CIUDADANO ARTISTA

Tesistas Diana Andrade Avilés y Andrea Medina
 
Resumen de la Tesis de pregrado titulada Ciudadanías emergentes y construcción de subjetividades políticas en jóvenes artistas contemporáneos, presentada para la obtención del título de Licenciatura en Comunicación con Mención en Marketing y Redacción Creativa de la Facultad de Comunicación Mónica Herrera de la UCG, en diciembre del 2008.
 
 

La limitada participación de los jóvenes en la esfera pública ha ocasionado que surjan diversas prácticas discursivas que se vinculan a los debates sociopolíticos. Los jóvenes artistas de Guayaquil y Quito proponen discusiones sobre los cambios estéticos y normativos en la ciudad, las limitaciones del uso del espacio público, problemáticas urbano marginales, la masificación de los consumos, la condición del ser femenino y la democratización del arte a partir de la creación de proyectos artísticos. La investigación cuestiona los discursos de los artistas, las lecturas de los públicos asistentes a los eventos de arte, la gestión cultural y su posición frente al arte contemporáneo y el aporte a su desarrollo.

Introducción

Como producto de un orden económico capitalista, la sociedad se divide en sectores con diferentes situaciones socioculturales y económicas que afectan a la condición de la juventud y sus manifestaciones. Algunos sectores juveniles no tienen voz frente en estas construcciones democráticas y son reducidos a usuarios o consumidores del Estado-ciudad, pues la esfera pública está manejada bajo principios tradicionales y excluyentes que establecen normas de regulación basadas en variables como la edad, condición social, ideología, tipo de discurso, entre otras.

Frente a esto, los jóvenes latinoamericanos han tomado dos posturas: Se sumergen en el desencanto y la abulia social, manteniéndose ajenos a los problemas sociales, o se integran sigilosamente al ámbito sociopolítico mediante la creación de nuevas identidades colectivas. La segunda opción ha ido generando sentidos y prácticas discursivas acerca de las nuevas formas de entender la política y concebir la ciudad de la que forman parte. Estas prácticas contribuyen a la emergencia de nuevas ciudadanías, cuyas manifestaciones conllevan a analizar y proponer un pensamiento crítico sobre estos nuevos sentidos. Los jóvenes practican estas críticas y sentidos en nuevos espacios de participación.

Este proyecto identificó qué tipo de subjetividades se están constituyendo en los procesos individuales de participación en el orden social, político y ciudadano. Dada la emergencia de distintas manifestaciones de heterogénea construcción, este estudio propuso un primer acercamiento e investigación de las características de lo que, probablemente, sea una forma de expresión ciudadana y comunicativa de las prácticas artísticas contemporáneas de los jóvenes de Guayaquil y Quito, las cuales tratan temas considerados como “políticos” en sus proyectos de arte. Para lograrlo, fue necesario analizar también el estado de las instituciones de gestión cultural: ¿De qué manera están contribuyendo al desarrollo de la actividad artística contemporánea?, ¿cuál es la apertura frente a diversas temáticas?, y ¿qué restricciones se imponen a los artistas y sus obras.

Antecedentes

Guayaquil es una ciudad que ha enfrentado cambios tanto estéticos como normativos que han significado transformaciones en las formas de vida de los ciudadanos. Las autoridades han establecido formas de comportamiento en espacios públicos regenerados como el Malecón 2000. En el marco de esta “modernización” de la ciudad, se han negado libertades en los consumos del espacio público.  Por ejemplo, se prohíbe acostarse sobre bancas o el césped, despojarse de zapatos, protagonizar escenas románticas, o pasear animales.

Respecto a estas regulaciones, la mayoría de los ciudadanos acepta y aprueba sin cuestionamiento las nuevas reformas, pero ciertos grupos juveniles revelan sus criterios y críticas por medio del arte, y estos podrían considerarse subjetividades políticas que dan cuenta de un nuevo tipo de ciudadano más preocupado por su entorno, y con la iniciativa de proponer discusiones en torno a temas de interés propio y ciudadano. Pero existe una paradoja acerca del uso de ese espacio urbano para la libre producción artística de los jóvenes, ya que antes de que los artistas puedan usar el espacio público, como espacio físico para expresarse, necesitan de la aprobación de la autoridad.

