación de medidas de adaptación y transferencia de tecnología, logró financiamiento por USD 10.200 millones dólares -aún lejos de la meta de 100.000 millones anuales, pero con el compromiso de aportes importantes de países como Alemania y China.    Por lo expuesto, no es de sorprenderse que las miradas apunten a la próxima reunión de la CMNUCC en París. De lograrse un acuerdo, en palabras de Cristina Figueres presidenta de este organismo, “sería la primera vez en la historia de la humanidad, que ésta se imponga la tarea de intencionadamente y en un plazo de tiempo determinado, cambiar el modelo de desarrollo económico que ha reinado, al menos, durante 150 años”.

Los acuerdos políticos que se esperan en París 2015, nos ponen en la vía correcta para alcanzar la meta de los 20 C. pero aún resta mucho por hacer. Incluso si alcanzáramos esta meta, debemos aprender a adaptarnos a una nueva realidad climática. En donde el derretimiento de los glaciares significará menos disposición de agua para las comunidades en la sierra; el aumento del nivel de mar significará problemas en la potabilización del agua en zonas costeras e inundaciones; el aumento de fenómenos climáticos extremos significará una mayor pérdida de la capa orgánica de los suelos, menor productividad agrícola, azolvamiento de los ríos, entre otras consecuencias que afrontaremos junto con las nuevas generaciones.

Para ello, el primer paso es elevar nuestra conciencia. El cambio necesario no depende únicamente de los políticos. Es necesario que la sociedad entera —empresa y familia—, se involucren. Y como el cambio comienza por uno, les invito a revisar algunas ideas en los siguientes enlaces:

 

www.footprintnetwork.org/es/index.php/GFN/page/personal_footprint/

http://www.un.org/es/climatechange/reduction.shtml

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