DE LA EDUCACIÓN MUSICAL EN GUAYAQUIL

Entregado: 30-05-2015 /Aprobado: 15-06-2015

Por Marcelo Pepper

B.A. Marcelo Pepper, violinista de la orquesta sinfónica de Guayaquil y graduado de pedagogo en violín en la Universidad Ushinsky en Odessa – Ucrania. Magister en pedagogía e investigación musical, Director de la Academia Pepper.

Decir que la educación musical en la ciudad de Guayaquil tiene muchas falencias, sería como afirmar también que estamos fuera de competencia a nivel internacional. Sin embargo, loquevale destacar es que actualmentehayun selecto grupo de niños y jóvenes,cuyo nivel les permite destacarse y representar a la ciudad en certámenes, concursos y festivales, dentro y fuera del país.Conservatorios, academias y fundaciones hacen parte de la oferta educativa musical paraniños y jóvenes, pero el acceso a los estudios se restringe debido ala escasa falta de becas, pues son pocas las instituciones musicales que consiguen los fondos necesarios para el efecto.

Esta situación la constatamos con el cierre de la FOSJE (Fundación Orquesta Sinfónica Juvenil del Ecuador), que funcionó en Guayaquil hasta el 2012 como un centro de estudios de música clásica, y durante años ayudó a formar a un considerable número de jóvenes instrumentistas, que hoy son parte de la nueva generación de músicos profesionales de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil (OSG).

Es indudable que sin el aporte de la FOSJE esta generación difícilmente hubiese obtenido el conocimiento y la experiencia necesaria para poder postular a un puesto en la OSG. Por el contrario, su cierre derivó en la pérdida de un pilar que hasta ahora no ha sido reemplazado por otra institución con características similares.

Curiosamente, en estos últimos años la música ha empezado a figurar como una profesión más formal. Esto puede deberse a la apertura de la carrera de música en ciertas universidades, y tal vez a la mayor difusión y nivel con que se manejan ciertos eventos artísticos y académicos. No obstante, se puede percibir a la par el descuido de uno de los momentos más importantes para la vida de un músico, la formación musical de sus primeros años de vida: La iniciación musical.

Cuando se habla de la edad idónea para empezar la educación musical, aún hay quienes lo toman como si se tratara de una extraña teoría o invento, podríamos entonces remitirnos a lo que realizan países con más experiencia en pedagogía del arte, como China, Rusia, Ucrania, Francia y otros.   La iniciación musical de los niños en estos países comienza en sus primeros años, éste es el mejor momento para asimilar todo el compendio de información con facilidad, es el momento en que se empiezan a desarrollar todas las destrezas psicomotrices que conllevan el manejo de un instrumento musical.

En Ecuador cometemos el error de pensar que a los 7 años es una buena edad para empezar a tener el primer contacto con la música. El sólo hecho de proponer que se puede empezar mucho antes, a los 3 o 4 años, es tomado con escepticismo por profesores y padres,que presuponen que los niños a esa edad no pueden tocar un instrumento, a esto se añade el alegato de una supuesta pérdida de tiempo y recursos. Es por ello que me atrevería a afirmar que uno de los factores que más afecta al desarrollo en el ámbito musical,es la subestimación.

Esta forma de pensar resulta caduca, y conlleva a la afirmación de que los niños pequeños no son capaces de hacer una materia extracurricular de música, porque se estresarían o se les quitaría tiempo destinado al descanso, al juego, o que incluso bajarían las notas en la escuela. Nada más alejado de la realidad, cuando la ciencia ha demostrado que la enseñanza musical acelera el desarrollo del córtex cerebral con todo lo que ello implica, además de los efectos que una buena educación puede tener en un mundo cada vez más competitivo.

Podemos ver a países cercanos como Venezuela, que con su sistema de orquestas infantiles y juveniles de la mano del maestro José Antonio Abreu (ganador del premio Príncipe de Asturias en las Artes), ha dado ejemplos positivos de desarrollo, convirtiéndose en un modelo a seguir en países europeos, con lo cual Latinoamérica demuestra su capacidad de exportar al mundo cultura, no solo de índole popular, sino también de música académica clásica. El alcance de las redes nos permite apreciar a niños pequeños con grandes destrezas musicales.

Actualmente dicto la materia Voz y cantoen la Universidad Casa Grande, con grupos que pertenecen mayormente a la carrera de Artes escénicas, con ellos se hace patente la necesidad que las nuevas generaciones se conviertan, a través del arte, en seres universales.

Felizmente, han florecido desde hace unos años centros musicales de gran nivel en lugares menos privilegiados por la mirada institucional. Podría nombrar la Orquesta Infanto Juvenil de Esmeraldas, dirigida por Rommy Miller, un joven que dejó Quito para instalarse en Esmeraldas junto a otros colegas a hacer este cambio en tierras esmeraldeñas. Está también la escuela de música SINFÍN de la UTPL, en Loja, coordinada por José Macas, que es claro ejemplo de un gran trabajo profesional, un esfuerzo que ya aporta excelentes resultados. Así mismo me gustaría compartir mi experiencia en uno de los proyectos que trabajo, la extensión de la Academia Pepper en el cantón La Concordia, de la provincia de Santo Domingo de los Tsáchilas, coordinado por la docente Minyen Lee, con lo cual me enorgullezco de poder aportar con la música académica en una ciudaddonde probablemente no había, hasta hace poco, la simple visión de la música como una carrera profesional real.

Recalco por ello la necesidad de formar, tanto en la ciudad como en todo el país, a un gran contingente de artistas que sean apoyados por el estado y la comunidad.

 

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