Para Jauss el arte es, un proceso de comunicación estética en el que participan por igual las tres instancias de autor, obra y receptor… Esto implica conceder finalmente al receptor, en cuanto a destinatario y mediador y, por consiguiente, en cuanto a portador de toda cultura estética, el derecho de que fue practicado en la histografía de las artes, mientras ésta transcurrió en las vías de la tradicional estética de la obra y de la presentación (1999. P. 7). Para estudiar el arte desde el punto de vista de la comunicación, es necesario tomar en cuenta la recepción de ese arte y las diferentes lecturas que se hacen de las obras.

El arte como forma de producción cultural: Llamamos cultura a la acumulación de “bienes simbólicos” que se articulan en la sociedad. El arte se alimenta de las realidades multiculturales y se convierte en un registro histórico de la vida política-social de un determinado tiempo.

Hoy el arte tiene otra propuesta, una que pretende en ciertos casos cuestionar y generar discusiones en torno a los contextos desde los que se produce. De estas prácticas surge una multiplicidad de significaciones que se generan desde los públicos, los críticos de arte y desde los mismos artistas, y en ese sentido lo leemos como una producción cultural. El estudio se centró en dos tipos de propuestas artísticas que se centran en la discusión sobre los contextos:  El proyecto Al-zur-ich, iniciativa del colectivo de arte Tranvía Cero que promueve, mediante convocatorias y políticas de participación específica, las propuestas de arte que emergen desde las realidades sociales de “abajo hacia arriba”; y el colectivo La Limpia, que tienen como propuesta “limpiar” la falta de visión y apoyo que tienen las organizaciones e instituciones encargadas de la cultura en Guayaquil.

Además, se toma como referencia a los artistas independientes que tratan en sus obras temas considerados como críticas a las políticas urbanas sobre ambiente, identidad y ciudadanía, consumos culturales y mediáticos, memoria colectiva de tradiciones y símbolos culturales que desaparecieron con las nuevas políticas urbanas.

¿Ciudadanías emergentes?

La organización y estructura de las sociedades actuales, con sistemas económicos y políticos globalizados, tecnologías avanzadas, procesos estandarizados de producción y comercialización, exigencias laborales similares y  presupuestos reducidos, dan como resultado, sobretodo en Latinoamérica, manifestaciones de desencanto en los jóvenes, quienes ven limitadas sus opciones de desarrollo y goce de derechos.

El colectivo Tranvía Cero, declara un discurso político a través del arte urbano. Ellos se apartan de todo tipo de “mecanismo clientelista” del arte, para dedicarse a contribuir con la formación cultural de la comunidad, llevando el arte a los “oscuros” barrios del sur de Quito. Pero esto no sucede en Guayaquil. ¿Por qué?, ¿qué ideas tienen los artistas guayaquileños sobre el uso del espacio público?, ¿qué opinarían de llevar el arte a las zonas “olvidadas”, de independizarse de las instituciones culturales asociadas con la autoridad? Ser ciudadano es participar en la comunicación-ciudad, tener el derecho de hacerlo. Los artistas jóvenes guayaquileños participan de ella, exponiendo su realidad frente a la situación social de su entorno; sin embargo, se enfrentan con la antítesis de un espacio público que es privatizado, comercializado y politizado por parte de las autoridades.

Esta condición limitante se visibiliza, por ejemplo, en las obras que formaron parte de Ataque de Alas (Brito, 2001), o el caso de  Gracias Teodosio, una cámara-escultura de proporciones monumentales que se ubica como “vigilante” del Cerro Santa Ana, del Malecón 2000 y sus alrededores, y que critica la extrema vigilancia hacia los usuarios del Malecón 2000. Estas obras sirven de antecedente al discurso artístico de los jóvenes guayaquileños contemporáneos.

Subjetividad y política desde el arte: La subjetividad se hace evidente cuando un individuo que pertenece a un contexto familiar y social determinado, se enfrenta a situaciones urbanas, a comentarios mediáticos, a referentes institucionales y políticos que contrastan con su realidad. La manera cómo resuelve afrontar estas situaciones manifiestan su subjetividad.

Los procesos de cambio en el sistema político-económico y la globalización modificaron drásticamente la vida del individuo, forjando identidades y produciendo individuos desinteresados en los valores tradicionales de la modernidad. Un ejemplo es el desencanto político que experimentan los jóvenes, caracterizado por la pérdida de fe en la democracia y en las instituciones de poder.

