LA VICTORIA SOBRE EL SOL

Por Saidel Brito 
 
Profesor de Dibujo e Historia del Arte de la Universidad Casa Grande. Nació en Matanzas, Cuba, 1973. Desde 1998 reside en el Ecuador. Es Coautor, profesor y Vicerrector del Instituto Superior Tecnológico de Artes del Ecuador, ITAE y profesor de la Escuela Superior Politécnica del Litoral. En 1998 recibió la  beca Ludwig que otorga el Museo Ludwig Forum für Internationale Kunst en Aachen,  Alemania. Ha realizado 15 exposiciones personales y  ha participado en más de 50 exposiciones colectivas en galerías y museos de Asia, Europa y América. En el año 2003 y 2005 participó en el Salón de Julio Fundación de Guayaquil, ganando el primer  y tercer premio respectivamente. Fue premiado en la última Bienal de Pintura de Cuenca y en la segunda Bienal de Pintura de Guayaquil.
 
 
Han pasado 1, 2, 4, 8,16 mil, millones de años.
Levántate,
Ya es suficiente
¡Los ojos hacia el sol!
¿Hasta cuándo permanecerás aquí, tendido y mudo?
¿Es de día o es de noche?
Esta luz blanca del cielo nunca cambia.
¿Cuántos siglos pasaron?
¿Cuántos trozos de días se han roto en la lejanía?
Mirando la Vía Láctea pienso:
¿No será la mía aquella barba gris extendida?
Caen las estrellas.
Alzo los ojos.
Más allá las veo caer vertiginosamente hacia la tierra.
Kasimir Malevich, 1917

 

Cuadro Primero

Un tranquilo día de 1979, en la casa en que vivió Natalia Petrovna Konchalovskaia, rodeada por los bosques de pinos, Anna, una niña de 6 años, aprendió a deletrear el nombre de Anna Karenina. La terraza dónde se reencontraba su familia y en la que pasaban las noches de verano, el banco sobre el que su abuela le gustaba sentarse y el mirador donde tomaban el té se perdió mientras el imperio donde todo esto pasaba, también desapareció.

Anna le responde a su padre preguntas idénticas y simples durante casi 13 años: ¿A qué le tienes más miedo? ¿Qué es lo que te gustaría tener por encima de todo? ¿Qué es lo que menos te gusta del mundo? ¿Qué es lo que más te gusta? ¿Qué es lo que más deseas? ¿Qué es lo que más quieres? ¿Qué es lo que más te apetece hacer hoy? y ¿Qué es lo que más odias?

Nikita Mikhalkov realiza este home movies en una sociedad que ilimitaba la censura. Durante décadas en la URSS se prohibió este tipo de prácticas. Su hija fue creciendo con la complejidad de las respuestas. La idea de Anna nació cuando finalizó el rodaje en 1993. Su hijo Ilioucha Oblomov se despierta en otra vida, en otra Rusia. Nikita desea comparar las dos infancias, la de una niña  del imperio soviético y la de un niño del imperio de la difunta Rusia. La convergencia, la divergencia y el encuentro. El punto divergente y la separación estaban en la fe y en la ausencia de Dios. La pérdida del respeto a la vida y a la muerte: la transformación de la vida en series de televisión y la muerte en un juego informático. ¡La adquisición en destrucción!

Cuadro Segundo: 

1ª Parte: La idea 

El plan de propaganda monumental de Lenin se inspiró en el proyecto utópico renacentista de Campanella conocido como La Ciudad del Sol escrito en 1623 y traducido al ruso por primera vez en 1906. Los subordinados del Gran Camarada consideraron como una genialidad política su ocurrencia de que el arte público debía ser el que escribiera la historia en el espacio urbano y que las masas pudieran leerla mientras caminaran por la ciudad. La construcción de un nuevo significado de la historia engendraría una nueva maquinaria estética. Iniciaría un futuro luminoso, un partido y una voluntad violenta de transformación del presente.

Los vanguardistas rusos, quienes de alguna manera se adelantaron a la revolución,  anhelaban encarnarse en el futuro naciente. Su salto de tigre hacia el futuro expresaba un compromiso de ruptura radical con la tradición del arte.

La brecha entre el arte y la vida abierta por el modernismo estético también fue preocupación de los constructivistas. Tatlin quiebra esa separación con sus investigaciones de materiales exhibidos por primera vez en diciembre de 1915 en 0.10: La última exposición futurista de pinturas, en Petrogrado. Sus contra-relieves de rincón hacen porosa la línea divisoria entre las disciplinas artísticas tradicionales. No eran pinturas ni esculturas, sino una nuevo alegato visual que catalizaba los materiales, los espacios y a los espectadores con propósitos renovadores. Allí Tatlin pugnó con Malevich por el liderazgo de la vanguardia. En la misma exposición nace el Suprematismo. Malevich presenta su famoso Cuadrado negro y erosiona los viejos órdenes de la pintura a la vez que parodia el emplazamiento de los iconos en las casas rusas tradicionales.

Con perspicacia Lenin llamaba futuristas a las agrupaciones artísticas de vanguardia. Todas ellas dentro de la nueva fe compartían un interés por la experiencia social, por la reconexión con la vida y un marcado abandono de los recursos artísticos portados por la tradición. Desde octubre del 17 (o noviembre según el calendario gregoriano adoptado por la revolución) se mimetizaron en el proyecto político con naturalidad, pues asumieron sus preocupaciones creativas como una expedición liberalizadora de la clase proletaria y como un imprescindible eslabón de transformación  de la nueva sociedad.

