EDUCACIÓN Y DESARROLLO EN AMÉRICA LATINA

Dr. José Joaquín Brunner
 
Es profesor e investigador de la Universidad Diego Portales. Director del Centro de Políticas Comparadas de Educación. Título de postgrado en la Universidad de Oxford y Doctorado en sociología de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Leiden. Integra el directorio de la Fundación Pro Humana, el consejo asesor de la Fundación Paz Ciudadana, el directorio de la Fundación La Fuente y el directorio de Enseña China. Ha sido consultor educativo de varias instituciones de varios países. Es autor y coautor de 35 libros  y más de 100 artículos. En Chile fue Ministro Secretario General de Gobierno (1994 -1998).  Presidió el Comité  Presidencial de Modernización de la Educación Chilena (1994)  y el Comité Presidencial de Política de Educación Superior (1990) y otros cargos públicos. Obtuvo premios distinguidos en los años 2007 y 2009. En el 2010 fue  elegido miembro del Instituto de Estudios Avanzados en Humanidades y Ciencias Sociales de los Países Bajos.

 

Resumen de la conferencia dictada el 23 de septiembre de 2010 en el XIX Aniversario de la Fundación Ecuador, donde estuvieron presentes autoridades y profesores de la UCG en calidad de invitados.

 

Mi presentación de esta mañana es sobre la relación de la educación y el desarrollo en América Latina. Hay un consenso importante de la literatura especializada en la investigación de los últimos años, en el sentido que la educación tiene una serie de beneficios para el desarrollo de los países, variando según su historia, su trayectoria, el sistema educacional, la organización de su economía, el nivel de ingreso Per-cápita y otros indicadores. La educación es un elemento esencial de la productividad de la persona y por lo tanto  del crecimiento económico y de la competitividad internacional. No es claro cómo esto funciona en cada coyuntura en el corto plazo, lo que es eminente es que en el largo plazo hay una asociación muy estrecha entre el nivel educacional de los países y su funcionamiento y crecimiento económico.

Puede observarse una asociación muy estrecha entre el nivel educacional que han alcanzado las personas y el nivel del premio salarial que reciben en el mercado laboral. En el cono sur no hay un mayor premio salarial durante los primeros 12 años de educación. La gran diferencia salarial empieza después de los 12 años y eso es producto normal de los países en la medida que se pasa de la educación  secundaria a la superior. También es evidente que la educación, a través de sus instituciones superiores como universidades e institutos tecnológicos –a nivel mundial y en nuestros países–, son los principales productores del progreso, de la competividad y del crecimiento.

Hay muchos países con falencias y déficits muy grandes comparado con los ya avanzados en la  producción del conocimiento a través de la investigación científica y tecnológica de las universidades. Los niveles promedio de inversión en la investigación y desarrollo en los países desarrollados, provienen más de la mitad de las empresas y el resto lo aporta el Estado. El Estado  financia la educación básica, que por ser un bien público, si no cuenta con el financiamiento de la renta nacional, no se mantiene. La empresa financia toda aquella otra parte de la investigación más aplicada a la innovación. También es una función fundamental de la educación superior crear una ciudadanía más consciente y unos consumidores mas sofisticados. Hoy ya sabemos que las dos grandes realidades en la construcción de las sociedades contemporáneas son, por un lado, la democracia y la incursión de los mercados. Por otro lado, está el papel del sistema educacional desde la educación inicial. No es solamente el favorecer el desarrollo económico, sino además, el desarrollo más integral y humano de la persona. Se trata de contribuir a generar una ciudadanía para participar en la generación pública, que es un rasgo esencial de la democracia. Y por último, existen una serie de otros beneficios directos e indirectos de la educación que tienen que ver con los niveles de salud.