Las temáticas elegidas para los proyectos de arte, podrían revelar subjetividades políticas con el objetivo de entablar un diálogo público más cercano desde la esfera de la cotidianidad que “reconstruya el vínculo social”. Por lo tanto, la función que desempeña el arte al trabajar con y desde la cultura, sería la articulación de subjetividades capaces de influir en los procesos de comunicación, gestados en la cotidianidad y con el potencial de convertirse en ciudadanos críticos.

La propuesta de Al-zur-ich evidencia una inserción del arte en los sectores populares. Esta ciudad se convertiría en el escenario donde dos discursos comunicativos, el arte y la política, funcionarían como agentes generadores de significados dentro de procesos de comunicación social, que no se sustentan solo de manera unidireccional, ya que la comunidad es parte de y retroalimenta el proceso. Por lo tanto, las prácticas artísticas contemporáneas hacen evidente la operatividad simbólica del significante político.

La limpia tiene presente una crítica directa a las políticas del manejo del espacio público y su impacto social; así como a la gestión cultural pública. El arte se sitúa a la par de la política porque hablará en torno a ella, vigilará y reflexionará sobre sus discursos.

En la medida en que estas propuestas de arte se insertan en la esfera pública, es importante conocer cómo las subjetividades influyen en las lecturas que los públicos hacen de las obras expuestas por los artistas contemporáneos. También hay que resaltar cómo el arte genera discursos políticos que se interpretan en esta esfera de lo cotidiano y de lo público a través de las relaciones sociales.

Este estudio entendió como ciudadanía emergente al Conjunto de prácticas sociales que acompañan la vida de los sujetos en sociedad (Castillo, José 2006. Pág.77). Es un concepto que se va construyendo y que deriva de las visiones particulares y colectivas de los sujetos, es decir, de los imaginarios urbanos, las representaciones, los universos simbólicos y los proyectos de vida que circulan en la red de las relaciones sociales y que se manifiestan en la esfera pública.

El estudio definió como ciudadanía emergente a las acciones y relaciones individuales y grupales que se traducen en la fragmentación de la colectividad de ciudadanos en pequeños grupos, comportamientos espontáneos u organizados, donde ocurren respuestas y reacciones organizadas “desde abajo”. Las prácticas artísticas contemporáneas realizadas por estos jóvenes “ciudadanos emergentes” intentan organizar, gestar, producir y vincular a los públicos a la creación e interacción con obras de arte que responden a las realidades sociales compartidas.  Lo emergente serían estas nuevas prácticas discursivas, que tienen un interés en provocar o sugerir cambios visibles de las maneras de proceder y de pensar. Tiene relación con la ciudadanía, el arte y la juventud, y por esta razón, se hace necesario contextualizar esta emergencia juvenil como parte de la oleada de cambios que reconfiguran, entre otros aspectos, la relación entre la cultura y la política y hacer escala en la importancia de la cultura como… categoría clase para la comprensión de la sociedad contemporánea (Danto Arthur. 1999, pág. 32).

El concepto de juventud es asumido como problemático. Este estudio entendió que el concepto de juventud, …obedece no solo a criterios biológicos, cronológicos, psíquicos, económicos, históricos o familiares, sino que está estrechamente asociada con aspectos de orden socioeconómico y en torno al papel que el individuo, el grupo o la clase desempeña dentro de la estructura social (Collingnon Goribar, Martha. 2004). En este estudio la juventud va más allá de la edad y responde a contextos socio- culturales.

Otra definición problemática asumida por este estudio es la definición de arte contemporáneo, entendida como un período estilístico del que se empieza a discutir en la “posmodernidad”. Sin embargo, este término no es meramente temporal. Se diferencia de su antecesor, el arte moderno, porque no niega el pasado, lo reutiliza, para asignarle nuevos sentidos, nuevas significaciones, dentro de un contexto cultural determinado y que se refleja en proyectos de arte donde aparecen ciertos mensajes sociales comprometidos (Efland Freedman Stuhr. 1999). Para la curadora cubana radicada en Ecuador, Lupe Álvarez, el arte contemporáneo busca generar reacciones dependiendo del propósito del autor, generar críticas a la sociedad, la política o el mundo; buscan la reflexividad y conciencia social (2008).

