LA HORA DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL

Por Roberto Parra Guzmán
 
Economista graduado en la Universidad Católica de Guayaquil y especializado en  Planificación Financiera en  la Northern Illinois University de USA. Diplomado en Alta Gerencia en el INCAE School of Bussines, Costa Rica.  Profesor de Microeconomía y Coordinador del Diplomado de Gobiernos Locales en la Universidad Casa Grande. Consultor independiente en Proyectos y Planificación Financiera de la UCG. Ha colaborado como ejecutivo financiero en los grupos NOBIS y CONTICORP.

 

 De lo intangible a lo tangible o cómo hacer ver lo que no se ve.   Algunos piensan que aquello que no se ve, no existe, y ¡hablar de ello es casi como vender agujeros de queso!

Anna Ros. Experta en gestión de negocios y  personas de la Universidad de Barcelona, España. 

Antecedentes e historia reciente

Una nueva “ola” ha llegado y se está introduciendo en el argot empresarial, y es la Responsabilidad Social Empresarial, que usualmente se la simboliza por sus siglas RSE.  Ya hemos vivido otros procesos que aparentemente han sido semejantes, como cuando se puso de moda la Administración por Objetivos, la Planificación Estratégica, o Reingeniería y otras más. No siempre y no todas las empresas ecuatorianas han dado la talla para afrontar estos desafíos. Al contrario, conservan prácticas gerenciales arcaicas y tradicionales. Pero, lo que no podemos ignorar ni dejar de reconocer, es que la RSE ya llegó, y está aquí para quedarse.

El presente artículo, tiene el propósito de explicar el origen, concepto, la importancia y los beneficios de la RSE, y sobretodo, enfatizar que en esta ocasión no se trata de un instrumento o herramienta administrativa, ni de una nueva forma de mejorar  la imagen corporativa de una entidad pública o privada, sino que se trata de una forma de “ser y hacer”, es decir, de una forma de conducta diferente, que voluntariamente las empresas del siglo XXI deberían adoptar para mantenerse y prolongar su existencia.

La RSE, tiene como antecedente, las acciones de filantropía empresarial que se comenzó a practicar en los años 20 del siglo pasado. En Estados Unidos, por ejemplo, surgieron aquellas fundaciones, creadas por la familia Ford, los Carnegie, los Vanderbilt y Cabot, como un brazo separado, a través de las cuales se ejecutaban estas acciones.

En los años 60 y 70, el mundo entero experimenta un surgimiento de las exigencias sociales, y la expansión del espectro de participación social de grupos que por tradición habían sido excluidos de los polos del poder, como los negros, los jóvenes, las mujeres, los emigrantes, los discapacitados, y con ello se comienza a imponer, gradualmente, un proceso de asunción de políticas de igualdad y derechos sociales.

Organizaciones como la ONU, OIT, o la OEA, entre otras, establecieron directrices, para la protección del medio ambiente, el respeto a los derechos laborales, y de los derechos humanos.

En Ecuador, es a partir de los 90 que se  conforman las primeras asociaciones civiles de empresarios preocupados por la RSE, para ahondar en el conocimiento, intercambiar experiencias, y promover la filosofía de RSE en sus comunidades. De estas, tenemos la CERES o Corporación Ecuatoriana de Responsabilidad Social, y el Instituto Ecuatoriano de Responsabilidad Social.

Definiciones y práctica

La RSE no es un instrumento o herramienta para hacer eficientes procesos o sistemas de información gerencial, por lo tanto, no es algo que hoy se aplica. Con la evolución de la administración y gerencia es factible de ser sustituido por otra herramienta de superior rendimiento.

La RSE parte de aceptar que las empresas ya no son entidades extractoras y ordeñadoras de la riqueza de una sociedad, sino que participan en ella como entidades que generan productos, oportunidades de trabajo, bienestar, derechos y obligaciones. Bajo esta premisa las empresas son parte integral del tejido social, con la cual están enhebradas, y por consiguiente, sus acciones y omisiones tienen un impacto en la sociedad, comenzado con la que interiormente se relacionan, como lo es, con sus colaboradores, ejecutivos, clientes y proveedores.

La RSE debe estar presente en toda la gestión de la organización, de manera que cada acción, sea de producción, mercadeo, compra, venta, contratación, debe ser contrastada y validada por su efecto social. Debe incorporar y conjugar, tanto los objetivos económicos como los objetivos sociales, aun cuando éstos, no estén directamente vinculados con la actividad de la compañía.

A nivel administrativo, la RSE debe medírsela cada año, comparando los resultados con un período anterior. El mecanismo creado es el Balance Social, un reporte en el que se presenta las cuentas y registros cuantificados de las acciones y planes de RSE que se adoptan, como por ejemplo: los gastos de capacitación, los índices de escolaridad y nivel de vida de los colaboradores, número de mujeres en puestos de jefatura, número y calidad de colaboradores discapacitados, trabajadores de minorías étnicas, impuestos y contribuciones directas o indirectas, inversión en tecnología y equipos para evitar o reducir contaminación e inversión en salud ocupacional.

Los ejemplos citados son claramente medibles y comparables, y se debe incorporar dentro del Informe o Balance Social, el mismo que se puede auditar con el mismo rigor de una auditoría financiera.

Un desafío de las empresas ecuatorianas.

El empresariado ecuatoriano debe prepararse para asumir este nuevo desafío y estar abierto a implantar esta conducta gerencial. No se admite ya que una empresa moderna no sea a la vez socialmente responsable. Deben conjugarse los objetivos de rentabilidad financiera con los objetivos sociales.

En Ecuador ya existen varias empresas, por lo general, subsidiarias de corporaciones multinacionales que están aplicando políticas y procedimientos de RSE, y emiten sus respectivos Balances Sociales. Si bien esta práctica ha sido “impuesta” desde sus matrices, no deja de ser un aporte valioso a la práctica gerencial. Pero la pregunta es: ¿Están las empresas y los empresarios preparándose para ser socialmente responsables?, o, ¿será que algunos empresarios tomen al RSE como un instrumento de imagen, que ayuda a que la foto donando canastas, aparezca en los medios?

Lo real es que, sean que se preparen o que no lo hagan, el mundo se está moviendo hacia la RSE, a un punto tal que desde ya algunas corporaciones europeas, por ejemplo, no pueden realizar transacciones ni negocios con empresas que no hayan adoptado la RSE como su conducta corporativa, sean del continente que sean. Allí es cuando nuestras empresas comienzan a ser absorbidas o excluidas, ya que no podrán comercializar su productos en el extranjero, si previamente no están certificadas por organismos creados para valorar la RSE.

En Latinoamérica, Brasil y Argentina ya han legalizado la RSE, obligando a las empresas de mayor tamaño relativo a presentar balances sociales al mismo tiempo que sus balances financieros, o de lo contrario, no se les renueva su licencia o autorización para operar. En Chile, Perú y Colombia se están tomando medidas semejantes. ¿Será que Ecuador, estará ajeno a estos procesos regionales? La respuesta es no. Ecuador, deberá sumarse e incorporar la RSE y aplicar los indicadores que midan sus efectos. Esperemos que la comunidad empresarial ecuatoriana sí pueda “dar la talla”, y no se quede rezagada de la globalización de la Responsabilidad Social Empresarial.

 

 

 

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