La educación tiene un sentido de contribución evidente al desarrollo de las sociedades en la medida  en que se cumplan dos supuestos: Primero, que se encuentre bien distribuida equitativamente. No sólo saber cuántos alumnos tienen educación primaria, secundaria o terciaria, sino también cuántos la terminan. Porque sabemos que esto es un problema severísimo en toda la región. Una  parte de los estudiantes secundarios y de educación superior abandonan la enseñanza entre el primer y tercer año de estudios. Si uno toma los jóvenes de 20 a 24 años que han concluido el ciclo secundario, verá una proporción muy distinta según su origen socio económico. En la educación secundaria los que terminan no son más de 30% hoy en día. En cambio en Estados Unidos, con familias de mayores ingresos, prácticamente el 90% y el 100% concluyen los estudios secundarios. Lo grave de esta estadística es que si uno la compara con el año de 1990 y hacemos una proyección al 2015, a pesar del enorme aumento del acceso a la educación, las líneas son exactamente las mismas.

Si uno observa el origen étnico y la localidad de proveniencia de los jóvenes es todavía mas grave. Es decir, hay enormes diferencias entre quienes terminan los distintos ciclos tanto si se trata de jóvenes de origen urbano o rural, y si a eso agregamos a demás el origen étnico, no alcanzan ni siquiera al 1% del respectivo. Es decir el crecimiento y el desarrollo integral de las sociedades en América Latina se encuentran bajo un gran signo de interrogación.

Es distinto medir el impacto de la educación de las sociedades donde la educación tiene un alto nivel de cantidad y calidad. Por primera vez tenemos datos muy sólidos respecto a la calidad comparada de la educación a nivel internacional, realizándose  pruebas internacionales en que participan algunos  países de América Latina, entre ellos Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay. Lamentablemente no lo ha hecho Ecuador. Estas pruebas son de la UNESCCO y miden el dominio de las competencias más fundamentales como la de comprensión del lector, el manejo numérico de las matemáticas y el manejo de la investigación científica. Hay niños que ni siquiera quedan calificados porque tienen un dominio pobrísimo de lo que suele llamarse “analfabetismo funcional”. No tienen la competencia minima para mantenerse a flote.

Buena parte de los países de América Latina tienen hasta un poco más de la mitad de sus alumnos en estas categorías, es decir, un 50% de los alumnos no ha logrado en la edad que se les pide tener la competencia, el dominio mínimo que está en la base de la capacidad de la persona que va a determinar si podrá o no acceder a la educación superior.

Ninguno de esos supuestos se cumplen ni siquiera mediocremente todavía en América Latina y eso puede ser una de las explicaciones de porqué nuestros  países tiene una competitividad internacional de su economía tan baja. Sólo Chile, Brasil, Panamá, México y Uruguay, están de la mitad de arriba de alrededor de 133 países que participan en el estudio evaluación.

La competitividad de la economía a nivel mundial también se explica por la solidez y estabilidad de la institucionalidad política de los países. Si hay autonomía entre los distintos poderes del estado y si permite la expresión de las principales libertades y la defensa de los derechos del ciudadano.

Pero nosotros acá estamos analizando nada más que lo que tiene que ver con producción, transmisión y aplicación del conocimiento y su relación con el déficit de progreso de América Latina. El desarrollo implica una economía basada en el uso intenso del conocimiento o economía  del conocimiento. Toda la economía a lo largo de la historia usa el conocimiento. Lo que se está transformado en el motor de la economía es la capacidad de los países de innovar, de producir conocimiento o de incorporar y adaptar el conocimiento producido en otras sociedades.

América Latina está, como región mundial, solamente por delante de las dos regiones más pobres: África y Asia del sur. De 180 países América latina está como en la mitad donde aparece Paraguay, con el menor avance de este indicador. Ecuador está muy cerca con pequeñas variaciones. Está el caso de Chile, más abierto y adelantado del lado de la macroeconomía, pero del lado de la alfabetización y escolarización, es bastante mediocre.

América latina al comenzar el siglo XXI muestra tener una participación extraordinariamente alta en la economía mundial de los recursos naturales. Durante una o dos décadas, probablemente tendrá tasas de crecimiento relativamente altas porque va a haber una fortísima demanda de recursos naturales de las grandes potencias, de Asia, de China y de la India. Esto abre una ventana de oportunidades.  Pero en la participación en distintas variables de conocimiento es muy baja, representando el 4% en servicio intenso  del conocimiento. América Latina produce el 3% del total mundial de exportaciones de alta tecnología y está recibiendo alrededor del 1.8% del  total de los treinta millones de estudiantes  de postgrado que hay en el mundo. Tenemos solamente alrededor un 0.2% de patentes con valor comercial registradas en los Estados Unidos.