Este estudio consideró como arte contemporáneo, todas aquellas prácticas realizadas en Quito y Guayaquil que sugieren una reflexión social, que hacen críticas puntuales a problemáticas socioculturales y que además promueven la participación de una determinada comunidad en la producción de obras de arte.

Se definió como político aquello que tiene un interés por lo público. Todas las manifestaciones de arte que reflejen una posición reflexiva sobre situaciones que se discuten en la agenda social o sobre problemáticas cotidianas en una comunidad. Además se consideraron las acciones y propuestas de gestión cultural, que buscaban organizar, planificar e interactuar con una comunidad a través de proyectos artísticos que promovían una integración social, como era el caso de los proyectos de gestión cultural del colectivo Tranvía Cero, que usan metodologías participativas en los públicos en los proyectos de arte.

La subjetividad se construye desde las reflexiones o formas de abstracción capaces de influir en discursos políticos que probablemente generen acciones que contribuyan con la reconstrucción de un vínculo social desgastado, caracterizado por el aislamiento del individuo y su desinterés en la democracia (Laverde, Daza, Zuleta 2004).

Diseño metodológico

Este estudio ubicó las siguientes preguntas como centrales: ¿Qué posiciones tienen los jóvenes artistas de Guayaquil y Quito frente al arte contemporáneo y frente a la existencia de contenidos políticos en sus proyectos de arte? ¿Existe alguna relación entre las prácticas artísticas contemporáneas de jóvenes artistas de Guayaquil y Quito consideradas como políticas en este estudio y una posible forma ciudadana emergente? Además, consideró preguntas específicas sobre las significaciones asignadas por los públicos en el marco de los consumos de estas propuestas de arte enmarcadas en el arte contemporáneo.

El estudio tiene un enfoque cualitativo y exploratorio, porque trató un tema poco estudiado en el país; además fue una investigación descriptiva, porque buscó  exponer detalladamente las  características de las prácticas artísticas.

La unidad de análisis incluyó a grupos o colectivos, artistas independientes y públicos. Entre los grupos encontramos a Lalimpia y Al-zur-ich. Sus colectivos están conformados por “jóvenes” entre 25 y 39 años.  Además se entrevistó a jóvenes artistas independientes guayaquileños y quiteños entre 20 y 30 años.

El estudio investigó también a los asistentes al evento artístico del Salón de Julio en el Museo Municipal de Guayaquil, del 24 de julio al 5 de agosto del año 2007, y a los que asistieron al evento de arte urbano del sur de Quito (Al-zur-ich) del 14 al 16 de septiembre del 2007. El estudio asume la problemática decisión de investigar al “público”. Si bien se asume que la creación no es “para” y “por” un público determinado, ésta impacta a un público específico, si lo observamos desde una perspectiva comunicacional, por lo que el estudio se preguntaba si existía algún tipo de movilización de significados o discusiones sobre los temas planteados por las obras.

Este estudio se complementó con la investigación en las siguientes instituciones: ITAE, Red Cultural Sur, Experimentos Culturales, Galería dmp, Museo Municipal Guayaquil y MAAC, y además consideró la opinión de “expertos”, artistas y comunicólogos en sus etapas iniciales. Las técnicas de investigación utilizadas fueron entrevistas a profundidad y observaciones participantes, que fueron posteriormente sistematizadas.

Contrastes entre Guayaquil y Quito

Acción-reacción: Regeneración urbana, materia de crítica artística. La regeneración urbana en Guayaquil provocó en el arte reacciones que cuestionaban las normas de vida que frecuentaban estos espacios. Juan Pablo Toral trabajó en las que exponían la mendicidad, la exclusión social y la desaparición de elementos tradicionales de la ciudad. Por ejemplo la pérdida de las costumbres populares en los moradores del sector centro de Guayaquil. El Malecón 2000 tiene una de las cosas más brutales en una sociedad, que tenga un letrero que te dice ‘nos reservamos el derecho de admisión’ entonces cómo podemos conseguir una sociedad normal, ecuánime, cuando en sitios públicos tienes este tipo de avisos… o sea algo anda mal evidentemente, opina Juan Pablo Tora, artista guayaquileño independiente.

Fernando Falconí, del colectivo Lalimpia nos comenta sobre su obra de los grillos: La hice como una especie de icono que genere más reflexiones, es una crítica a la regeneración e importancia de esta plaga. La obra intentaba colocar la tensión existente entre la “limpieza” de la regeneración y la plaga de los grillos en invierno.