La relación de la vanguardia política (vanguard) y la vanguardia cultural (avant-garde) terminó siendo una gran utopía dentro de otra utopía. El fracaso de una quizás fue una premonición del fracaso de la otra. Los bolcheviques entendieron la historia como totalidad y su rugir teleológico desprendía que el arte existiera y se desarrollara en función de los avatares revolucionarios. ¡El arte como un arma de lucha! Una cultura insubordinada no edificaría el cauce espiritual del hombre nuevo. Se necesitaba una cultura al uso y consonante. El arte debía ilustrar el progreso y sedimentar en la conciencia de las masas el camino victorioso. Una vez que una cierta cosmología de la historia fuera depositada en la imaginación, incluso los artistas llegarían a sentir que no podría ser de otra manera. La revolución artística llegó a distinguirse de la revolución política, de la que fue meramente un síntoma. Obligada por el objetivo histórico, la cultura revolucionaria se convirtió en algo reposado, conservando un pasado que de una forma significativa parecía llevar al presente, evitando los nuevos primitivismos que desdibujaban la línea del progreso, apelando a las masas mediante formas convencionales de arte con el objetivo de movilizarlas hacia delante en el tiempo. No obstante, el estado soviético en su primera década fomentó una pluralidad de orientaciones artísticas. Financió a los artistas de vanguardia y desde el punto de vista marxista permitió un proceso de democratización de la cultura.

2ª Parte: El auspicio 

Resulta en algún grado paradójico cómo el poder político de los Soviets en los primeros años de la revolución se apasionó con la avant-garde y auspició sus experimentos artísticos y pedagógicos, cuando nunca dudó de la amenaza que sus tesis representaban para los fundamentos discursivos de la vanguardia política.

Stalin desconocía el potencial simbólico que descansaba en el realismo europeo cuando ya Lenin y la Comisaría Política del pueblo en el Departamento de Instrucción Pública, Narkompros, (equivalente a nuestro Ministerio de Educación y Cultura) perfilaban unas instituciones culturales proletarias en sintonía con  la ideología estética de la mímesis. La recuperación de esa tradición artística se evidenció en la creación del AKhRR en 1922, Asociación de Artistas de Rusia Revolucionaria (Assotsiatsia Khudozhnikov Revolutsionnoi Rossii). Reivindicaron el realismo, el óleo y la pintura de caballete frente a la fractura vanguardista. Con Pavel Radimov a la cabeza se establece una fértil conexión con el movimiento de los pintores ambulantes (Peredvizhniki) rusos de finales del XIX, dentro del cual se ubica a Iliá Repin, uno de los pintores más sugestivos que hayan existido en el arte universal.

Los pintores del AKhRR, en cerca de 70 exhibiciones visibilizaron desde el lienzo la epopeya revolucionaria y del pueblo ruso en los días de la guerra, la revolución, la industrialización del Estado y el inicio de la edificación socialista. Para el año 23 tenía cerca de 300 miembros y fueron financiados por la alta jefatura del Ejército Rojo. Desaparece en el año 1932 junto al resto de las agrupaciones artísticas independientes e inyecta de manera directa a la “monolítica” Unión de Artistas Soviéticos creada por Stalin.

La revolución en sus años iniciales encontró en la avant-garde un importante caudal de agitación y propaganda, que le fue útil y necesario. La misteriosa alma rusa se nutrió de las búsquedas modernas pre revolucionarias y produjo la vanguardia más auténtica. El arte también necesitó de la revolución para acceder a la historia y a una nueva época estética. Pero los artistas cedieron sus propósitos a la causa histórica y  se plegaron al arrastre de la vanguardia política, quien encarnó hegemónicamente el papel de la producción y control de los significados de su tiempo.

En pocos años la renovación del Suprematismo y el cubo-futurismo se vio como un gesto envejecido. Su desploretarización  y alejamiento de los mandatos del partido se dio en la medida en que fue incapaz de producir una apología sustanciosa a la causa de la revolución. Cuando dejó de ser afirmativo en el terreno político y no pudo esparcir la revolución del gusto que inicialmente vislumbró, cedió su propia existencia. No era posible que la transformación social se diera en más de una dirección. El inexorable camino fue únicamente marcado por la vanguard. El socialismo y la vanguardia resultaron incompatibles ya que el arte de vanguardia es por su naturaleza incapaz de sobrevivir no solo a la persecución, sino incluso a la protección o al auspicio político de un Estado totalitario y una sociedad colectiva.

3ª Parte: El Juicio 

Cuentan que en 1918 Anatoli Vasilievich Lunacharsky, quien dirigía la Narkompros soviética, promovió una demanda contra el mayor enemigo de la revolución: Dios. Para ello se acercó a los tribunales de justicia y lo acusó de ser el causante de todos los males de este mundo. Al reo Dios se le presentó una infinidad de pruebas y análisis socio- jurídico en los cuales Lunacharsky demostró su culpabilidad. A Dios se le condenó a muerte. Su sentencia se cumplió: ¡Un batallón de artillería apuntando al cielo descargó sus fusiles para acabar con su vida!

Guayaquil, abril 2011

 

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