Para lograr invertir esta situación, lo que tenemos que hacer es empezar a educar mucho antes de lo que hacemos, a los 3 a 5 años, si es que queremos realmente compensar la desigualdad del origen. En Ecuador se investigó comparativamente grupos de niños de más alto ingreso, versus de más bajo ingreso. La diferencia medida a los 30 meses entre esos dos grupos era mínima, porque el problema del desarrollo cognitivo es el lenguaje en particular, no es una cuestión biológica ni genética.

Lo que le pedimos nosotros a los profesores de América Latina es: Háganse cargo en compensar las desigualdades que  produce la sociedad. Si los colegios no lo van a hacer nos estamos engañando. Cuando decimos que la educación va a derrotar a la desigualdad, hay que empezar a compensar mucho antes de lo que lo hacíamos, teniendo una red poderosa de centros de atención temprana, para poder avanzar en la educación básica y media, reformando de una manera drástica la manera de enseñar de los profesores, así como toda la profesión académica.

Está comprobada la diferencia que para un niño normal significa tener un buen profesor, con buen desempeño, y tener uno con mal desempeño. Si tomamos dos alumnos del mismo estrato socio económico, uno con un buen profesor y al otro con un mal profesor, cuando los volvamos a medir en el 6to grado, habrá una diferencia considerable.

Si queremos conducir un cambio tenemos que mejorar la función directiva en los colegios, que realmente tenga visión e inspire el trabajo de la gente. Los profesores deben ser los profesionales mejor pagados. En Inglaterra, un gerente de una empresa de tamaño mediano gana exactamente lo mismo que un director de un colegio público grande. Ese es el trato que  se le da en países desarrollados a esta figura tan central. Necesitamos producir con los profesores una institucionalidad del sistema escolar que lo logre. Tenemos que combinar altas exigencias con un fuerte apoyo a los colegios. Hay que  invertir más en mayor eficiencia. El primer mundo ha logrado la enorme ventaja que de que su sistema es más barato. Alemania, Inglaterra o Canadá, son sociedades relativamente igualitarias. América Latina, es el continente mas desigual y eso hace que la educación en nuestra región sea más cara y sin embargo muchas veces decimos “pero cómo si el país ya esta invirtiendo suficiente en educación, ¿cómo puede ser que no  estemos obteniendo los mismos resultados que Finlandia?” Es decir, además de todas las otras ventajas que tiene Finlandia en términos de la antigua alfabetización desde hace más de un siglo, gastan en moneda de igual valor 3 o 5 veces más en educación. Nosotros recién ahora estamos llegando  al 80 o 90% de la población alfabetizada. Esto está ligado a modalidades de asignación de los  recursos públicos mucho más eficientes que las nuestras. En realidad, el gasto de las universidades de América Latina es tremendamente ineficiente. Es decir, gastamos en una minoría que llega a la universidad ofreciendo gratuidad a un sector de los estudiantes que perfectamente podría pagar su universidad, tal como ha estado su padre pagando su colegio particular, y el resto que no puede pagar  directamente, puede perfectamente contraer un crédito estudiantil y devolverlo una vez que esté en el mercado de trabajo.

Está completamente probado que la educación superior tiene una tasa de retorno de 6 a 12 años, de lo que se gastó o invirtió de capital humano durante los años que estuvo el estudiante en la universidad. Hay otras cosas que el Estado tiene que financiar, como las becas para estudiantes muy talentosos de sectores vulnerables, precisamente, para estimularlos a que obtengan una educación superior. Tiene que ayudar un muy buen sistema de crédito, cosa que no es fácil. El capital humano  del cual yo me voy a apropiar no es un bien público, es un bien individual. Producir ciencia básica, hacer una buena investigación educacional, saber exactamente que está pasando con la educación de cada país, eso no lo financia nadie salvo el Estado. Por lo tanto, no digo que el Estado tenga que retirar su financiamiento de la educación superior, simplemente afirmo que lo tiene que hacer más eficientemente.

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