Juan Carlos León, artista independiente, aborda el tema ecológico, desde una crítica política que hace evidente el impacto ambiental y las consecuencias de los “procesos de modernización”, con su obra “Parterres”, que evidencia la pérdida de la naturaleza en las zonas regeneradas.

¿Para quienes hacen arte?: En Guayaquil “para diez pelagatos” y en Quito “para todos”.          Entre las principales galerías de arte contemporáneo están: dmp, de David Pérez MacCollum, donde se realizan de 6 a 8 exposiciones anuales, que además cuenta con una galería en Miami, donde expone el trabajo de artistas latinoamericanos. Su objetivo es la expansión comercial, que no ha interferido con el interés de promover  a los artistas emergentes en Guayaquil, por eso aporta con becas de estudio a jóvenes aristas.

Algunos artistas independientes de Guayaquil, que trabajan fuera de las galerías, manifiestan que no tienen como objetivo un público especializado para el consumo de sus obras, sino más bien un público “común y silvestre”, no iniciado en el arte, sin preconceptos. No obstante, ellos están de acuerdo con que la mayoría de los públicos que se interesan en el arte puede reducirse a “diez pelagatos”.

En Quito, una galería similar es El Container de José Avilés. Es un espacio de arte en el bar restaurante Pobre Diablo, ubicado en el centro norte de Quito. Otro lugar es La Naranjilla Mecánica, de Karen Solórzano, quien expone mensualmente obras de arte vanguardista y posee una tienda de accesorios y ropa. El arte tiene que ser sustentable, ahora el artista tiene que ser un administrador, no puedes ser el creador que deja ahí la obra y dice hay que lindo y otro venga y se encargue, porque si no te mueves no vas a ningún lado, tienes que ser un empresario del arte (Karen Solórzano. Artista y gestora cultural).

Ernesto Proaño del colectivo Tranvía Cero, considera que, un artista va a estar inmiscuido en una comunidad siempre, por lo tanto, su arte no es un arte solitario, siempre tiene que tener influencia del vecino, de la familia, de la sociedad en la que vive, de lo que ve en la televisión, cine, de lo que lee, no es su único arte.

En ese sentido existen diferencias en torno a cómo se concibe la esfera del arte en ambas ciudades. Mientras que los artistas quiteños se preocupan por la difusión a la “comunidad”, los artistas guayaquileños asumen una difusión en públicos más concernidos y especializados.

MAAC: Somos un museo de arte contemporáneo pero no exponemos arte contemporáneo. Las representantes de los medios de comunicación del MAAC dijeron que uno de los objetivos del MAAC, inaugurado en el 2004, era el de potenciar el patrimonio cultural, especialmente sus fondos arqueológicos, de arte moderno y contemporáneo. Cuty Espinel y Sara Bermeo (responsables de exposiciones del MAAC) consideran que: La apertura del MAAC, además de ser un espacio cultura, presta servicio a la comunidad y aporta a la investigación, ciencia e historia. Dicen haber trabajado para generar una serie de exposiciones que justifican su existencia e infraestructura. Sin embargo, el antropólogo Xavier Andrade hace una crítica a la administración de inversión en proyectos etnográficos y no concluidos por el MAAC. En el artículo Burocracias, museos, políticas culturales y flexibilización cultural en Guayaquil, publicado en la Revista de Ciencias Sociales Iconos, expone la problemática de una escena marcada por la conflictiva relación que existe entre institución, arte y antropología. Denuncia censuras de obras en la estancia de inserción de arte en la esfera pública denominada Ataque de alas, en el 2002. Señala además, que los esfuerzos en proyectos etnográficos de recepción de arte, realizados posteriormente a dicho evento, nunca fueron concretados, dándose un estancamiento institucional.

La  artista Larrissa Marangoni también considera que esta institución no cumple su función con la esfera del arte contemporáneo en Guayaquil. Ese museo no cuenta como el MOMA de Nueva York, el Centro Georges Popidou de París o la Lui Agen Arango en Bogotá, con salas o proyectos para jóvenes artistas. No reta a los artistas ya conocidos ni tampoco establece nuevas lecturas sobre la obra de los artistas ya consagrados. Mucho menos trae obra reciente de otros países para que el público y los estudiantes puedan tomar el pulso de la producción actual (Artículo publicado en la Revista Vanguardia. 10 de abril del 2007, página 52).

