ESCRIBIR PARA CREAR

Cecilia Ansaldo Briones
 
Guayaquileña. Educadora de larga experiencia en instituciones de segunda y tercera enseñanza.  Fue catedrática de Lengua Española en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. Investigadora y crítica literaria. Ha publicado: La literatura ecuatoriana de los últimos treinta años. Cuento contigo. Antología del cuento ecuatoriano. Cuentan las mujeres. Antología de narradoras ecuatorianas. Géneros. Lengua y Comunicación 9. Redacción para todos. Profesora de la Escuela de Comunicación, de la  UCG y de Literatura en la UCSG. Es periodista de opinión de diario El Universo. 
 

La creatividad parece ser una de las consignas de nuestro tiempo. Se hace publicidad  a base de la ilusión de lo nuevo.  Se vive buscando el filón de experiencia, de idea, de actitud, que nos haga sentir originales. En esa línea podría también impulsarse la escritura.  Todos emergemos a la vida de la cultura armados de la lecto-escritura como destreza fundamental. A fin de cuentas, entender el flujo de los tiempos y tomar contacto con la incontable variedad del mundo, ha sido posible gracias a ese sistema de signos llamado idioma. Y manejar el idioma propio nunca puede quedarse en solamente hablarlo.

Por tanto, una vez recogido el mundo a costa de leerlo, de hacerlo personal, resulta indispensable la interacción de compartirlo. Se trata, entonces, de expresarnos.  La entrega de vivencias y pensamientos que funciona como mirarnos al espejo, porque la escritura nos refleja en uno de los juegos más enriquecedores: en el de contribuir a conocernos.

Y en el qué decir a los demás y en cómo decirlo, se echa a rodar la máquina invisible de la creatividad, en una de sus facetas portentosas. La escritura no es patrimonio exclusivo de los escritores, esos seres “especiales” que han hecho vocación y oficio de ella.  Está al alcance de cada persona que tuvo el privilegio que aprender el manejo del alfabeto, que descubrió el gusto de leer y de esa manera se apropió de la historia y del mundo. En diálogo con el pasado se le abre el futuro.  El asunto no es espontáneo, pero entre el placer y la dedicación hay pocos pasos, media un buen maestro, brilla una oportunidad afortunada, aunque se asiente sobre derechos.  Lo deseable es que la amalgama de estos factores se produzca en la vida de todos los ecuatorianos.

Sin embargo, lo deseable no siempre es lo perfecto. Caben especializaciones: cabe hacer de la escritura una profesión – redactores de toda clase de textos, periodistas, asesores invisibles que escriben para quienes entregan voces públicas – y una vocación. Entonces la literatura abre su acogedora puerta, despliega su enorme pero intrincado territorio a los que se lanzan, ambiciosos y constantes, al arte de la ficción. La literatura brota de la vida para dar la vuelta del búmeran  y regresar con cargas maravillosas a nuestras manos.

Con el reciente Premio Nobel en la memoria, concedido a un peruano que ha sido en realidad  – como dijo Vargas Llosa –  concedido a la lengua española, la literatura cercana, nuestra, la que revela de los latinoamericanos identidad, sueños, frustraciones y pasado, se ha vuelto a poner en primera fila de atención. Y confirma que América Latina está creando a través de la palabra una ampliación del español y una resignificación del mundo.

 

 

 

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