Salones: ¿Están al nivel del arte contemporáneo? El Museo Municipal de Guayaquil, inauguró en 1999 el Salón de Julio, concurso que convoca a jóvenes artistas promoviendo desde sus inicios la pintura y la escultura. El objetivo principal es que se produzca un aprendizaje a través de charlas, conferencias y medios de comunicación, creando así un vínculo con la comunidad. Con el tiempo ha mejorado su posición frente al arte, admitiendo en los últimos años instalaciones artísticas, videoarte y fotografía. Estas iniciativas se suman a otras como el FAAL ( Festival de Arte al Aire Libre) de Guayaquil promovido por el Municipio de Guayaquil: Creo que nosotros hemos impulsado el arte juvenil, a partir del año 2000 cuando se forma el Festival de Artes al Aire Libre, eso nos involucra más comunidad-museo, pero no  dentro del museo, sino desde afuera, con la posibilidad y apertura en otros espacios y en otros lugares, no netamente culturales, pero en el carácter básicamente artísticos, dice Olga Guerra, jefa del Museo Municipal.

Sin embargo, aunque el crítico de arte Rodolfo Kronfle rescata la labor del Museo por adaptarse a las nuevas tendencias en el arte contemporáneo y reconoce la calidad de los jurados internacionales y nacionales que fueron elegidos, considera que le certamen dio demasiada apertura en la recepción de obras que estuvieron de más. Si hay que tener un salón de 18 obras en lugar de 27, como a mi juicio debió ser, pues ese es el precio a pagar en pos de elevar la barra del rigor y exigencia para todos, expuso en un artículo publicado en Diario EL UNIVERSO, el 18 de agosto del 2007.

Los nuevos caminos: Guayaquil under urban city. En el 2008 las actividades artísticas en la ciudad se incrementaron. La vía pública fue invadida por jóvenes y su lucha de almohadas. El colectivo CAJA 4, integrado por Mario Coronado de 20 años y Leonidas Coroso de 28 años, ambos estudiantes del ITAE, realizaron intervenciones en espacios públicos, como la Plaza San Francisco, con el objetivo de generar reflexión y promover dinámicas sociales, como por ejemplo, formas de protestas pacíficas denominadas flashmobs (traducido del inglés como multitud instantánea).

Proyecto de arte Al-zur-ich: El arte se muda  los barrios del sur de Quito. Al-zur-ich toma su nombre del lenguaje popular que significa “al sur es”. Este colectivo  integra a la comunidad. Fue creado en el 2002 en el marco de la Facultad de Artes de la Universidad Central del Ecuador. Se realiza una convocatoria anual donde se escogen 10 proyectos y se asigna un presupuesto de 500 dólares a cada uno. El financiamiento lo da el Municipio de Quito. Este trabajo pretende integrar al artista, al público y a la obra con el objetivo de compartir espacios simbólicos y rescatar la memoria histórica. En el 2004, el encuentro presentó el proyecto “Limpia mediática” y consistió en sacar los televisores de los habitantes del barrio a la calle, para realizar el ritual correspondiente: Ese gesto desde el arte contemporáneo integra la cosmología andina a favor de una reflexión crítica sobre la representante y su consumo en los medios de comunicación masivos (María Cartagena, segundo encuentro de arte urbano Al-zur-ich).

Uno de los eventos que inauguró el colectivo Tranvía Cero para Al-zur-ich en el 2007 fue “La cachina dominguera”, que consistía en un desfile, no de modas, sino de personas vestidas con su vestimenta de domingo, con el fin de afianzar las identidades y de reivindicar al ser humano aceptándose tal como es.

La curadora cubana Lupe Álvarez reconoce la importancia del proyecto Al-zur-ich para el círculo del arte, aunque considera que el arte por sí mismo no sería generador de ciudadanías emergentes: Yo creo que el arte expresa un ciudadano, pero no creo que genera por sí mismo una ciudadanía. En la situación que se encuentra el arte contemporáneo en este país, no creo que se preste para crear formas de ciudadanía.

La gran pregunta: ¿Qué es arte contemporáneo? Llevo 3 años estudiando arte y todavía no sé que es arte, dice Gabriela Cherrez, estudiante del ITAE, ganadora del Salón de Julio del 2007. Ciertos artistas evaden la pregunta, argumentando que no se consideran expertos en el tema; citan a terceros o responden de manera ambigua: El arte contemporáneo es tan abstracto. Yo lo que puedo hablar es de opciones, porque hay mucha diversidad; te puedo hablar de mi opción de arte contemporáneo, ya que cada opción está regida por su institución. La respuesta podría ser que el arte contemporáneo está definido por lo que las instituciones muestran y por las intenciones de los artistas de darle estatus de arte a algo (Oscar Sanrillán, 28 años, colectivo Lalimpia, Guayaquil).

En Quito, los artistas muestran una postura más clara frente al arte contemporáneo y elaboran sus definiciones partiendo de sus experiencias y lo vinculan al trabajo que realizan como colectivo. El arte que se desarrolla en estos tiempos… creo que es el arte que puede inmiscuirse en todos estos espacios y tiene la capacidad de reflejar esta contemporaneidad de la política, de la economía, de las filosofías; incluso entonces creo que ese es el arte contemporáneo, dice Samuel Tituaña, 37 años, del colectivo Tranvía Cero.

¿Para qué sirve el arte?

Ideologías. “Democratizar el arte: El arte ya es de todos”. Para algunos artistas, como Samuel Tituaña de la Red Cultural Sur, democratizar el arte se refiere a llevarlo a zonas donde antes no existía un espacio para el arte y hacer que éste sea accesible para todos. Esta postura propone una descentralización de la cultura, regida hasta ahora por las instituciones tradicionales, consideradas elitistas.

Para el colectivo Tranvía Cero el hecho de llevar el arte a los barrios del sur de Quito les permite producir un arte más consistente con la realidad socio cultural, porque se produce con y desde los públicos, en los barrios y  “desde abajo”. Granier afirma: Algo tan subjetivo como la cultura debe surgir de abajo hacia arriba, debe ser un proceso activo en vez de pasivo (Granier P, María Clara, 1998).

Los artistas son conscientes de lo limitantes que podrían llegar a ser los espacios tradicionales donde se exhibe arte contemporáneo; según ellos, podrían construir una “barrera” que excluye a los posibles asistentes de otras esferas sociales, considerando las estructuras arquitectónicas “sofisticadas” y la ubicación en zonas urbanas de alta plusvalía. Como respuesta, el colectivo Tranvía Cero, de Quito, plantea proyectos que integran a la comunidad a través del arte, involucrando a los públicos en una obra desde su concesión hasta su proceso de construcción y presentación ante la comunidad.

“Democratizar el arte” es para unos acercar el arte a las comunidades e involucrar a los espacios ciudadanos en la realización de proyectos artísticos. Para Oscar Santillán, de Lalimpia de Guayaquil, la idea de democratizar el arte es “interesante pero utópica”, porque aunque las obras sean de creación conjunta o se las ponga al alcance de los públicos, no necesariamente los acerca al arte, o los hace comprender las discusiones que ahí se proponen. Para Santillán democratizar el arte significa exponer obras en espacios públicos pero conservando el “formato galería”.

“Hincar a la gente”.             Algunos artistas creen que, a través de sus obras, pueden facilitar diálogos y reflexiones sobre diversas temáticas que responden a hechos sociales o políticos de interés común.    Romina Muñoz, estudiante del ITAE y artista, construye sus obras a partir de críticas a la masificación, la desinformación, los consumos culturales y sostiene que: Si la idea del arte es que sea un espacio de reflexión, la idea es aportar a este espacio. Yo creo que es el único lugar donde puedes de alguna manera, no sé, como hincar a la gente a que piense en otras cosas, que hable, que reflexione en otros espacios que antes no podía. Ese es mi primer motor, de aportar a estos espacios, esa necesidad de formar consciencias.

Mientras, Oscar Santillán del Colectivo Lalimpia opina que: Creo que hemos crecido bastante en los últimos años. Antes por las limitaciones que teníamos, nuestras obras respondían a esas mismas limitaciones, como forma de protesta y de crear consciencia sobre las mismas. Antes nuestras posturas eran ‘en contra de’, y ahora ya no estamos haciendo nada de eso. En distintos grados, a unos más a otros menos, pero a mí ya no me interesa los problemas que tenga éste, o al menos no cuestiono con mis obras.

Pero, desde otro ángulo, Juan Pablo Toral, explica que sus obras, en gran parte, proponen una mirada nostálgica de un Guayaquil tradicional que se desvanece por la regeneración urbana. Lo que hace es sugerir un análisis crítico en torno a temas urbanos, recurriendo a la memoria cultural de los guayaquileños, más que de cuestionar soluciones con las que no está de acuerdo.

Así podemos ver que existen un sinnúmero de motivaciones en torno a la creación artística y no todas se asientan en la idea de “generar ciudadanía” o participar de temas de interés público.

“Rescatar el imaginario colectivo”: Lorena Peña considera que todo forma parte de un patrimonio: Que pueda hacer un cambio tal vez no, pero dependiendo que tipo de artista es, como cualquier persona puede hacer un cambio si te da la gana… Pero como artista, yo creo que simplemente recordar o hacer que la gente recuerde, nada más, hacer conciencia, yo creo que ese puede ser un papel que llegamos a cumplir. Otros artistas se refieren al rescate de la cultura desde una visión del pasado, que gira en torno a la ciudad. Juan Pablo Toral utiliza postales de la ciudad con elementos que pasarían inadvertidos sino se registran, por ejemplo los postes de luz: La idea de rescatar esto desde una postal, de este objeto que ya no existe, ya no lo vas a volver a ver nunca más, porque la regeneración lo cambió, este poste de luz es ahora un poste verde metálico.

“El artista como comunicador”: La primera idea que surge de las conversaciones con los artistas, es que el arte es para unos una “cuestión vital”, de compartir con otros ‘inquietudes’, a través de un oficio que es el ser artistas. Porque no sé hacer otra cosa, es mi manera de trabajar, de vivir. Yo no entiendo porqué lo hago, mis padres querían que fuera médico, es una cuestión vital para unos, a otros les importa un bledo, gracias al arte soy consciente de muchas cosas; esos grados de crítica de conciencia me los ha dado el arte, y por eso hago arte, para satisfacer esos grados de conciencia, dice Juan Carlos León, artista guayaquileño.

El  arte es el lenguaje que abarca todas las cosas… es crear una conexión, el art e sí necesita de los ojos del otro, para discutir. No hay nada si se genera de uno para uno, opina Karen Solórzano, artista y gestora cultual, dueña del Café galería La Naranjilla Mecánica, en Quito.

Lecturas: Algunas personas asistentes a los eventos de arte en Guayaquil, durante el Salón de Julio 2007, coincidían en no comprender a simple vista algunas de las obras expuestas ahí o acudir solo para ir a ver la obra ganadora “tan polémica” de la que habían hablado en los medios de comunicación.

Isabel Bastidas, 40 años, ama de casa. Se le pregunta: ¿Cuál de todas las obras les llamó más la atención? Responde: ¿La de los azulejos?, me gustó desde que la vi en la televisión, en referencia a la obra de Gabriela Cherrez, “Ardo por un semental que me llene toda”, ganadora del Salón de Julio 2007. ¿De qué se trata la obra?: O sea, he visto así no más. No le he puesto bien atención. Solo esa que quería ver porque la vi en la televisión y quería ver bien de qué se trataba. ¿De qué se trataba? (Risas) No sé, cosas íntimas.

David Álvarez, 23 años. Estudiante de Ingeniería en Sistemas. Tecnológico Ecomundo. Se le pregunta: ¿Cuál de todas las obras les llamó más la atención? Responde: Me gusta la del Pozo Millonario. ¿De qué se trata la obra?: Bueno…no sabría qué contestar, como que no soy muy amante de la obra, ya, así que no tengo mucho que expresar.

Por ejemplo, las lecturas que realizaron los públicos de la obra ganadora de la artista Chérrez, que pretendía una crítica a la mujer-objeto sexual a partir de la representación de escenas inspiradas en revistas de cómics-porno y pintadas sobre azulejos de baño, partían de una postura moral, parecían ubicar a la obra de arte como una “fábula”, es decir, que para la mayoría del público el arte debe tener un mensaje que enseña cómo deben ser las cosas. Desde ese punto de vista hacían lecturas hegemónicas que reforzaban las visiones reflejadas en los medios y que circulan en la sociedad “conservadora” ecuatoriana sobre las ideas de ética y comportamiento moral en la sexualidad femenina. En ese sentido, las lecturas del público no captaban los matices críticos de ésta.

 

Escrito por

Nos reservamos el derecho de publicar comentarios.

Comentarios cerrados.